México en Columbus: El inicio del Huracán

Este partido contra Estados Unidos se vuelve más simbólico que nunca
Ciudad de México -

Este partido contra Estados Unidos se vuelve más simbólico que nunca, pues se juega más allá de una simple cancha. Se juega en medio de la elección de Donald Trump como presidente de ese país. Esto le da al partido una importancia simbólica más allá de los limitados discursos de los medios de comunicación deportivos para “calentar” el partido. Se juega en el marco de un empoderamiento de un discurso xenófobo y racista de los contextos y en una sede y un estado, Columbus, Ohio, donde el ahora presidente electo, llegó a tener 22 votos electorales. Eso no es todo, el estado de Ohio, ve en Trump un esperanza de que lo saque de la crisis económica en la cual se ha sumido desde hace varios años. Columbus es una ciudad cuyos habitantes han enfrentado una desaceleración, están deprimidos, endeudados y enojados con el gobierno de Obama.

La lectura de este partido no es ninguna broma si tomamos en cuenta que los contextos de la reciente elección en Estados Unidos apuntaron a México teniendo como blanco primario la moneda que ya se ha depreciado casi a 21 pesos por dólar. Es cuando el marco deportivo se vuelve trascendente en la mente de la gente, una victoria sería simbólicamente importante, una derrota o un empate, abonaría a la desazón causada por la llegada del millonario a la presidencia del país más poderoso del mundo. No sé si los futbolistas mexicanos tengan esa sensación, probablemente no, dado que por un estúpido cliché o quizá poca inteligencia social, los futbolistas no se meten en “esos problemas” y deciden “concentrarse” solo en la cancha. Tomar el juego de esta manera, solo contribuiría con la sensación de abandono que hoy México siente de todo el mundo.

Al margen de las sensaciones el deporte puede ser un proceso para revertir los conjuros de la “decepción”, que viene de la clase gobernante y de los medios y que le es trasmitida a la sociedad civil como virus. Tratemos de decir que el muro nos lo hemos impuesto nosotros que hemos sido incapaces históricamente, de quitarnos el yugo estadounidense, en materia comercial, cultural y mediática. En suma no sabemos mirar a otros horizontes que no sean los Estados Unidos. Por ello es que el partido del viernes se enmarca en una meta-deportividad, cuyos contextos son múltiples, explicándose desde los deseos no cumplidos hasta los goles fallados. Ciertamente Ohio no es ninguna sede amigable para el equipo mexicano, pero es válida para la competencia. No será el morbo el que mueva este partido, será lo simbólico. Si, donde la sensación de ganar es más fuerte que nunca, pero la desazón en México y en el mexicano de aquí y de allá es más fuerte que nunca.

No sabemos si Trump estará pendiente del partido, pero seguramente sus asesores sí. Le estarán informando del resultado y no porque al personaje le guste el futbol, sino porque se juega en un contexto por simbólicamente difícil para ambas naciones. Ayudaría en el ánimo un triunfo ante Estados Unidos y de visita, más. Pero más ayudaría a los mexicanos a quitarnos una desazón fabricada por la ineficiente clase política mexicana y alimentada por los medios. Eso sí que ayudaría más.

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