La Liguilla, de antidepresivo a “mar de emociones”

El futbol está repleto de emociones, pero todas éstas se multiplican cuando llega la llamada Fiesta Grande de la Liga MX, y del Ascenso MX, también.
  • Cuando pensamos que la Liguilla no podría sorprendernos, la Final del Ascenso MX lo hizo de la manera más grata

Estimados lectores, estas líneas las escribo con el corazón. Pues eso es precisamente lo que le hizo falta al América: jugar con el corazón. Esa magia que los caracterizaba no estuvo presente; un entrenador distraído por tantos comerciales que hace, No hubo espacio para la lucha, esa que da orgullo para asegurar que las Águilas cayeron con la cara al sol. Hasta Cruz Azul jugó la Liguilla con más uñas y dientes que los de Coapa.

Pero no por este reclamo, debemos quitarle mérito a Tigres. Hay que destacar la gran actuación de Enner Valencia y sus dos goles, los desbordes de Javier Aquino, que te pone de buenas, realmente contenta ver la clase de jugadas que realiza el mexicano. Y, por supuesto, siempre hay que reconocer es al que siempre anota y nunca falla André Pierre-Gignac.

Las liguillas, sin duda, son las mejores etapas de mi año. Puede irme bien o mal en el trabajo; bien o mal con el galán; o fluidez económica, pero siempre La Liguilla se convierte en un “antidepresivo”. Por supuesto, muchas amigas o amigos no lo entienden ni lo entenderán, pero así soy yo, y seguramente muchos de ustedes.

Fue increíble ver como Cruz Azul se mataba en la cancha, intentó, intentó y al final no lo consiguió. O toda la lucha del Morelia por sacar un gol de ventaja de su casa ante un imponente rival, a pesar de la diferencia de plantilla y presupuesto. Son los partidos en los que “el alma” juega, cuando ya no puedes más y no sé de donde, pero tu ángel de la guarda te da una energía extra para seguir, y completar el cometido de los 90 minutos, o 95 o por ejemplo los 120 minutos que nos aventamos en la Final por el Ascenso. ¡Qué sufrido!

Al minuto 94 del Bravos FC vs Alebrijes; el mediocampista Raúl Enríquez empató el global con un magistral de tiro libre que pasó por arriba de la barrera. Estadio Olímpico Benito Juárez de pie. ¡De locura! Su equipo había empatado y los sueños seguían vivos, la gente aplaudía, gritaba y rezaba. Y con ellos, también yo; me paré, me acosté, me hice un té, comí un pedazo de pizza que sobraba; no podía con los nervios. Tiempos extra y Bravos se fue al frente en el marcador, pero, minutos después, cayó el empate de Oaxaca… Tanda de penales, ¡para el desmayo!

Ya en la tanda, apareció el corazón de Edgar Hernández para detener dos penaltis. Cuando no se podía más, cuando el cuerpo no daba para más, el arquero de Oaxaca mostró su fuerza interior, rompiéndole el corazón a todo Ciudad Juárez.

Lloré junto con toda la gente de Juárez; Sentí cómo se les escurría de las manos el Campeonato por segunda final, no quiero imaginarme la depresión post partido; pero estoy segura que esto solo les fortalecer el corazón para volver a pelear el próximo torneo por el anhelado título.

Y ahí es cuando me di cuenta que la Liguilla no es tanto como un antidepresivo, sino más bien es un mar de emociones; algo que nos hace sentir vivos, de pie, con lágrimas de emoción o con lágrimas de tristeza. Pero vivos. GRACIAS LIGUILLA.

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