El legado de 'Chucho'

Christian Benítez tenía una peculiaridad que lo hacía diferente de la gran mayoría de los futbolistas profesionales de hoy en día. El "Chucho" brillaba por su forma poco usual de gozar del juego.

“No se debe jugar fútbol para ganar, se debe jugar para ser recordado”.- Sócrates (futbolista brasileño) Christian Benítez tenía una peculiaridad que lo hacía diferente de la gran mayoría de los futbolistas profesionales de hoy en día. Independientemente de que poseía dotes naturales para jugar al más alto nivel,  además de sus cuatro títulos de goleo y de sus más de cien goles en México, el “Chucho” brillaba por su forma poco usual de gozar del juego. Recuerdo bien cómo llegó a México apenas a los 21 años de edad y ya con la exigencia sobre su espalda de ser un fuera de serie. Daniel Guzmán y la Directiva de Santos tuvieron el gran acierto de traerlo antes de que se saliera del mercado nacional y fue toda una revelación. Pero hablar de eso, de sus números, logros y campeonatos me parece que está trillado. Yo prefiero recordarlo por esa impresión que me dejó desde la primera vez que lo vi en una cancha. Fue el 5 de agosto del 2007, Jornada uno, Santos enfrentando a Cruz Azul. El “Chucho” no anotó gol pero dejó ver toda la calidad que tenía, la potencia, el gran disparo y la sobresaliente fuerza para vencer rivales. Hubo algo más que me llamó la atención: su sonrisa. Cuando corría por la cancha sonreía como lo hacen los niños cuando juegan, dejando notar que la esencia del fútbol permanecía casi intacta en su ser. Fue algo extraño porque un jugador profesional está tan contaminado del entorno que suele olvidar por qué empezó a jugar. No quiero pecar de cursi ni mucho menos, pero siempre consideré que en él la niñez no se fue del todo, que en muchos sentidos seguía jugando por diversión antes que nada, como si el fútbol nunca se hubiera convertido en su trabajo. También entiendo que ganó mucho dinero y que buscó siempre ganar más, pero si observan  los videos de sus juegos verán de lo que les hablo: Christian tenía esa imborrable expresión de júbilo, de gozo por el deporte. Y eso ya lo hacía diferente del resto de los de su estirpe. Así quiero recordar al “Chucho”, a quien pude conocer de cerca y de quien sigo pensando que dejó todo en la cancha de la misma forma en que lo hacen los niños en las plazas con las porterías de ladrillo. Christian Benítez dejó esa lección en mí y espero que también lo haya hecho en sus compañeros, para que cuando lo recuerden sonrían tal como lo hacían de niños. Descanse en paz, Christian Benítez, uno de los mejores futbolistas que he visto.

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