'Chinga tu madre, ese gol'; a 12 años así le recuerdan a Maxi Rodríguez

La Fiera Rodríguez, héroe de Argentina en semis de Brasil 2014, recuerda el bombazo que eliminó al Tri de Alemania 2006.
 Maxi recuerda que alguna vez tuvo miedo de visitar México por ese tanto.  (Foto: Palmera fotografía)
Montevideo, Uruguay -

“Jugamos como nunca, perdimos como siempre”. La frase, que se convirtió en leit motiv cada vez que México quedó fuera de un Mundial, fue recordada este año por Televisa en su anuncio "La liga de la Injusticia", protagonizada por los últimos cuatro verdugos del Tri en los Mundiales. En esta ocasión, Hristo Stoichkov, Landon Donovan, Wesley Sneijder y Maxi Rodríguez vuelven al presente, pero para alentar al combinado nacional en Rusia 2018.

La Fiera Rodríguez nació en 1981 en la ciudad de Rosario y entró de niño a Newells’ Old Boys, al igual que Lionel Messi. Pero él sí logró salir Campeón con el club de sus amores. Sin embargo, y a pesar de esa identificación, Maxi es considerado por los argentinos como un jugador pura cepa del seleccionado nacional, por lo que vive como un exinternacional más, el sinuoso camino del equipo de Sampaoli en el torneo.

“Es difícil entrar en la sintonía del periodismo y el hincha de Buenos Aires y que te reconozcan como jugador de la selección, pero a mí me lo dicen. Me cuesta reconocerlo pero es algo muy lindo porque es un país muy futbolero”, afirma a Mediotiempo en una pausa de su entrenamiento.

Llegó de niño al predio de la AFA en Ezeiza y se fue hace cuatro años, luego de perder la final del Mundial 2014 contra Alemania. Marcelo Bielsa, Gerardo Martino, José Pekerman y Diego Maradona fueron algunos de los entrenadores con los que trabajó. Hoy lo disfruta Diego López en Peñarol de Uruguay, club al que llegó hace menos de un año y en el que, fiel a su costumbre, ya dio una vuelta olímpica. La de Brasil fue la tercera copa que la Fiera jugó con la Albiceleste, donde completó 54 partidos y convirtió 15 goles. El más célebre de ellos, el que hizo el 24 de junio de 2006, en Leipzig, Alemania, a pocos minutos de comenzada la prórroga entre México y Argentina para decidir quien pasaba a cuartos de final de la Copa del Mundo.

El Tri hoy está en las puertas de los Octavos de Final de Rusia 2018. Otra vez, pero liderando su grupo y, por sobre todas las cosas, demostrando un juego sólido y un convencimiento inédito. Cualidades que hacen creer en la posibilidad de flanquear el eterno obstáculo de los juegos definitivos. Al menos para ser uno de los cuatro mejores. También para espantar algunos fantasmas.

Pero aquel bombazo, al día de hoy, nadie lo olvida, ni en México ni en Argentina. Su autor así lo describe: “En el momento del control busqué que la pelota me quede para mi pierna hábil, la derecha, pero me quedó un poco corta y entonces hago el gesto como de darle la espalda al área. Cuando estaba en el aire, ya estaba convencido que quería pegarle al arco, y de zurda, pero nunca pretendí que entre ahí. Soy sincero. Cuando veo que hace la parábola y se mete, tuve una sensación increíble y enseguida vi a todos los chicos del banco de suplentes que salían a festejar”.

¿Qué fue lo primero que te vino a la cabeza cuando anotaste?

Fue algo muy loco. Me acuerdo que cuando entramos al vestuario en el medio tiempo estábamos preocupados porque México estaba jugando muy bien, con un futbol muy aceitado. En ese momento hablábamos con el cuerpo técnico de donde posicionarme para tapar las subidas de ellos y no pensábamos tanto en mi ataque, pero son cosas que se dan. Fue un gol de otro partido. No ameritaba ese gol en ese partido. Incluso Juampi (Sorín, quien le da el pase) me dijo que nunca hacía cambios de frente tan largos, pero lo hizo porque yo le venía gritando. Fue un zapatazo de otro partido aunque, en ese momento, fue increíble.

