El beisbolista de Tigres que por culpa de un pelotazo dejó de irle a Diablos

Diversas lesiones han mermado la carrera de Luis Mauricio Suárez, el llamado ‘Amigo del Hit’
De chico le iba a Diablos pero me dejó marcado batazo que me pega Rogelio Cobos
Estadio Fray Nano -

Un pelotazo de Rogelio Cobos cambió su destino. Luis Mauricio Suárez tenía apenas cuatro años cuando fue golpeado por una pelota durante un partido entre Diablos Rojos y Monterrey, el trauma lo hizo olvidar su afición por el equipo escarlata y años después, encontró en Tigres un amor que ha perdurado más allá de la distancia.

La de Suárez Calero es una historia de película, que comenzó apenas dos meses después de su nacimiento cuando su familia decidió mudarse de la Ciudad de México a Xalapa, Veracruz.

“Nací aquí y a los dos meses nos fuimos e hicimos nuestra vida allá”, dice Suárez a Mediotiempo. “Creo que sí (su vida sería otra de no ser por la mudanza), allá en Xalapa mi padre y mi abuelo empezaron a patrocinar equipos, a tener ligas infantiles, eso hubiera sido difícil aquí concretarlo y se logra allá que es mucho más tranquilo en provincia”.

Fue así que su familia lo inmiscuyó en el Deporte Rey, mismo que aprendió a amar desde muy pequeño. Pero fue durante un juego entre Diablos y Sultanes que su afición se transformó de una manera inesperada.

“De chico le iba a Diablos pero me dejó marcado aquel batazo que pega Rogelio Cobos en juego contra Monterrey”, recuerda entre risas. “Pero una vez que sentí esta camiseta (la de Tigres) y que el señor Jorge Calvo QEPD me firma para esta institución, decidí defenderla”.

En 2005, el llamado ‘Amigo del Hit’ firmó con el equipo felino, donde vivió la mudanza de Puebla a Quintana Roo un año más tarde. Jugó con Pericos y fue ahí donde en la temporada 2013 consiguió un histórico récord al ser el primer campeón de bateo por arriba del .400, pasó por Toros de Tijuana y Rojos del Águila para por fin volver para esta campaña a la novena felina.

“Es un honor y un privilegio poder volver a vestir esta camiseta, donde yo empecé con tantos amigos y recuerdos. Aquí aprendí a jugar beisbol como se debe, gracias a dios con 21 años de carrera y con el equipo que me vio nacer, es un orgullo”, asegura.

Diversas lesiones han mermado la extensa carrera de este veterano de 38 años, pero a pesar de ello, ha sabido reponerse a las adversidades y ha aprendido a valorar cada momento dentro del diamante.

“No lesionarme (le hubiera gustado), todos pasamos por algún momento una lesión, pero las mías todas acabaron en cirugía, tengo tres en el pie, codo, hombre y espalda, en 2015 fue la más difícil pero pude regresar. Pero me quedo con todo, aquí conocí a mi esposa, tengo a mi hijos, camisetas, estoy agradecido, lo poco mucho que tenga se lo debo al beisbol”, sentencia.

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