La agonía del romanticismo

A diferencia de la política, por ejemplo, los aficionados al deporte y en especial al futbol tendemos mucho a la añoranza. A millones, seguramente nos encantaría que este deporte, con las cosas...

A diferencia de la política, por ejemplo, los aficionados al deporte y en especial al futbol tendemos mucho a la añoranza. A millones, seguramente nos encantaría que este deporte, con las cosas positivas que tiene hoy en día, hubiera mantenido la esencia que lo caracterizó durante tantos años y que poco a poco, con la famosa transformación del mundo a lo globalizado, se va extinguiendo.

La contratación que cimbró el "mercado de invierno" en México, sin duda alguna fue la del guardameta Oswaldo Sánchez con el Santos de la Laguna. Y no lo es solamente por lo que representó en números económicos (más menos 4 millones de dólares), que son para los estándares de nuestro país una verdadera locura por un solo jugador, sino porque representa, igualmente, una flecha más al romanticismo y a lo que representa la figura de un verdadero ídolo para los millones de aficionados que tiene un equipo, en este caso el más popular de México, que es el Guadalajara.

Cuántos suspiros y cuanta tristeza habrá generado y seguirá generando la salida del mejor portero mexicano del equipo con mayor identidad y aún así, nunca se vio una verdadera intención de alguna de las partes por poder mantener una relación que iba mucho más allá de lo deportivo. La pareja Chivas – Oswaldo Oswaldo – Chivas no sólo implicaba el contrato laboral y la búsqueda de un campeonato -que finalmente se obtuvo-,  representaba el tener y defender como rojiblanco a la mayor figura mexicana en sus filas, que a su vez generó incluso, el fortalecimiento de la devoción por ser seguidor del Guadalajara y todo lo que esto conlleva.

Quién puede decir, en medio de esta vorágine de millones de dólares, que hay un culpable por la salida del tres veces mundialista del equipo monarca del balompié azteca. Como inculpar a Oswaldo por actuar como casi cualquiera lo haría, por pensar en el futuro y la tranquilidad de su familia y aceptar una oferta económica infinitamente superior a la que le ofrecía el club al cual defendió -a todos nos consta- con enorme valor, entrega, coraje y hasta con lágrimas durante tantos años, haciendo completamente a un lado el amor a los colores, a la historia y a la gran afición de las Chivas Rayadas del Guadalajara.

Como afirmar que la Directiva que encabeza Jorge Vergara es la verdadera culpable por la salida del emblemático jugador si hoy, más que nunca, a un club hay que manejarlo como una gran empresa cuyo objetivo, además de alcanzar los objetivos deportivos, hay que mantenerlo con estabilidad en las finanzas para continuar compitiendo en un mercado tan duro como lo es el futbol.

Cualquier dueño o cabeza de un gran consorcio (como lo es sin duda el Guadalajara) seguramente entenderá en términos financieros la táctica asumida por la directiva rojiblanca: durante años cada uno explotó en términos económicos a su "socio" y los dos ganaron mucho dinero; en el plano deportivo nadie puede negar lo que Oswaldo fue para Chivas pero tampoco lo que representó para la carrera del guardameta su paso por el cuadro Campeón del futbol mexicano. Llegó el momento de terminar

Más allá de lo que ha salido de su bocota durante tantos meses, Jorge Vergara está en todo derecho de manejar a su empresa como mejor le convenga y nadie podrá negar que la salida de Oswaldo del club es un verdadero alivio para sus finanzas, quitándose cerca de millón y medio de dólares de la nómina, que podrá ser invertido en cualquier otro objetivo.

En términos deportivos es otra la visión y es en este rubro donde surge la añoranza. Hubiera sido ideal y hasta histórico que Oswaldo Sánchez hubiera decidido permanecer y retirarse defendiendo los colores del Guadalajara. Hubiera sido ideal y hasta histórico que la Directiva de las Chivas hubiera decidido igualarle la oferta a Oswaldo para asegurar su permanencia por siempre en el equipo. El hubiera no existe.

Que duro es entender (o tratar) y aceptar las reglas que rigen al futbol mundial en los inicios del nuevo siglo y México, como un país poderoso en términos económicos a nivel continental, es un irrenunciable y activo seguidor de las tendencias que prevalecen.

Como todo en la vida hay estrategias que duelen, y sin duda que la ruptura Guadalajara–Oswaldo dañó muchísimo al romanticismo del futbol.

Feliz Navidad y muy próspero 2007.

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