Contracorriente: Los Del Sur se lo merecen

El acontecimiento deportivo del año es el que construyó la barra Los del Sur, del Atlético Nacional de Medellín en torno al Chapecoense.
Ciudad de México -

Es muy díficil ir contracorriente. No estar en la sintonía de todos. Decir que el acontecimiento deportivo del año no es el campeonato del Leicester City o la Serie Mundial obtenida por los Chicago Cubs. O quizá la consagración como el velocista más grande de todos los tiempos de Usaín Bolt. No deberíamos olvidar tampoco la gran temporada de Fórmula 1 de Nico Rosberg, o los ascensos en el tenis de Angelique Kerber y Andy Murray. Tampoco estar de acuerdo en el balón de oro que debió ser para Antoine Griezmann y que los periodistas que votaron por ese galardón no tienen razón aunque sean “especialistas”. De los acontecimientos deportivos del año 2016 pueden hablar los que van con la corriente. Acá no. Entonces ¿cuál fue y por qué?

Entre muchos acontecimientos que no tienen visibilidad mediática o no son construidos por el discurso de los intereses del medio, encontramos uno particularmente especial. Cierto que viene precedido de una terrible tragedia aérea como la de Chapecoense que puso de luto al futbol mundial. Pero alrededor de ese hecho tan lamentable, econtramos la virtud del ser humano, convertido en una generosa fuerza social que solo el futbol y sus tribunas son capaces de dar cuando de verdad se construye sociedad alrededor de éste gran deporte. Por ello para nosotros el acontecimiento deportivo del año es el que construyó la barra Los del Sur, del Atlético Nacional de Medellín en torno al Chapecoense.

La barra fue capaz de convertir la tragedia en un cúmulo arborescente de generosidad deportiva. Construyó conciencia social, deportiva y mediática, gracias a sus acciones de solidaridad e ingeniería social. Cincelar la memoria del rival caído a través de acciones de salvamento en el lugar del accidente, cantarle a todo pulmón con todo el corazón, derramar lágrimas en su honor, construir a través del proceso simbólico llamado trapo frases de aliento y extrapolarlas al público, es hacer ingeniería social pura. Es entender que el futbol también está en las tribunas. Es justamente ir contracorriente de lo que muchos en el mundo, incluidos los medios, piensan de las barras. Los del Sur son el ejemplo vivo, claro y profundo de lo que es una barra que construye paz y procesos de integración social desde los barrios. Pensaron lo que no se ha pensado en el futbol. Procesos que tienen una raíz profunda en una educación que se reconoce que cualquier forma de conocimiento es valida. “La calle curte, pero también enseña y la calle, la tribuna y el barrio, es la gran eseñanza de la barra de los del Sur”, me decía Raúl Martínez, uno de los dirigentes del grupo de animación.

Ser generoso con el rival no es una práctica que veamos a diario. Los del Sur lo fueron con Chapecoense. Convietieron la tragedia en un consuelo social que logró incluso influir para que el club de Chapecó fuera declarado campeón de la Copa Sudamérica, incluso quitándole la posibilidad a Nacional de hacer historia, pues pudo ser el primer equipo en convertirse campeón de la Libertadores y de la Sudamérica en un mismo año.

Pensemos contracorriente. Pensemos en que este acontecimiento deportivo fue construido desde la entraña. Que la generosidad no vino directamente del Club Atlético Nacional, sino que vino de su ADN, su gente, su tribuna. Sí, esa tribuna que en el pasado sufrió en la calle narcotráfico, violencia, muerte tanto física commo simbólica. Pensar que ello se convirtió en unos de los acotecimientos más generosos en la historia del futbol, es pensar que en las tribunas de muchos estadios del mundo, donde la violencia campea, hay solución y hay esperanza. Los del Sur marcaron el camnino. Sigamos su ejemplo. Por ello los elegimos como el el hecho social-deportivo más importante del año.

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