¡Adiós Estadio Azul! Vivirás por siempre en el corazón celeste

La afición despidió con la garganta a tope, a la que fue su casa durante 22 años.
 Las gradas se pintaron de azul.  (Foto: Imago7)
Estadio Azul -

No importa cuándo, no importa cómo, no importa por qué. Irse de casa, siempre cuesta, y más cuando no es por decisión propia, sino porque el destino así lo quiso. Pero gallarda, entera y, sobre todo, estoica y fiel pese a todas las adversidades que significan ser de Cruz Azul, la afición cementera le entregó su corazón una vez más al Estadio Azul; una vez más y para siempre, hasta la eternidad.

Porque despedirse de un lugar donde tantas cosas, tantas emociones y tantas sensaciones se vivieron, a cualquiera le humedecen los ojos; incluso, hasta al más duro del corazón y al que más le decepcionaron tantos y tantos años sin poder conseguir un título.

Fue imposible decirle adiós al Azul sin un aura de nostalgia, de tristeza y con los momentos de frustración de no haber salido campeón aquí por siempre en la memoria. Pero también son años y años de tantas alegrías, con las tardes soleadas de verano y nubladas en invierno, donde cada sábado la gran familia cementera, se juntaba una y otra vez para ver a su adorada Máquina, fuera como fuera en el torneo. Sin renunciar, sin claudicar, sin abandonar a su equipo, sin traicionarlo y sin voltearle la espalda.

Hoy, el Azul se despidió de la mejor forma; quizá no con Liguilla y mucho menos con un título, pero sí con un estadio pletórico, con una afición totalmente conectada con su equipo, que en el terreno de juego que se brindó como no lo hizo en todo el torneo y siendo una aplanadora que nunca permitió que el rival viviera en la despedida. La fiesta del adiós del Azul fue completa, exclusiva de los locales; y de nadie más.

Esa conexión fue como si no hubieran pasado casi 21 años sin títulos de liga, sin tantas decepciones y sin tantas lágrimas que este equipo le ha dado, porque el amor cementero es leal, es sólido, inquebrantable y a prueba de todo.

Así se despidió hoy el Estadio Azul. Con una afición entregada, cantándole que “el sentimiento no morirá” y que nunca desaparecerá. Las piedras podrán convertirse en escombros, el coloso de la Ciudad de los Deportes dejará de existir, pero en el corazón de cada uno de los aficionados del Cruz Azul, vivirá por siempre. Adiós Azul. Gracias por palpitar una vez más.

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