México 1-0 Alemania y la revancha de la familia Carrillo

Tuvieron que pasar 20 años para quitarme el recuerdo de aquellas lágrimas. En 1998 lloré tanto con mi madre, padre y hermanos en ese estadio de Montpelliere, Francia.
Ciudad de México -

Se rompieron las barreras mentales que nos tenían atrapados. Gracias a 14 futbolistas mexicanos en Rusia, volvimos a recordar que podemos romper esas fronteras. Aquí, en mi columna pasada, escribí que México tenía los jugadores necesarios para ganarle a los tres equipos contendientes de primera ronda, y no importa si me creyeron o no, lo importante es que mi Selección Nacional me devolvió el creer, la fe está de vuelta.

Cierto, los germanos nos pudieron haber ganado también, tuvieron claras de gol, travesaños, Ochoa y extraña mala puntería; el segundo tiempo nos "apedrearon el rancho", pero con el conjunto, unidos, no los dejamos pasar.

Se aguantó y se luchó con todo, el mismo Javier Hernández lo dijo al final, “me acalambré músculos que ni siquiera sabía que existían, y sí lloré de emoción”, se logró algo grande, una vez más. Ahora recordamos que somos buenos, recordamos que con nuestra raza, ideología, mente rápida, pícara, agresiva y en conjunto, se puede abrir la mente y el camino.

Tuvieron que pasar 20 años para quitarme el recuerdo de aquellas lágrimas. En 1998 lloré tanto con mi madre, padre y hermanos en ese estadio de Montpelliere, Francia. Luego de que los alemanes nos arrebataron el triunfo, cuando todos los mexicanos teníamos la emoción a tope, Bierhoff acabó con el sueño mundialista…y ni Luis Hernández o Peláez, pudieron anotar otro gol.

Lloramos "a moco tendido"; cientos de mexicanos dejamos el estadio cabizbajos, deprimidos, y los aficionados alemanes nos abrazaban, nos reconfortaban. Recuerdo que me regalaron un sombrero teutón (ahí lo tengo guardado todavía). Y cuando salió mi padre del vestidor, no podíamos consolarlo, seguíamos llore y llore, “algún día les ganaremos a éstos cabrones” nos prometimos.

Y sí, 20 años después, el día llegó. Y ahora, todo el día celebrando y hablando de ello el día del padre, nos dimos cuenta de que podíamos seguir riendo, soñando, ganando, y, sobre todo es hora de dejar de temerle al triunfo.

Los jugadores terminaron "molidos", dieron el partido de sus vidas y así nos recordaron que no hay que tenerle miedo al fracaso, pues así se puede uno olvidar de él y albergar al triunfo.

En lo personal, llegué a pensar que no era "tan buena en lo que hacía", me hicieron dudar, sentirme mal, hubo envidias, chismes de gente muy cercana, gente que quiere tu puesto, en fin muchos obstáculos, que al final, solo el trabajo y el estudio nos sacarán adelante. Tal como lo hicieron Ochoa, Layún, Gallardo, Guardado, Moreno, Herrera, Salcedo, Ayala, Chícharo, Vela, Lozano, Márquez, Jiménez, Álvarez y hasta Osorio somos todos.

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