El Dedazo de Azcárraga

La semana que hoy inicia marcará el rumbo del futbol mexicano no solamente para los próximos cuatro años. En la junta de dueños, que por cierto se atrasó de martes a miércoles quien sabe porque...

La semana que hoy inicia marcará el rumbo del futbol mexicano no solamente para los próximos cuatro años. En la junta de dueños, que por cierto se atrasó de martes a miércoles quien sabe porque razón, se definirá gran parte del proyecto con el cual buscarán cambiar la estructura de organización con la que la Federación Mexicana de Futbol ha venido trabajando en los últimos tiempos y que, contrario a lo que muchos piensan, tiene a la Liga mexicana muy lejos de estar entre las 10 más sólidas del mundo.

La intención, según se ha dicho, es convertir, primeramente, a la FMF en un organismo independiente a la Liga mexicana (tal y como ocurre en países mucho más exitosos sobre todo económicamente, por ejemplo España) y convertir el torneo nacional en una especie de fiesta VIP donde ya no habrá cabida para los nuevos invitados que cada año se ganaban su acceso ganando en título de la Primera  División “A”, pero tampoco nadie saldrá. Fiesta denominada Liga Premier.

A partir de esta División, el objetivo estará enfocado en dos temas primordiales: generar mil millones de dólares de ganancias incluyendo clubes y selecciones nacionales y repartir equitativamente entre los 18 equipos las ganancias.

En el papel se lee muy atractiva la idea porque en el camino de este proyecto (se supone) los aficionados tendrán un lugar muy importante al verse beneficiados con la fortaleza del Torneo mexicano, con productos más atractivos para su consumo; los clubes dejarían de tener pérdidas y manejarían sus finanzas de manera clara y pública (¡Situación que dudo mucho!) ; se acabaría la inflación a través de la implementación de un tope salarial (ningún jugador podría ganar más de “x” cantidad al año y ningún equipo podría gastar más de “x” presupuesto).

No cabe duda que el proyecto realizado por el ex Secretario de Hacienda, Pedro Aspe, socio del dueño de Televisa, Emilio Azcárraga, en la aerolínea de bajo costo Volaris, sería totalmente innovador y benéfico en comparación con la muy limitada línea con la que se maneja nuestro futbol.

Sin embargo, siempre existe el negrito en el arroz.

Aunque Alberto de la Torre tenía ganada la reelección de la FMF apenas 3 semanas atrás hoy parece totalmente borrado y todas las miradas apuntan a Justino Compeán, por muchos años Presidente de los Rayos del Necaxa, pero por muchos años más empleado de Televisa.

Al más puro estilo de la política de antaño en México, la grilla por debajo de la mesa en busca del “trono real” fue con dardos de lumbre. Antes de dirigir el “dedazo” sobre su empleado, Emilio Azcárraga buscó convencer y fortalecer a su “as bajo la manga”: Jorge Vergara, dueño de Chivas.

Tan fuerte era el interés de Azcárraga por Vergara que mandó a gente de su entera confianza (léase  Guillermo Cañedo) a llevar a cabo los amarres necesarios con la gente de FIFA y CONMEBOL. La gran historia de éxito del dueño del Guadalajara hizo pensar al de Televisa que podría ser el hombre ideal para dirigir el futbol, sin embargo, la personalidad de Vergara fue razón suficiente para que muchos otros dueños no lo vieran con buenos ojos y su candidatura estaría prácticamente descartada.

Al derrumbarse su “carta oculta”, Azcárraga optó por el de casa y marcó la línea a seguir al resto de sus colegas: el elegido es Justino Compeán.

Sin discutir si tendrá la capacidad para llevar a la práctica lo que en el papel les puso Pedro Aspe una cosa está clarísima con Compeán en la silla: El futbol regresa abiertamente a ser controlado desde las oficinas ubicadas en Chapultepec 18 y, por ende, el gran beneficiado con la reestructuración del futbol será el emporio de Emilio Azcárraga.

La falta de democracia puede dar al traste con los objetivos primordiales del proyecto. El resto de los dueños, incluyendo a Ricardo Salinas dueño de TV Azteca, se tendrán que alinear a las órdenes dadas, aunque la promesa de una distribución de riquezas equitativa pueda ser una utopía.

La ambición por el control total de Televisa con la sumisión del resto de los propietarios puede significar el fracaso rotundo de este gran proyecto. El tiempo lo dirá.

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