¿Robo de arte o arte de robar?

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MAX/MEDIOTIEMPONoviembre de 2007

  • Por Rodrigo Mora

"Un cuadro debe ser pintado con el mismo sentimiento con que un delincuente comete un crimen", aseguraba el pintor francés Edgar Degas. La pregunta es ¿qué pasa cuando arte y estafa se involucran en una misma historia?

El saqueo, robo y secuestro de arte son tan antiguos como el arte mismo. Por muchos años nos hemos topado con historias que han causado asombro, maravilla o indignación en la población del mundo. Obras de arte, pinturas, esculturas, joyas, porcelanas y otras muchas piezas que valían por ser exhibidas en museos, ahora, paradójicamente, elevan sus valores por el hecho de no estar a la vista.

Monalisa de Da Vinci: El más impresionante de todos

El brasileño Eduardo Valfierro alguna vez vendió pinturas originales, después cambió al mercado de la falsificación. El italiano Yves Chaudron restauraba arte, pero terminó optando por la imitación. Juntos formaron un dúo que levantó escándalo en el mundo entero.

Su estrategia fue compleja; consistió en realizar copias idénticas a la Gioconda antes de robar la original para después venderla por seis veces su valor. El plan no estaba completo, necesitaban a alguien que conociera los pasillos, puertas, escaleras, y sobre todo, movimientos del museo. Ese alguien fue Vincent Peruggia, un carpintero italiano que reparaba secciones del Louvre. Odiaba a los franceses y afirmaba que Napoleón le había robado la obra a su patria.

El 20 de agosto de 1911, los tres entraron al Louvre justo antes del cierre y se escondieron en una bodega. Pasaron ahí la noche; a la mañana siguiente vistieron overoles como los del personal de mantenimiento y fueron hacia la Mona Lisa. Retiraron el cuadro de ocho kilogramos, lo cargaron por los pasillos del museo hasta una escalera con puerta hacia el exterior de la cual tenían llave, pero la cerradura no giraba. Ya estaban cerca de la libertad cuando un plomero apareció preguntándoles cuál era el problema. La sorpresa fue cuando se ofreció a ayudarles a abrir sin darse cuenta que estaba ayudando a cometer el robo más increíble de todos los tiempos.

Al día siguiente comenzó la caza de los hurtadores. Cada barco, tren, auto, estudiante, turista y viajero que se movía en Francia era inspeccionado. Se sospechó de personalidades como Mallarmé y Picasso, quienes mostraban gran rechazo hacia la obra. Dos años después, el gobierno francés se rindió. Habían perdido a la Gioconda. Todo cambió el día que Peruggia decidió salir de Francia hacia Italia para vender la pintura, pues nunca recibió pago por parte de Valfiero ni de Chaudron. El italiano intentó vendérsela a Giovanni Poggi, un traficante de arte florentino, por la suma de cien mil dólares. Éste lo hizo arrestar y fue condenado a un año de prisión.

Este robo ha dado lugar a cientos de suposiciones; la más descabellada es que nunca fue encontrada y la que cuelga en el museo es una copia.

Munch gritó una vez más

El 22 de agosto del 2004, cerca de las once de la mañana, poco después de que el Museo de Munch, en Oslo, abriera sus puertas, dos individuos armados y enmascarados entraron amenazando a los elementos de seguridad para, ante la mirada de muchas personas, robarse dos de los cuadros más famosos del autor noruego: La Madonna (1894) y El Grito (1893), y huir en un auto que los esperaba afuera. Horas después, la policía encontró los marcos en las calles de Oslo. La ciudad se paralizó y quedó en estado de alerta. Todas las fuerzas terrestres y aéreas se movilizaron. Lo sorprendente fue que las medidas de seguridad o no reaccionaron o simplemente no existían, a pesar de que el gobierno del país había dado un presupuesto de seis millones de euros para el resguardo de las obras.

"Pudimos haber hecho una vitrina de seguridad antibalas para asegurar el cuadro, pero eso le hubiera restado placer al público y no queríamos tener guardias armados en las salas" explicó Sune Nordgren, director del Instituto Nacional de Arte, quien cuidaba estas obras que juntas llegan a un valor de cien millones de dólares. Sin embargo, esta no fue la primera vez que Munch fue víctima de robo. Otra de sus versiones de El Grito fue robada hace exactamente diez años y fue recuperada tiempo después por un oficial británico que se hizo pasar por un comprador potencial enviado por un museo de California.

