Lo que un día fue no será

En tiempos recientes, se habla de que la extinción del llamado “número 10” es un proceso irremediable en el futbol mundial. Se dice que ese sistema de juego, en el cual todo gira alrededor de un...

En tiempos recientes, se habla de que la extinción del llamado “número 10” es un proceso irremediable en el futbol mundial. Se dice que ese sistema de juego, en el cual todo gira alrededor de un “talento”, está a punto de desaparecer. No obstante, se entra en una contradicción, puesto que apenas en la pasada Copa del Mundo de 1998, Francia y Brasil, las dos escuadras que disputaron la final, fueron llevadas de la mano de Zinedine Zidane y Rivaldo, respectivamente. Al excelso futbol de Holanda, que repartía responsabilidades a todos sus elementos, sólo le alcanzó para llegar a la semifinal, y lo mismo le sucedió en la Eurocopa de 2000, que ellos mismos organizaron. El juego de conjunto sirve para ser competitivos y, como dicen algunos, para pelear de “tú a tú”. Pero es un hecho que los duelos importantes sólo se ganan con genialidad y temple, elementos que sólo aporta el “número 10”. En México nos hemos cansado de ver cómo han ido y venido promesas de jugadores que pudieron, en algún momento, llevar las riendas de la selección nacional. Lesiones, bajas de juego, negligencia de directores técnicos y algunas otras circunstancias han dado al traste con los ya de por sí contados casos de “creativos” aztecas. Damián Álvarez, por ejemplo, ese atrevido gambetero que por derecha ponía a temblar a las defensas. Su descaro para driblar, centrar y definir lo llevó a ser llamado a la selección, en la que marcó su único gol ante San Vicente, en partido eliminatorio mundialista. Después de salir del Atlas, el mejor momento de Damián fue con el León; pasó por América, Pachuca y hasta militó en el Yucatán, de la Primera A. También está el penoso caso de César Andrade, quien, teniendo un futuro promisorio con el Atlas y tal vez con Cruz Azul, sufrió aquel accidente automovilístico, que lo retiró para siempre de las canchas, luego de habérsele tenido que amputar una pierna. Ese tipo de fatalidades detrás del volante tiene en el limbo la carrera de Ramón Ramírez, quien, cuando acudía a un llamado al tricolor por parte de Enrique Meza, se estrelló en su camioneta, lo que causó la muerte de una familia que iba en el otro auto. El nayarita sufrió rotura del tendón de Aquiles. Sin embargo, hay que recordar que en sus inicios con Santos, Ramón superó una terrible fractura, para luego tener su mejor momento futbolístico a principios de los años 90, mismo que fue desperdiciado por Miguel Mejía Barón, técnico nacional en aquél entonces, al ponerlo de lateral, pese a que estrategas de la talla de Jorge Valdano aseguraban que México tenía en el nayarita al mejor volante ofensivo del mundo. Sólo podemos imaginar qué hubiese ocurrido si en la media cancha azteca se hubieran juntado los talentos de Ramón y de Benjamín Galindo. Aquella suspensión a México del Mundial de Italia 90 omitió el mejor momento del “Maestro” en su carrera, sin embargo al zacatecano aún le alcanzó para llegar con renovados bríos a justas como las Copas América de Ecuador 93 y Uruguay 95, además del Mundial de Estados Unidos 94. Si nos remontamos a los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, saltarían los nombres de Manuel Sol y Jesús Arellano, a quienes Carlos de los Cobos alternaba en el cuadro sub-23. El primero se ha ido apagando en su paso por varios equipos (ahora con Chivas); el segundo fue la mejor sorpresa que tuvo México en la Copa del Mundo de Francia. Sin embargo, el “Cabrito” sólo fue utilizado como un jugador de relevo para desequilibrar al rival en los segundos tiempos... y vaya que lo hizo. Pero Jesús es un extremo clavado (de los que ya hay pocos), pero no un armador, que se eche al equipo a sus espaldas. Uno más que vino a menos es Luis Fernando Soto, quien fuera pieza clave para que en alguna época el Celaya se salvara del descenso. Gracias a sus buenas actuaciones con los Toros, fue llamado a la selección por Manuel Lapuente, sin embargo se fue a Santos y tuvo un paso con más pena que gloria. Ahora está de nuevo con los bureles y lucha una vez más por permanecer en el máximo circuito. De igual manera, Braulio Luna pasó de ser el volante con más proyección de los Pumas, a un mediocampista un tanto defensivo y hasta en ocasiones lateral con las Águilas del América. Ha sido ignorado por Javier Aguirre y ahora defiende la playera de los Rayos. ¿Quién lo diría? Asimismo, Javier Lozano, luego de quedar marginado de Francia 98 por sus problemas de peso, fue rescatado por Tomás Boy, quien le dio la responsabilidad de manejar los hilos del Morelia, equipo con el que logró el título invernal en 2000. Carácter es lo que le faltó al “Pastor” en el Tri, así como a algunos otros, como Cesáreo Victorino o Juan Pablo Rodríguez, quien tuvo una gran oportunidad en la pasada final de la Copa América ante Colombia, pero no pudo lucir como hubiésemos querido e incluso fue expulsado. Y se apagaron también dos “Luises”: el necaxista Ernesto Pérez y el universitario Ignacio “Gonzo” González, otras estrellas fugaces. Durante el tiempo que lleva Javier Aguirre al frente de la selección ha repartido la responsabilidad de armar las jugadas ofensivas en varios elementos. Recientemente, en la Copa de Oro, el “Vasco” quiso probar en el puesto de “creativo” al tuzo Marco Garcés... en fin, aunque Javier tendrá sus propias conclusiones, creo que no vale la pena hablar de lo que ocurrió en Pasadena. Así que hay que reconocerlo... desde hace varios años sólo han brotado promesas de un 10 que el futbol mexicano pide a gritos, a tan sólo unos meses de hacer el viaje a Oriente.

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