¡La fiesta mundial ha comenzado!

Era lo más parecido a estar en la Torre de Babel: diferentes idiomas que se entrelazaban en distintas pláticas, todas llenas de pasión y emoción.
Moscú, Rusia -
Los mexicanos hicieron su fiesta en la inauguración de Rusia 2018.
Los mexicanos hicieron su fiesta en la inauguración de Rusia 2018.  (Getty Image)

Caminábamos por las calles y puentes de Moscú para llegar al ansiado momento histórico en el imponente Estadio Luzhniki, enseguida de mí desfilaban decenas, cientos de aficionados al futbol con banderas de diferentes partes del mundo, era lo más parecido a estar en la Torre de Babel: diferentes idiomas que se entrelazaban en distintas pláticas, todas llenas de pasión y emoción.

Los metros hacia el coloso parecían eternos, con el fuerte dispositivo de seguridad, los policías eran estatuas inamovibles por todo el trayecto, vigilando cada movimiento en falso de aquella manifestación multitudinaria mundial celebrando la hermandad entre naciones.

Al llegar al estadio, el sentimiento era quizá, contrario a lo que se vivió en Alemania, Sudáfrica o Brasil. Rusia estaba preparada para dar un gran espectáculo, pero hemos comprobado el futbol no es su fuerte, sin embargo los voluntarios, e incluso los guardias, se desvivieron para ser los anfitriones más cálidos.

Así íbamos llegando, haciendo todo el ruido posible, los mexicanos fuimos una masa de gente imprescindible, incluso parecía que jugaría la Selección Mexicana, por todo lugar se podían observar banderas, sombreros e inclusos penachos, donde miles de mexicanos corearon el "Cielito Lindo" y buscaron, aunque infructuosamente, propagar la famosa ola que nos ha hecho mundialmente conocidos.

La piel se puso "chinita" cuando el himno de la FIFA retumbó ante los más de 80,000 asistentes, no exagero, fui testigo de ver a decenas de personas incluso llorando al ver el impresionante espectáculo que arrancaba, por fin, el Mundial de Rusia. No eran solamente las impresionantes voces de Robbie Williams o la soprano Aida Garifullina, fue la mística mundialista, el evento donde peruanos, iraníes e islandeses, entre cientos de otras nacionalidades, se reunían en la muestra más hermosa de lo que puede hacer el futbol: unir al mundo, algo que ni las naciones unidas han logrado.

Luego del partido, donde Rusia prácticamente destrozó a Arabia Saudita en la cancha goleándolo cinco por cero, la felicidad de los locales era infinita, quizá por los vodkas y las cervezas, nunca lo sabré a ciencia cierta, pero nunca olvidaré ese momento, cuando Igor y Elena se acercaron a un servidor, un tanto tímidos, querían una fotografía con el grupo de mexicanos que platicábamos emocionados del momento que vivía fresco en nuestra memoria.

Igor, con un inglés difícilmente entendible dijo: “pensé que no querrían venir a Rusia, por todo lo que dicen en las películas de Hollywood, estoy muy agradecido de que hallan venido”, hubiera sido un simple mensaje amistoso, pero se convirtió en una expresión de amor por su país cuando, del aparentemente frío personaje, rodaron lágrimas.

Ese gesto me deja en claro, que este mundial marcará para siempre el corazón de millones de rusos, quienes han abierto sus brazos para recibir a un mundo que políticamente puede estar desgastado y peleando pero por los siguientes 30 días conoceremos el más bello sentimiento de la humanidad: la celebración de ser hermanos, a pesar de nuestro color de piel, idioma, religiones o ideologías.

¡La fiesta mundial ha comenzado!

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