Con dedicatoria al buen fútbol

Por Alejandro Asmitia V.

Por Alejandro Asmitia V. ¡Viva Francia, viva el buen futbol! Así comenzamos la columna de este día dedicada al gran juego de los campeones del mundo que reafirmaron su jerarquía y se llevaron merecidamente el máximo trofeo de naciones de Europa. La escuadra gala con base en un atinado y buen juego de conjunto logró el ansiado doblete al ganar la Copa del Mundo en 1998 y ahora la Eurocopa en este año 2000. El equipo francés globalmente fue el mejor cuadro de la competencia y con justicia pudo alzar la copa en la cancha de Rotterdam, convirtiendo su triunfo en un homenaje al buen futbol. Si bien es cierto que Francia batalló en serio para llevarse la competencia -ya que estuvo a punto de caer en la final ante Italia- el esfuerzo por alcanzar la igualada y posteriormente motivarse para anotar el gol de oro en los tiempos extra quedarán para el recuerdo de todos los aficionados al buen futbol, que es el tema principal de la columna en esta ocasión. En realidad debemos comentar que fue una satisfacción ver ganar a Francia ya que es un equipo propositivo, que busca siempre el marco contrario y esto le ha valido ganar los dos máximos trofeos anteriormente mencionados, además esta victoria reafirma la conseguida hace dos años en Saint Dennis, la cual provocó algunas suspicacias que fueron sepultadas de tajo con el campeonato de esta onceava edición de la Euro. Y no es que tengamos nada contra otro gran equipo como lo es Italia, una selección que ha sido tricampeona del mundo, ganadora de infinidad de trofeos y con uno de los futboles más importantes del planeta; la Squadra Azzurra cuenta además con jugadores de primer nivel que pueden definir cualquier partido en un segundo gracias a su enorme calidad, pero lo que siempre se le cuestionará al conjunto azul es su forma y estilo de juego, la cual deja mucho que desear debido a su ultraférrea defensa que no permite el accionar de los rivales. El estilo italiano siempre ha sido neutralizar al rival y posteriormente intentar hacer algo hacia el frente, por lo que va contra la esencia de este deporte; por desgracia esta forma de juego ha sido sumamente efectiva para los de la bota, por lo que se ve difícil que algún día cambien, pero en la mayor parte del mundo, la forma y estilo de juego azzurro cada vez gustan menos y no tienen nada que ver con el futbol vanguardista de este siglo XXI. Todo ello hace muy importante el triunfo de Francia; la tensión de la gran final comenzó antes de jugarse el partido decisivo con los uniformes ya que ambos equipos visten de azul, pero esta vez fue Italia el que tuvo que cambiar su vestimenta, lo que benefició cabalísticamente a los franceses; ya en el encuentro, Francia sufrió con esa defensa de hierro de los italianos, quienes tuvieron una llegada y la metieron para establecer la diferencia que en muchas ocasiones la convierten en decisiva, no fue sino hasta el tiempo de compensación cuando Wiltord logró el empate para mandar todo a tiempos extra, pero este hecho a final de cuentas le convino a los galos porque en la prórroga lograron dosificar mejor el esfuerzo, ante unos italianos cansados que buscaban los penales, y finalmente la victoria, el título y la gloria se la llevó el que más lo merecía, los campeones mundiales que ahora son también monarcas de su propio continente. ¡Viva Francia, viva el buen futbol!

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