Romano y la mística guerrera

Desde niño he tenido problemas porque mi admiración por el juego suele rebasar a mis aficiones.
El juego ocurre dos veces, en la cancha y en la mente del público
Juan Villoro

Desde niño he tenido problemas porque mi admiración por el juego suele rebasar a mis aficiones. Es decir, cuando veo un partido de futbol, me emociona encontrar una gran jugada, me levanta del asiento un toque de magia, sobre todo si culmina en gol y rara vez me fijo en qué equipos están en la cancha, esto suele causar malestar entre mis amigos y aquellas personas que tienen el infortunio de ver un juego de futbol a mi lado. Por consecuencia, soy de ésos que agradecen cuando un técnico apuesta a jugar con más hombres de ofensiva que defensiva. Me gusta que existan personas que en estos tiempos resultadistas busquen darle alegría al juego. Incluso hasta me molestan un poco los esquemas tácticos en los que se emplea a dos, o a veces hasta tres medios de contención o que juegan con un solo punta. Por otro lado, entiendo que son precisamente los resultados los que hacen crecer a los equipos y los que dan continuidad a los proyectos sin importar, la mayor parte del tiempo, cómo se obtengan éstos. Hoy he querido tocar este tema porque le está pasando al Santos de Rubén Omar Romano: su equipo respeta la esencia del futbol, crea constantemente jugadas de gol, pero está batallando en el momento indicado y por lo tanto ha bajado su producción en los últimos partidos. Esto trae al Santos a una bifurcación en el camino y a una pregunta obligada: ¿Debe Romano continuar jugando con la famosa línea de tres centrales o debe cambiar por una postura un poco más conservadora? Creo conocer la respuesta del técnico y es la misma que la mía; la mística de los Guerreros debe ser ofensiva, con mayor razón si se cuenta con elementos de las características de Ludueña, Benítez, Arce o Quintero por mencionar algunos. Sé bien que al aficionado lagunero le molesta cuando algún rival se encierra en el Corona y pobre de aquel entrenador que así lo decida, porque de inmediato le ponemos calificativos a su trabajo. Por esto creo que la coherencia nos obliga a no caer en el mismo "pecado" de alguno que otro técnico y por esta misma razón le aplaudo a Romano que juegue de la misma forma en el Corona, el Azteca, el Azul, o mejor aún, que ni siquiera le importe el nombre del estadio.

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