El día vendrá

En el deporte motor, como en muchos aspectos de la vida, llega el momento en que ante la adversidad y las más difíciles circunstancias, llega la oportunidad de demostrar de qué se está hecho.

En el deporte motor, como en muchos otros deportes y aspectos de la vida, llega el momento en que ante la adversidad, la mayor presión y las más difíciles circunstancias, llega la oportunidad de demostrar de lo que se está hecho.

Me parece que éste ha sido el caso con nuestro piloto mexicano en la Fórmula Uno, Sergio Pérez, quien nos ha dado en el Gran Premio de Malasia una muestra de que ha pasado de ser un piloto bueno, a ser uno capaz de pelear con la crema y nata de la categoría.

Un piloto, que dadas las condiciones, puede estar a la altura de los mejores del mundo.

De acuerdo, la carrera de Sepang aunque típica en cuestión de clima, fue atípica por varios factores, como que se haya detenido la carrera debido al fuerte chubasco, se haya reiniciado detrás del auto de seguridad y las llantas, ahora inevitables protagonistas en los resultados, hayan jugado casi a la perfección el papel para el que fueron diseñadas.

Después del golpe maestro que representó llamar a Sergio muy temprano a los pits para cambiar de llantas intermedias -con las que se había arrancado la carrera-, a las de lluvia extrema por lo que se estaba haciendo evidente, y gracias a esto llegara al tercer lugar cuando todos tuvieron que hacer lo mismo, pareció ser un gran error que no fuera llamado a cambiar por llantas de seco cuando lo hizo Fernando Alonso.

Las cambiantes condiciones habían dictado, después del reinicio, pasar a llantas intermedias porque después de haber circulado cuatro vueltas detrás del auto de seguridad, la pista se había secado considerablemente y en este momento Alonso entró a los pits para hacer el cambio; Sergio fue llamado una vuelta más tarde y salió por delante del piloto español para liderar la carrera efímeramente. Alonso lo pasó y lo dejó rápidamente atrás.

Pero cuando Alonso entró a los pits por sus llantas de seco, Sauber repitió la estrategia de dejar una vuelta más a Checo sobre la pista para, me imagino, repetir la situación anterior con la esperanza de que esta vez su piloto se pudiera mantener adelante, sólo que la jugada no dio resultado y Checo perdió cinco segundos.

Sin embargo, el piloto mexicano ya se había dado cuenta de que sus posibilidades iban más allá de aspirar a sumar puntos para su causa y la del equipo.

En lo que si acertó Sauber, fue en montar las llantas de compuesto duro con las que su C31 rodaba más rápido que el Ferrari de Alonso al cual montaron llantas de compuesto medio.

Sergio se acercaba irremisiblemente al español y las posibilidades de rebasarlo, tomar la punta y ganar la carrera se acercaban cada vez más a la realidad.

Entonces llegó la llamada por radio recordándole lo importante que 18 puntos eran para el equipo.

Por supuesto, lo atípico de las condiciones daba a Sauber una posibilidad que bajo otras circunstancias difícilmente iba a sacar adelante contra equipos como la misma Ferrari, Red Bull o McLaren, inclusive Lotus.

Puntos significan dinero, mucho dinero y Sauber, equipo de media tabla cuyas finanzas no son las más saludables, no se iba a permitir salir de Sepang con las manos vacías.

Los 25 puntos en juego y el triunfo de Checo, y el equipo, eran una posibilidad y la consecución de un sueño largamente acariciado por ambas partes; pero también un gran riesgo perseguirlos.

Si la llamada significó pérdida de concentración o las llantas ya no daban para más es ahora un dato anecdótico; Checo se salió de la pista a casi 250 kilómetros por hora y ya no tuvo tiempo de reorganizar el ataque.

Lo que me queda de este emocionante resultado es que Fernando Alonso rodaba a fondo tratando de contener al piloto mexicano y que finalmente los puntos obtenidos son una buena y valiosa recompensa, aunque siempre quede el deseo de poder haber atestiguado una gran victoria.

Pero el día vendrá…

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