México no se queda atrás

El 28 de enero de 1999 la Ciudad de México se inundó de escándalo pues doce cuadros del pintor oaxaqueño, Rufino Tamayo, fueron robados de la Galería López Quiroga. Dichas obras se encontraban expuestas junto con otras cuarenta del mismo autor. Esa tarde entraron cinco hombres armados, amordazaron a los guardias de seguridad, metieron los lienzos en bolsas de plástico y huyeron en una camioneta. Todo apuntaba  que el robo fue por encargo de algún coleccionista, pues sólo tomaron determinadas composiciones que juntas valían cerca de dos millones de dólares.

Días más tarde los delincuentes huyeron y dejaron tras de sí los valiosos cuadros al notar que habían sido denunciados por sus vecinos y que la policía los vigilaba desde hacía un par de días. Entre los cuadros se encontraban los Caracoles, el Perfil amarillo, las Abejas agresivas y las famosas Sandías.

Robos de arte estúpidamente cometidos

El ladrón Russell Grant-McVicar entró a la galería de Lefevre, en Inglaterra, y le preguntó a uno de los guías si lo cuadros que estaba viendo en esos momentos eran de Picasso. Tras la confirmación del dato, Grant-McVicar sacó una escopeta recortada, cargó con la pintura valuada en un millón de dólares y huyó en un taxi que lo esperaba afuera. Este habría sido un robo exitosos de no ser porque en el vehículo dejó el marco en el que estaban impresas sus huellas digitales.

Un ladrón de arte de Berlín robó una camioneta. Sin embargo, su botín era mucho más de lo que esperaba, pues el vehículo transportaba obras de arte invaluables entre las que había un Chagall. Tras sus fallidos intentos por revender las piezas, las trasladó a otra ciudad y guardó cuidadosamente los bosquejos en una caja para papel y las esculturas en recipientes de metal. Sin embargo, decidió colgar en su departamento uno que le gustaba mucho. Algunos meses después, la policía lo buscaba por un robo sin relación a éste y se toparon con el cuadro que los llevó a investigar hasta encontrar el valioso botín.

En Hungría, un ladrón cometió una de las peores torpezas. Logró robar cerca de 400 mil dólares en arte del museo Kiscelli, de Budapest, y escabullirse sin que nadie lo atrapara. El problema fue que el pasto estaba mojado y al salir resbaló y despertó a dos vagabundos. Éstos lo asaltaron y le robaron el botín así como toda su ropa; mientras pensaba cómo huir sin pasar desapercibido, fue encontrado por al policía.

Patrones de robo de arte

Los ladrones andan generalmente tras las obras famosas que cuentan con menor protección. De hecho, muchos robos ocurren en galerías o tiendas de antigüedades sin alarmas ni cuerpos de seguridad que tienen accesos no muy visibles para la policía o los transeúntes. Los objetos son siempre más robables en países o regiones no industrializados.

En los países conocidos por su herencia arqueológica es muy frecuente que haya organizaciones de hurto en las zonas de excavación, pues casi nunca existe un registro y la reventa resulta más fácil.

Las iglesias también se encuentran entre las predilecciones de los ladrones, pues generalmente hay piezas de oro y plata, tapicería, pinturas y figuras religiosas que además no suelen estar bajo inventario.

Las obras de autores europeos y arte pop han elevado sus precios de una manera asombrosa y al ser contemporáneos no suelen estar en los museos con alta seguridad.

Los objetivos más vulnerables son las piezas fáciles de transportar y cuya identificación es compleja.

Las obras sobrevaluadas por costo o fama se convierten en objetivos predilectos de coleccionistas privados o para "malbaratarlos". Esto sin contar que los ladrones de cuello blanco, que generalmente se encuentran en puestos directivos de museos, galerías e institutos de cultura, se apoderan de obras de valor medio y no muy conocidas.

Al publicar el valor de una colección robada, éste aumenta notoriamente por lo que resulta un negocio en dos sentidos: para el ladrón, pues puede venderla más cara, y para quien la adquiere (o recupera en el mejor de los casos).

¿Por qué robar arte?

Las razones para robar arte pueden ser miles, pero las más frecuentes, según expertos en seguridad, son:

Cuando se trata de obras de poco o medio valor, el robo es motivado por la facilidad de reventa a coleccionistas privados, por gusto personal o incluso por alguna clase de obsesión sicológica o cultural.

Cuando son robos de alto valor, los móviles generalmente son la comisión de algún objeto específico para su reventa en una fracción del precio; en el caso de los que son famosos, se han dado casos de autorobos para cobrar el seguro.

