¡Maldita costumbre!

Desde hace años, a la Liguilla del torneo mexicano se le ha también denominado la "Fiesta Grande". Los motivos son muchos: porque llegan supuestamente, los mejores del torneo; porque es, en esa...

Desde hace años, a la Liguilla del torneo mexicano se le ha también denominado la "Fiesta Grande". Los motivos son muchos: porque llegan supuestamente, los mejores del torneo; porque es, en esa parte del torneo, donde aparecen las verdaderas emociones y pasiones de los aficionados por sus equipos y porque es en esta "fiesta" donde los invitados utilizan sus mejores armas en pos de ceñirse la corona.

Pero en México se ha vuelto ya tradición que también la Liguilla sirva para que desaparezca la autocrítica, el reconocimiento a los errores propios y virtudes del rival que influyeron en el resultado, el autoanálisis de las capacidades y debilidades y todo se ha centrado en justificar las derrotas en una sola palabra: arbitraje.

Bien dicen que "desde que se inventaron los pretextos se acabaron los p… tontos" y en el futbol mexicano un alto porcentaje de los involucrados se han recargado en este refrán para explicar sus tropiezos.

Y no necesitamos irnos muy lejos. En este Apertura 2007 estamos llegando a la instancia más importante; en el camino se han quedado ya cuatro equipos en la fase de Cuartos de Final y como explicación principal -¡ahora resulta!– Cruz Azul, Toluca, Morelia y San Luis, en menor proporción, encontraron que quienes fungieron como jueces influyeron de manera directa para que hoy estén de vacaciones o pensando en el siguiente torneo. Todavía anoche, a pesar de la superioridad de Chivas, sobre todo en el segundo tiempo, hay quienes afirman que Arredondo le dio el triunfo a los tapatíos.

Una cosa deberá quedar clara. El árbitro y sus asistentes son parte fundamental del juego y mientras la FIFA no se atreva a dejar atrás su inexplicable conservadurismo y de oportunidad a que la tecnología colabore para una mejor impartición de justicia, por más que los "satanicen", tendrán que vivir con los aciertos y errores de un ser humano, porque aunque muchos no lo entiendan, los árbitros no son infalibles.

Resulta increíble y penoso que hasta los propios ex árbitros que hoy hablan con enorme autoridad en los medios de comunicación sean los primeros "asesinos" de sus colegas. En lugar de buscar incidir en la opinión pública en relación a que un árbitro, al igual que los 22 jugadores que están en la cancha, pueden influir en el desarrollo y resultado de un partido, son los primeros en acusar a su profesión de eliminar o calificar a una escuadra.

No se trata de negar que el arbitraje mexicano necesita una muy sólida estrategia para incrementar su nivel. Mejores instructores, mejores psicólogos, mayor fogueo y una cabeza que sepa llevarlos sin apresurarlos. Por supuesto que cometen errores y para que nadie se asuste, seguirán cometiéndolos. Pero hoy quienes afirman que el arbitraje mexicano se maneja de acuerdo a intereses o preferencias de los propios silbantes se han dejado influir, tristemente, por actores directos de este deporte y por los medios de comunicación

Nunca serán más los errores de un Árbitro en un partido que los que cometen los 11 jugadores del equipo eliminado, sean de carácter ofensivo o en su zona defensiva. Cómo puede hablar Cruz Azul o Toluca del arbitraje si en 180 minutos no fueron capaces de ser superiores a su rival. Con qué cara Morelia puede hablar del silbante si en 2 partidos Santos le anotó sólo ¡5 goles!.

El mejor equipo no sólo es el que hace más goles que su rival, sino el que sabe adaptarse mejor a las circunstancias que se dan en 90 minutos, entre ellas, desde luego, están las decisiones del árbitro. A ninguno de los 4 semifinalistas les regalaron su lugar en esta instancia y estoy seguro, por más que directivos, jugadores y algunos medios de comunicación se esmeren en decirlo, estoy seguro que los dos finalistas estarán en pos de la corona por méritos propios.

Regla básica del crecimiento es la autocrítica. Mientras en México no entendamos eso, seguiremos escuchando cada torneo que el arbitraje es la razón de todos los fracasos. ¡Maldita costumbre!Opina de esta columna aquí.

Newsletter MT
Suscríbete a nuestro boletín de noticias deportivas.
No te pierdas