Alemanes presagiaron final trágico en la ópera culé

Los alemanes habían invadido Barcelona dispuestos a ver cómo su equipo avanzaba a la Final de la Champions League.
Los alemanes habían invadido Barcelona dispuestos a ver cómo su equipo avanzaba a la Final de la Champions League.
 Los alemanes habían invadido Barcelona dispuestos a ver cómo su equipo avanzaba a la Final de la Champions League.
Camp Nou -
  • Los seguidores del Bayern ahora ya suenan en una noche llena de cerveza y gloria continental

Desde el mediodía se les podía ver por todos lados. Vestidos con camiseta roja y con una cerveza en la mano. Sentados en los bares de la playa, caminando por la Rambla, paseando por el Barrio Gótico. Los alemanes habían invadido Barcelona dispuestos a ver cómo su equipo avanzaba a la Final de la Champions League. El 4-0 de la ida los animaba a sentirse como en su casa. No había temor alguno, habían llegado a la ciudad dispuestos a pasársela bien tanto en el estadio como fuera de él, y estaban cumpliendo su objetivo. Cuando los grupos se encontraban cantaban el típico “auf gehts bayern, schiesst ein tor” (vamos Bayern, mete un gol) al que añadían un “Europa Pokal” (Copa de Europa), como para dejar claras sus intenciones. A eso de las 18:00 horas, era tiempo de dejarse ir en masa al Camp Nou. En realidad no eran muchos, aunque lo parecieran, unos 3000, que ocupaban una de las cabeceras del estadio. Estaban ahí antes que los locales, e incluso cuando estos llegaron seguían sintiéndose como en su casa. Tal como pasó ayer en Madrid, el comportamiento de los aficionados dejaba claras las diferencias culturales entre los grandes de España y los de Alemania. Mientras el aficionado culé va al estadio a aplaudir como en la ópera, el bávaro lo hace para contribuir al espectáculo. Mientras los azulgrana gritaban de tanto en tanto, los de rojo nunca dejaban de cantar. Y al empezar el segundo tiempo llegó la gran recompensa para los alemanes y todos a celebrar, los cantos aumentaron al máximo de decibeles mientras el resto del estadio se resignaba a lo inevitable. Incluso algunos aficionados catalanes se dirigieron a las puertas de salida, no fuera que los atrapara el tráfico en los siguientes cuarenta minutos. Veinte minutos más tarde, con el autogol de Piqué y el remate de Müller, el goteo se hizo caudal. Los aficionados del Barça se resistían a ver el final de la ópera en la que mataban al protagonista mientras que los alemanes no dejaban de cantar y soñaban ya con una noche llena de cerveza y sueños de gloria continental.

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