Este país sin memoria, con todo y el América

Entender la relación entre memoria e historia, números y resultados, acontecimientos y lugares, es clave para construir nuevas formas de entendimiento.
Ciudad de México -

La memoria de un país debe ser arborescente, importante, contrastante, profunda, variada, transversal. Entender la relación entre memoria e historia, números y resultados, acontecimientos y lugares, es clave para construir nuevas formas de entendimiento y proyectar cosas nuevas. La aplicabilidad de la memoria es, en consecuencia, una buena manera de evolucionar en lo personal, en lo social, en lo empresarial y en lo político. En el deporte estos principios aplican por igual, la memoria deportiva es la que nos lleva a entender errores y aciertos, buenas intenciones o proyectos concretados. La memoria deportiva nos hace consolidar proyectos y entender los rumbos, es honrar los sacrificios en pro de avances significativos.

En México parece que estos principios no son ni siquiera contemplados en aras de tener un deporte con memoria que consolide avances y muchos proyectos a largo plazo. En este país cortoplacista, donde no se es capaz siquiera de tener memoria institucional, por eso nos olvidamos de la justicia y su aplicación desde el gobierno, las instituciones deportivas replican el mismo modelo que no lleva a nada y sí a una neurosis deportiva que hoy por hoy tiene sumido al país en un proyecto sin rumbo y sin memoria.

Terrible que una institución como el América replique justo ese modelo. Como el del país, sin rumbo y sin memoria. Lo que queremos recalcar en estas líneas es justamente la memoria de un equipo que se dice “ser grande” (¿a ver cuándo una Libertadores, eh?) y que sobre todo cumple 100 años, no ha tenido los pantalones para tener un centenario de acuerdo a su “grandeza”. No se trata de Lavolpe o de Romano o de Juan de las Pelotas, se trata de que el modelo neoliberal, que tiene azorado al futbol, “porque así funciona la industria”, con técnicos reciclados, con baja calidad de una liga que no ve más allá de sus narices, con ausencia de títulos internacionales que realmente vistan a sus equipos, con promotores que hacen negocios diariamente y que tienen de hinojos a las fuerzas básicas manteniendo el status quo de jugadores y entrenadores. Es en ese modelo en el que está inserto el América.

No ha respondido a su grandeza justamente por esa falta de memoria histórica, está ligado a una institución como Televisa que hoy por hoy tiene niveles de credibilidad muy bajos. Eso en la cultura mediática se llama percepción, este club no se puede desligar de la percepción de su empresa y lo arrastra con él. No ha sabido deslindarse del negocio telenovelero y justamente está metido en una novela mediocre, con bajo rating y con finales infelices.

América es un equipo sin memoria, esquizofrénico y sin rumbo. No, no se puede considerar un equipo grande si jamás ha ganado una Libertadores, no puede considerarse un equipo grande si no tiene memoria de sí mismo, no puede considerarse un equipo grande si recontrata a un técnico gris y mediocre. No puede considerarse grande si en los 100 años de su historia, desprecia a su propia afición con un torneo mediocre. Ese es el América actual, con una carga de 100 años sin la memoria que destruye su propia historia.

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