Hace poco Ricardo Lavolpe subestimó el gol, dijo que fue un mero pelotazo, y que México les pegó un baile…

México estaba haciendo un futbol muy bueno. Hay que ser realista con eso, estaban jugando muy bien. Tampoco es que pasamos sobresaltos ni se nos metieron bajo el arco. Pero hay que estar en esos momentos, el futbol tiene esos detalles y, si se ilumina alguien, puedes quedar fuera del Mundial. Puede ser que fuera un zapatazo -reconoce entre risas- pero terminó entrando y nos dio el pase de fase a nosotros. Si hubiese sido con la pierna derecha, podría mentir un poco más, pero no, encima fue con mi pierna menos hábil. Tengo dos goles hechos en la selección que me quedaron en la memoria. Ese y uno en el Sub-20 contra Egipto en el que esquivo al arquero después de una jugada bárbara y le pego de zurda, sin ángulo. En ambos casos se dio porque siempre hay que intentarlo.

¿Te lo recuerdan los mexicanos?

Sí, todavía me dicen “chinga tu madre, ese gol”. Me tocó ir de pretemporada a México con Atlético de Madrid. Cuando me enteré me quería morir, pensé que me iban a matar, pero la verdad que nada que ver. Me recibieron con una cena y me entregaron una plaqueta. Luego fui de vacaciones con mi familia y la verdad que la gente es muy respetuosa, aunque me siguen reprochando que los dejé fuera del Mundial.

¿Qué pasó con la pelota de ese partido?

Se la llevó Óscar Ustari, con quien tengo una gran relación y muchas veces salíamos a pescar. Incluso él fue quien me metió en la pesca. Me lo contó una vez terminado el Mundial, en el hotel y tomando unos mates a las 3 AM en el hotel. El tema quedó ahí y toda la vida me recordó que tenía esa pelota. En un cumpleaños mío hace dos años me dijo que me quería regalar un equipo de pesca, pero cuando fui a abrir el paquete estaba la pelota, con la inscripción Argentina-México y la fecha del partido. Fue un gesto muy lindo.

¿Aquello que se te pasó por la cabeza ante México en 2006 es lo mismo que ante Holanda en la Semifinal de Brasil 2014?

No. Fue totalmente diferente, porque con México era pleno partido, estas jugando y no piensas lo que haces. De hecho, tuve que cambiar la decisión en un segundo. La tanda de penales es diferente. Ese día le dije a Alejandro (Sabella) 'yo quiero patear y ponme cuarto'. Se dio de casualidad que fue el penal de la definición. Estaba convencido que lo iba a hacer, pero se me pasaron 200 mil cosas por la cabeza. Es más difícil de llevar y desde que salgo de mitad de cancha hasta que agarro la pelota sentí que pasó como una hora. Si lo hacía, llevaba a Argentina a la Final de un Mundial después de mucho tiempo. Era una mochila jodida en la cabeza y también aparecieron la familia y los amigos. Si lo haces, ellos van a estar contentos y, sino, van a sufrir. Encima estaban detrás de ese arco. Escuchar después los relatos del penal es increíble.

Cuando dejaste Newell’s tuviste ofertas de clubes argentinos y del exterior ¿Por qué elegiste Uruguay?

Siempre dije que en el futbol argentino sólo iba a jugar en Newell’s. A partir de eso, hay decisiones que uno va evaluando en lo futbolístico. Me sedujo la posibilidad de venir a un grande, un club muy copero y que siempre esta ahí con el tema de pelear campeonatos y Libertadores. Siento todavía la necesidad de seguir compitiendo y ganando cosas. La elección fue muy buena porque se dio todo como uno esperaba. Estoy disfrutando y acá hay una calidad de vida muy buena y muy tranquila. Mi familia también lo está disfrutando y eso es bueno porque son los que te acompañan en el día a día y a veces te tienen que aguantar la cara de culo cuando las cosas no salen. Son los que se llevan lo peor. Además, mis nenas se adaptaron muy bien a Uruguay.

¿Piensas en el retiro?

Uno siempre lo piensa y lo vengo haciendo desde que estábamos en Newell’s en 2013 con Nacho Scocco, Lucas Bernardi y el Gato Formica. Hoy la vida me encuentra en la posición de pensarlo pero de disfrutar lo que me queda. Yo hoy disfruto de entrar a un vestuario. Llego una hora antes para tomar mate y me gusta estar con el utilero, el masajista y el cocinero. No tengo planes para después pero me gustaría estar ligado al futbol, ser un nexo entre los dirigentes y los jugadores porque no siento ser entrenador. Puede ser en Atlético de Madrid o en el Espanyol, con quienes hablé, o claro, en Newell’s, porque ahí me gustaría jugar mis últimos partidos.

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