Apertura 2018, un torneo que desborda violencia

Antes de comenzar el Apertura 2018, afición de Pumas y Veracruz tuvieron un enfrentamiento; esta Jornada 10 el Clásico Regio 117 fue el que manchó al futbol mexicano.
 En la Jornada 1, afición de Pumas y Veracruz protagonizaron riña.  (Foto: Imago7)
Ciudad de México -

Los hechos que marcaron la edición 117 del Clásico Regio se unieron a la larga lista de episodios violentos ocurridos este semestre, que registró incidentes incluso antes de que iniciara el Apertura 2018.

Minutos antes del Veracruz vs. Pumas de la Jornada 1, el primer partido del torneo, aficionados jarochos recibieron al autobús de la barra visitante con pedradas a los cristales, además de que luego se enfrentaron en las calles aledañas al Estadio Pirata Fuente.

A la semana siguiente se dio otro episodio similar entre aficionados de Rayados y La Fiera a un costado del Estadio León, cuando seguidores locales buscaron adentro de un centro comercial a aficionados de Monterrey.

Pero la violencia no fue exclusiva de la Primera División, ya que al final de un Celaya vs. San Luis del Ascenso MX hubo incluso detonaciones afuera del Estadio Miguel Alemán de la ciudad cajetera, luego de un encontronazo entre fanáticos de ambas escuadras.

Además, un aficionado fue golpeado en el estacionamiento del Estadio Azteca previo al Cruz Azul vs. León en la Fecha 5, entre otros episodios como el de la Jornada 9, también en Monterrey, donde en la grada del Estadio BBVA se pelearon aficionados de Chivas contra otros de Rayados.

Esta vez, un aficionado de Tigres fue brutalmente golpeado en la cabeza y herido con un arma punzo cortante en el torax, por lo que la madrugada de este lunes fue reportado como grave y en cuidados intensivos, después de ser sometido a una cirugía.

Todo inició porque se encontraron dos autobuses con aficiones rivales debajo de una estación del Metro. Los barristas bajaron de ambos vehículos y previo a las pedradas, un vehículo intentó un atropellamiento masivo sobre los aficionados de Tigres.

Entre ellos iba Palomo, quien no logró escapar con sus compañeros, quedó tendido boca abajo y semidesnudo sobre la Avenida Aztlán, al norte de Monterrey, aproximadamente a cuatro kilómetros del Volcán.

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