Ultras rusos, la afición que no tuvo cabida en el Mundial

El ultra ruso que lleva tatuado al Zenit en la piel y que vivió el mundial de lejos por estar en la lista negra.
Casi nadie de los ultras fue a ver partidos del Mundial: Ultra Ruso
San Petersburgo -

Ilya camina por el puente afuera del estadio del Zenit, orgulloso de la camiseta con el león rugiente del club de la ciudad.

A diferencia del común de los rusos que intensificaron su afición por el futbol durante el Mundial y se colgaban banderas o se la pintaban en la mejilla aun en los días en que no jugaba su Selección, este ultra vivió ajeno a Rusia 2018 por formar parte de las listas negras, igual que muchos fanáticos no sólo del país anfitrión sino de otros en Europa.

En el brazo izquierdo lleva un tatuaje que dice "puedes odiarme pero también debes temerme" y cuenta sobre la subcultura de los ultras rusos, amantes de las artes marciales y las peleas "reglamentadas" en los bosques.
Y aunque dice que como aficionado sólo vive por su club, también lamenta no haber sido parte del evento que, en buena medida por las restricciones hacia ellos, se dio con escasos desmanes y desmitificó la imagen de una Rusia fría y poco cordial.

"Casi nadie (de los ultras) fue a ver partidos del Mundial porque al Mundial va mucha gente que no tiene ni menor idea de lo que es el futbol. O sea, para ellos es pura diversión y borrachera. Normalmente vamos a ver solamente nuestros partidos. Con el público pues sí entramos en contacto pero no hubo ningún conflicto porque las autoridades hicieron bien su trabajo", relató a Mediotiempo.

La Eurocopa del 2016 significó un parteaguas en cuanto a las restricciones hacia los ultras europeos para entrar a los estadios, e incluso para ir a diversos países, a partir de la violencia principalmente en Marsella que dejó varios heridos graves.

"Muchas personas de toda Rusia estaban molestas por lo mismo y pienso que en Europa igual. Allá es lo mismo, mucha gente no pudo llegar aquí y yo creo que ellos igual estaban preocupados por su país, por su equipo, pero de alguna manera habrán logrado apoyar a su equipo estando afuera del estadio", consideró.

Ubicados, muchos ultras no recibieron Fan ID para el Mundial, el documento indispensable que contaba con todos los datos de quienes compraban un boleto.

"Muchos, por infracciones menores están ahora en la lista negra o hasta en detención domiciliaria", apuntó.

Ilya acepta estar en esa lista y habla del amor por el Zenit como si en todo ello resumiera su identidad. Cuenta que el tatuaje en la pierna izquierda es el escudo del equipo, archirrival del Spartak de Moscú, con la fortaleza de Pedro y Pablo y una flecha, mientras que en la otra pantorrilla tiene un laurel pues desde la Antigua Roma era el máximo premio en la guerra. En su camiseta, el león es el símbolo de San Petersburgo y el 1980 el año en que nació la Unión de ultras del Zenit.

"Es apoyar a tu ciudad natal, es el apoyo al equipo local, es apoyo de los colores locales que no todos se merecen. Es claro que en Rusia es mas dificil estar para los ultras que en Europa, pero hacemos lo posible para hacer este mundo mas colorido y más vivo el futbol, porque el futbol sin ultras se vuelve descolorido", agregó.

"Zenit es mi destino, mi orgullo, es el mejor equipo del mundo en el que no hay color gris. Están solo el azul, blanco y azul marino".

Ilya asegura que en Rusia los ultras tienen códigos establecidos y que en el resto de Europa llegan a pelear incluso con boxers en los puños. También relata cómo les motiva encontrarse con aficiones rivales en los bosques para organizar las batallas, una válvula de escape para gastar energías, mismas que durante este Mundial no pudieron liberar en los estadios. "Sí, normalmente en bosques, la naturaleza y el bosque refresca", añadió.

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