El Azteca se inauguró con un 'rugido'

La ansiedad de la afición se convirtió en desesperación. Por la presencia de Díaz Ordaz se prohibió la venta de cerveza
Y el Azteca nació con un rugido
  • El arquitecto que diseñó el proyecto no pudo asistir a la inauguración
  • El evento inició dos horas tarde por el miedo presidencial a los helicópteros
Ciudad de México -

Hoy hace 50 años, los poco más de 100 mil aficionados que pisaron por primera vez el Estadio Azteca abuchearon al presidente Gustavo Díaz Ordaz por sus dos horas de retraso para la inauguración.

Pero apenas dio la patada inicial previo al juego entre América y Torino y el inmueble nació…

“Habíamos tenido juntas con el Estado Mayor Presidencial y las autoridades del gobierno del Distrito Federal para que el presidente llegara”, recordó Luis Martínez del Campo, residente de la obra y mano derecha del arquitecto diseñador del estadio, Pedro Ramírez Vázquez.

En 1966 Periférico llegaba hasta la glorieta de San Jerónimo. Solo Tlalpan y un pequeño camino de Insurgentes y Copilco que entroncaba con el poniente del estadio eran las vías de acceso.

“‘¿Cómo llevamos al presidente?’ preguntaba el Estado Mayor Presidencial, pues en helicóptero. Al presidente no le gusta el helicóptero...”

Así fue el diálogo entre Martínez del Campo y representantes presidenciales, que también se negaron a que el mandatario tomara el tranvía que iba desde el Zócalo hasta el estadio para no “restarle” investidura, aun cuando le propusieron que el convoy fuera directo, sin detenerse en estación alguna.

INAUGURACIÓN SIN ARQUITECTO

Javier Ramírez Campuzano, hijo del arquitecto autor del proyecto, Pedro Ramírez Vázquez, acudió en representación del padre cuyo avión en Madrid se había despistado al intentar volver a México.

“Pero siendo un niño no dimensionas. Me acuerdo del estadio lleno pero yo estaba muy molesto porque eres niño y te ponen de traje para ir al futbol… y el lleno y el presidente y muchísima gente”, recordó.

EL RUGIDO BAUTISMAL

La ansiedad de la afición se convirtió en desesperación. Por la presencia de Díaz Ordaz se prohibió la venta de cerveza y los refrescos se terminaron.

“Lo trajeron en automóvil. Llegó dos horas tarde el presidente. A la entrada, entramos por el túnel 1 la comitiva y la pitiza que había, la silbatina que había en las graderías, no se la deseo a nadie”, agregó Martínez del Campo.

El Himno Nacional calmó los reclamos y en la última estrofa se dio la patada inicial, antes de que volviera la silbatina.

“Le pusieron la pelota a Díaz Ordaz, le pitó no me acuerdo cómo se llamaba el árbitro, se arrancó Díaz Ordaz, hizo su pirueta, tiró la primera patada y oír ese rugido de 100 mil gentes al mismo tiempo en el Estadio Azteca, ahí le dio el alma, ahí nació el Estadio Azteca”, relató.

“Oír ese rugido… impresionante. Ahí abajo, oír 100 mil gentes gritar al mismo tiempo ¡Woooow!... se me enchina el pellejo de acordarme todavía de eso”.

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