En otros casos, se trata de hurtos para la rápida exportación a algún comprador extranjero al que generalmente los ladrones no conocen.

¿Qué dice la Interpol?En la denuncia de robos de arte

En este delito, como en muchos otros, es la INTERPOL (Policía Internacional) la encargada de llevar a cabo las investigaciones. Esta policía tiene varias ventajas, entre las cuales está el hecho de que es internacional, así envía comunicados a las aduanas y autoridades judiciales de los 178 países que la conforman para avisar sobre el caso que se esté investigando. Además tiene una base de datos que puede ser consultada a gran velocidad donde se encuentran todas las obras denunciadas como perdidas.

La forma de denuncia es muy sencilla y su reacción es rápida. Cuando se es víctima de un robo de arte, debe darse aviso a las autoridades correspondientes del país donde se encontraba la obra. En el caso de México es la PGJ o el Ministerio Público Federal quienes se ponen en contacto con la INTERPOL para perseguir, investigar y en medida de lo posible, recuperar la obra.

Ambas instituciones recomiendan:

1.- Dejar intacto el lugar en que sucedieron los hechos.2.- Imprimir desde la página web de la INTERPOL el formulario correspondiente según el tipo de objeto; anexar una foto (preferentemente a color) de la obra y enviarla a dicha institución.3.- Llevar a cabo una denuncia por robo ante las autoridades.4.- Hacer pública la noticia para ayudar a la recuperación de la obra.

En cuanto a la compra de bienes de procedencia ilícita

El tráfico de materiales de dudosa procedencia puede poner en problemas también a quien realiza la compra, sobre todo, si se trata de instituciones, museos o coleccionistas privados. Por ello, la INTERPOL recomienda no adquirir ningún objeto si no se tiene la certeza de obtener un título de propiedad en regla; para eso es necesario investigar el historial desde el momento de su creación hasta el de su venta.

En el caso de que su antecedente no sea del todo claro, la posibilidad de conservar el objeto puede ser determinada sólo por especialistas en la materia y no se restringe a parcialidades nacionalistas. Esto siempre y cuando el interés esté justificado y debidamente detallado en la petición ante las autoridades correspondientes.

Seguridad de museos

Sería absurdo pensar que la información sobre los medios de seguridad de los museos anda circulando libremente. Simplemente recordemos algunas cuestiones que la complican: están abiertos al público; las obras deben ser visibles; y los sistemas de seguridad no deben dañarlas. Sin embargo, hay métodos más utilizados por su eficiencia.

El factor humano es el más recurrente y el más efectivo de todos. Generalmente, los policías están preparados para saber cómo reaccionar. También hay agencias de seguridad que ofrecen elementos capacitados.Entre los medios tecnológicos, el principal es la videocámara. Los chips de detección vía satélite resultan poco eficientes puesto que deben colocarse en los marcos y cualquier ladrón puede deshacerse de éste. Si se coloca en el lienzo existe el riesgo de que un raptor atemorizado lo arranque o peor aún lo corte y deje la obra en estado irreparable.

Otro método como el capelo de vidrio blindado y climatizado que protege a la Mona Lisa resulta demasiado costoso y no todos los museos pueden darse esos lujos.

¿Cómo proteger tus obras de arte?

Lo primordial es utilizar el sentido común. Una medida básica es mantener puertas y ventanas cerradas y restringir la entrada y salida de personas sin autorización.

Realiza un inventario completo con ficha técnica y foto de cada una de tus piezas y no dejes que esa información circule por todas partes.

Identifica cuáles son las instituciones que se encargan de la recuperación de obras de arte y conserva sus datos a la mano.

Deja que algún museo o casa valuadora de arte respalde la autenticidad de tu pieza; te ayudará al momento de asegurarla o denunciar su robo. Los números y claves que utilizan los valuadores detrás de las piezas no son eternos, así que te recomendamos que pidas un certificado de autenticidad y que se haga el trámite ante un notario. Igualmente, trata de tener copias certificadas de dichos documentos.

Solicita que se realicen operativos de acreditación e identificación de obras en las fronteras pues es probable que así sea más fácil descubrir a un ladrón que trate de huir. De igual manera, consigue imágenes de los principales ladrones de este ramo para su mejor identificación.

Los autores más robados

Picasso---------379Miró------------279Chagall---------249Dalí-------------184Durero----------145Warhol----------126Matisse----------64Hockney---------51Klimt-------------47Toulouse-Lautrec-43

[MAX/mt]

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