Son mexicanos, y deben ser tratados como mexicanos

Todavía se escuchan expresiones tan poco afortunadas como las de Pablo Barrera, que siguen sin entender que los mexicanos por naturalización (lo que se nacionaliza son los bienes, no las personas)...

Todavía se escuchan expresiones tan poco afortunadas como las de Pablo Barrera, que siguen sin entender que los mexicanos por naturalización (lo que se nacionaliza son los bienes, no las personas) no son extranjeros, pero afortunadamente cada vez son menos los que en un falso afán nacionalista pretenden discriminar de la Selección Nacional a los mexicanos no nacidos en estas tierras. En la aldea global en la que vivimos, y cuando millones de mexicanos deben cruzar fronteras en pos de un mejor nivel de vida, resulta verdaderamente retrógrada seguir mirando con recelo a quienes deciden adoptar, por la razón que sea, la nacionalidad mexicana, que dicho sea de paso es producto de una evidente mezcla de razas, grupos étnicos y culturas. En este tema siempre hay una doble moral lamentable, No es extraño que los mismos que censuran el vergonzoso maltrato a los mexicanos inmigrantes de parte de los estadounidenses sean los que luego solapen o justifiquen el mal trato de parte de los mexicanos a los inmigrantes centroamericanos.

José Manuel de la Torre no ha tenido ese absurdo prejuicio y decidió convocar a Damián Álvarez, quien apenas en diciembre pasado, luego de ocho años viviendo en el país, recibió su carta de naturalización, trámite que libremente, y sin dobles intenciones, realizó silenciosamente muy distinto a ese acto de casi pre-convocatoria que se presentó en otros casos. Nadie puede discutir que este volante de los Tigres tiene las aptitudes suficientes para ser considerado material de la Selección Nacional Mexicana, ya después podemos polemizar si conviene o no “probar” en el TRI a un tipo indiscutiblemente talentoso pero que está por cumplir 33 años de edad.

Habrá quien piense que antes de estar planeando el Mundial de Brasil 2014, hay que afrontar la eliminatoria y que para el corto plazo Damián puede ser un elemento valioso. Otros dirán que el boleto se obtendrá de cualquier forma y que sería mejor ir fogueando futbolistas que no lleguen en una edad tan avanzada a la magna fiesta del futbol. El tema es sin duda opinable, pero se sale del contexto de esta columna. Respecto a la presencia de mexicanos por adopción en el TRI, ya deberíamos estar acostumbrados y dejar de ser un asunto que genera tanto resquemor e algunos. De momento son 14 los futbolistas que nacieron fuera del país y han defendido la casaca nacional desde que el peruano Julio Lores lo hiciera en 1935, y casi la mitad de ellos se dieron del 2002 a la fecha. Un error que se suele cometer es pensar que por haber nacido en el extranjero, el convocado debe “marcar diferencia” o “ser mejor que uno nacido en México”. Eso aplica, efectivamente para los refuerzos llegados del extranjero a un club en particular y de cualquier parte del mundo, pero sí ha cumplido con los requisitos de la Secretaría de Relaciones Exteriores y ha recibido su carta de naturalización, es en ese momento un mexicano más, por lo que sí después es invitado a vestir la playera de la Selección debe jugar como un mexicano más, y hacer lo mismo que cualquier otro convocado, ni más ni menos. Lamentablemente en la mayoría de los casos siguen siendo “vistos con lupa” y se les genera una presión extra que personalmente no creo que les ayude a desenvolverse con desparpajo. Tal vez eso explique por qué algunos de ellos no han mostrado el mismo nivel en sus clubes que en la selección. El caso es que efectivamente de esa nómina son pocos los que han tenido siquiera regularidad en los llamados. De los seis anteriores mexicanos por naturalización que integraron el TRI algunos no cumplieron ni siquiera con las expectativas lógicas. Gabriel Caballero, llevado al Mundial del 2002 por Javier Aguirre, no fue igual de consistente con la Selección de lo que fue en todos los equipos en los que jugó, sobre todo en el Pachuca. Tal vez lo mismo se pueda decir de Leandro Augusto, que disputó ocho discretos partidos con la Selección Nacional. Poco se puede decir también de Lucas Ayala, cuyo debut fue su despedida ya que sólo apareció una vez en la fallida Era Eriksson. Otro jugador nacido en el exterior que portó la casaca nacional fue Vicente Matías Vuoso, que no lo hizo mal, ya que marcó cuatro goles en 10 juegos, uno de ellos vital en el proceso eliminatorio rumbo a Sudáfrica 2010, pero su carrera vino a menos en sus respectivos clubes y dejó de ser considerado. De esta nómina el que más trascendió y más continuidad tuvo fue Antonio Naelson, quien entre 2004 y 2008 disputó 55 partidos internacionales, anotando seis goles, uno de ellos en la Copa del Mundo de Alemania 2006 frente a Irán. Después creo que fue injustamente borrado por Javier Aguirre de cara al Mundial del 2010, en momentos en los que futbolísticamente enseñaba mucha más calidad de la que se detectaba entonces en Adolfo Bautista. Y claro, el jugador que más se recuerda, y con pésimo sabor de boca,  es a Guillermo Franco, que acudió a dos Mundiales (2006 y 2010) y no fue capaz de marcar un gol. “El Guille”, que con el TRI jugó 25 juegos y anotó siete veces, llegó a ser uno de los mejores futbolistas de la Liga mexicana en su estancia con el Monterrey, pero se convirtió en el villano preferido del país por su pobre desempeño en Sudáfrica 2010, en donde para colmo de males, “usurpó” el lugar que pertenecía a Javier Hernández. Sigo pensando que el principal responsable de aquello fue Javier Aguirre, quien acabó “quemando” a Franco, de quien recuerdo una frase lamentable que le expresó a la revista EL Gráfico de Argentina en la que aseguraba que para ir a un Mundial era capaz de naturalizarse nigeriano. Esa postura sí me parece criticable, pues creo que elegir una nacionalidad debería ser un acto no sólo que conveniente a los intereses sino a los sentimientos y a la convicción de quien así lo decida. Pero quienes decidan hacerse mexicanos por convencimiento e interés propio, y tras recibir su carta de naturalización sean llamados al TRI deben recibir el mismo trato que cualquier otro, no son mexicanos de segunda o “extranjeros” como algunos se empeñan en etiquetarlos. Ojalá Damián pueda rendir al nivel futbolístico que nos tiene acostumbrados y sea feliz portando la playera de México en todos los ámbitos de la vida.

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