Martn del Palacio

Messi, Cristiano y el daino culto al crack

Jueves 25 de Abril del 2013



Lionel Messi es el mejor jugador del mundo. De hecho, en mi opinión y tal como argumenté en este artículo. El más rápido, el más inteligente y el más decisivo. Su aportación al Barcelona, en cuanto a goles y talento, no tiene paralelo en los anales del deporte más popular del mundo. Pero además, el argentino es, sin duda, el futbolista más alabado de todos los tiempos. Con la proliferación de los medios de comunicación y las redes sociales, se pueden leer todo tipo de elogios, desde los mesurados hasta los desmedidos, desde los inteligentes hasta los francamente cursis y ridículos que, además, son la gran mayoría.

Por cada análisis detallado de su juego hay unos mil tweets con frases “poéticas” o lugares comunes como “Messi es un extraterrestre”. En principio, no hay problema, cada quien puede hacer de su inspiración lo que le dé la gana. El asunto es que todo ese culto a la personalidad ha tenido efectos bastante negativos en el terreno de juego.

El argentino es fundamental y decisivo, eso lo sabemos todos, y también lo saben en el Barcelona, sus compañeros, sus entrenadores y los directivos. En consecuencia, el equipo entero lleva unos años como satélite, girando en torno al dios sol con el número 10. Pero lo peor es que también lo sabe el propio Leo, que insiste en jugar siempre, aun cuando la prudencia indicaría que no es lo adecuado. Imagínense, si todos los días lees y escuchas que eres el mejor, el más grande, un superdotado, por más humilde que seas, es natural que empieces a creértelo.

Pero Messi no es ni un dios ni un extraterrestre. No todos los días puede salir a su máximo nivel y, cuando no lo hace, el Barça deja de ser una máquina y se convierte en un equipo bastante mediano. Lo fue ante el Milan en la ida, ante el PSG y ahora frente al Bayern. Y la terrible dependencia de sus compañeros hacia su persona no pudo quedar más patente que en estos últimos dos partidos. Ante los franceses, como el Cid Campeador, su sola figura fue suficiente para inspirar a las tropas y hacer temblar a los enemigos pero, unas semanas más tarde, tanto el Bayern, como los propios blaugranas rápidamente se dieron cuenta que las armaduras no ganan batallas y el resultado fue el que conocemos.

Y, en menor medida, lo mismo puede decirse de Ronaldo. Aún sin la cascada de elogios, poemas y premios que ha recibido su archirrival, el portugués significa para el Real Madrid lo mismo que Messi para el Barça. Y lo sabe. En el partido ante el Dortmund, sofocado por el pressing de las hormigas amarillas, buscaba incansablemente a alguien que lo ayudara, pero ni Özil, ni Modric, ni Higuaín estuvieron a la altura de las circunstancias.

El mantra parece ser: detén al crack y vencerás. No es fácil y casi nadie puede hacerlo, pero los pocos que lo consiguen tienen la receta perfecta. Y resulta aún más paradójico que los dos equipos alemanes que consiguieron anular a los más grandes del mundo lo hicieron con base en un extraordinario esfuerzo colectivo.

Ni el Bayern ni el Dortmund tienen a un jugador que se acerque siquiera a los dos más grandes del mundo. Pero sí un sistema que no depende sólo de la magia de un crack. Cuando no está Ribéry, figuran Müller, Alaba, Mandzukic o Kroos; cuando no aparece Götze, lo hacen Lewandowski, Bender, Gundogan o Reus. En el Madrid están Cristiano, Ronaldo y Dos Santos Aveiro. Y en el Barça, antes del culto a Messi, resolvían Xavi, Iniesta o Villa. Ahora no lo hace nadie. Y así se pueden ganar algunas batallas frente a enemigos buenos pero resulta muy difícil derrotar en una guerra a las grandes potencias.

Como siempre, los invito a opinar en el mail de arriba, la sección de abajo o en www.twitter.com/martindelp.

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