Estudiar fuera de México, ¿Es opción?

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MAX/MEDIOTIEMPOSeptiembre de 2007

  • Por Pierre Favreau

El número de mexicanos que salen de su país a estudiar o trabajar crece cada año, y España se convirtió en el primer país de destino, pero la posibilidad de residir y desarrollarse en ese país se ve mermada por las pocas oportunidades que se establecen para los extranjeros, en especial para los latinoamericanos.

Destino: Salón de clases

Podemos encontrar una gran cantidad de mexicanos que emigran hacia la madre patria (especialmente Madrid, Barcelona y Salamanca) cuando nos acercamos a la población de estudiantes. César Astudillo Reyes, estudiante de un Doctorado en la Universidad Complutense de Madrid nos comenta que, de los latinoamericanos, la comunidad de estudiantes mexicanos es la más grande en Europa.

Tanto la Asociación de Investigadores y Estudiantes Mexicanos en España (AIEME) como el Instituto de Juventud en Madrid (INJUVE) calculan, al día de hoy, cinco mil compatriotas matriculados en universidades españolas y el número aumenta rápidamente.

Del norte al reinado

Una ex-miembro del cuerpo diplomático mexicano en España, que ha preferido permanecer en el anonimato (para abreviar llamémosla "Gertrudis"), opina que los mexicanos intentan emigrar y buscar oportunidades para permanecer en ese país.

Es cierto que ahora vemos más hacia afuera; la creciente población, inseguridad y el consecuente empobrecimiento de la calidad de vida en todos los estratos sociales conduce a muchos adolescentes a querer estudiar parte o la totalidad de su carrera fuera de México; tener la oportunidad de caminar libres por las calles. Esto se ve facilitado por el gran número de convenios entre universidades mexicanas y españolas.

Por otro lado, a nivel curricular, es más valorado un posgrado realizado en el extranjero que uno mexicano, no tanto por el nivel académico sino por lo que implica el haberlo practicado en otro país; "el nivel competitivo es muy alto pues mucha gente está muy bien preparada y eso es enriquecedor", dice Alberto Mancera, quien realizó una maestría en España y consiguió quedarse a trabajar.

La preferencia por este país como destino es evidente. El idioma, la cultura y las raíces son lazos que atan ambos lados del océano. Pero esa fascinación hace que los mexicanos vayan con ciertas ideas preconcebidas, pero al llegar ni el idioma ni la cultura ni las raíces son lo que esperábamos. Es, por lo tanto, interesante conocer cómo se desarrolla la adaptación de nuestros paisanos en ese lejano reino.

Conflicto entre civilizaciones

Al principio hay un choque cultural: Gabriela Reyes, mexicana de 26 años, recién acabó su Master en Publicidad y Comunicación Empresarial en Madrid y nos explica que le sorprendió sobremanera la falta de cultura de servicio al cliente. Los mexicanos coinciden en la experiencia de haberse sentido tratados con una frialdad que raya en la hostilidad. Nuestros emigrantes piensan, decepcionados tras sus primeros intercambios con los autóctonos, que existe algún tipo de discriminación o xenofobia. Al poco tiempo, la contrariedad da paso al humor y descubren cuál es en realidad el carácter de los españoles. "Nosotros tenemos una forma de expresarnos más amable y cordial. Al principio piensas que hay recelo con el mexicano. Después te das cuenta que no, que son así. Cuando los ves platicar, piensas que se están peleando; están llamándose de cosas y crees que el primer golpe no va a tardar, pero no, sólo están charlando amistosamente", nos comenta César.

Realidad laboral

Dejando a un lado diferencias y divertimentos culturales, nos preguntamos qué oportunidades de desarrollo profesional existen para un mexicano. Si no tiene pasaporte comunitario, es decir, comparte la nacionalidad mexicana con la de algún otro estado del Espacio Económico Europeo, más bien pocas.

España pasó en poco tiempo de ser un país emisor de habitantes a ser un país receptor de población extranjera. No es noticia que el tercer mundo es cada vez más pobre y las naciones industrializadas cada vez más ricas. Pero los españoles pertenecen al segundo grupo desde hace relativamente poco. En países como Australia y Canadá miran al emigrante con lupa de arriba a abajo (y de ladito) antes de dejarlo entrar; pero si vale, puede quedarse y con todos los derechos. La política hispana sobre inmigración es actualmente la de entorpecer el acceso de los extranjeros a la regularización de sus papeles y en especial, la obtención de un permiso de trabajo.

Al terminar los estudios, nuestros compatriotas se dan cuenta de que es muy difícil encontrar oportunidades laborales. Alberto Mancera tardó 18 meses en tener su autorización de trabajo en la mano. "No estoy seguro de que la empresa que me hizo esta oferta quiera experimentar de nuevo el procedimiento que experimentó conmigo".

Muchos mexicanos se quedarían si las condiciones de contratación no fueran tan complicadas respecto a las de los europeos. Todo parece indicar que para los que intentan permanecer en el viejo mundo, la fiesta no dura tanto.Pero las dificultad burocrática no es la única razón por la cual la mayoría regresa a casa tras terminar su formación académica: tenemos oportunidades laborales y económicas mucho más concretas y bondadosas en nuestro país.

César explica que "debido al sistema social mexicano y al desigual reparto de riqueza, una persona que tiene posgrado en México pertenece a un sector de la sociedad donde los ingresos podrían ser más altos que los que te ofrece España". La elección entre primer mundo o nivel adquisitivo queda rápidamente resuelta para la mayoría en favor de lo segundo. Pero hay algunos que deciden ganar menos dinero y tener una calidad de vida superior. Esto nos reporta inmediatamente a la razón por la que algunos, como Alberto, van a Europa en primer lugar: "vivir un paradigma social distinto al modelo estadounidense que ya conocemos en México".

Expansión de un horizonte

Podría decirse que el enriquecimiento cultural y vital es lo que finalmente subyace bajo el hecho de trasladarse a otro país con un objetivo académico o laboral. Los mexicanos que regresan con un posgrado bajo el brazo lo hacen también con una gran apertura mental. El desarrollo de su perspectiva se evidencia desde el momento en que pisan tierra azteca. Las nuevas ideas de desarrollo social, científico o artístico se filtrarán en nuestra colectividad poco a poco.

A estudiar sí; a trabajar no, parecen decirnos tanto mexicanos como españoles. Las condiciones económicas del mundo se encuentran en constante cambio. Por ahora no se logra, muchas veces, concretar la expectativa de ir a España, pero desde luego parece interesante.

[MAX/mt]

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