Mentes que (no) brillan

Tan sólo siete minutos separaron al América de la gloria. Tan sólo 420 segundos de lograr lo que parecía una hazaña, pero la cobardía trasmitida desde la banca acabaron con las ilusiones de miles...

Tan sólo siete minutos separaron al América de la gloria. Tan sólo 420 segundos de lograr lo que parecía una hazaña, pero la cobardía trasmitida desde la banca acabaron con las ilusiones de miles de americanistas que tocaron el cielo y en una fortísima caída libre, se toparon con una muy triste realidad.

Una Final se mide por lo realizado a lo largo de los 180 minutos y para ser honestos, las Águilas no merecían el título de la Copa Sudamericana porque no supieron cómo ser mejor que su rival y canalizarlo en la portería de Cuenca. Pero el futbol, en varios de los casos, no es de merecer o no, sino de efectividad y esta situación sí la había sabido aprovechar el equipo mexicano, teniendo todo en contra y en territorio sudamericano.

Un equipo que aspira a un título continental no puede cometer los imperdonables errores que cometió América en su sector defensivo en el partido de ida. El que tiene "alas" para Campeón, no puede darse el lujo de sentirse con el título en las manos antes de tiempo y por creer que el rival es inferior, sacar la mente del encuentro cuando se tiene la ventaja y dar por descontada la victoria cuando el silbante aún no pita el final. El que anhela un título de esta envergadura, no puede pensar que generando seis o siete llegadas de gol en un partido y fallando más de la mitad, le bastará para alzar la corona.

Todo esto le sucedió al América en el partido del pasado viernes en el Estadio Azteca.

Pero a pesar de la gran cantidad de fallas en la primera batalla, al América le estaba alcanzando para lograr el objetivo en Argentina. Olvidando por completo la promesa del nuevo técnico, al equipo mexicano en ningún momento le importó la forma, el fondo era lo realmente trascendente.

Fueron casi 20 minutos en los que la vergonzosa lentitud, vulnerabilidad y descoordinación de la zaga amarilla, al igual que su tímida estrategia ofensiva, quedaron en el olvido. Juan Carlos Silva enmudecido al Presidente Perón e hirió de muerte al Arsenal.

Pero lo que es el destino. El enemigo se apareció en el banquillo.

El cobarde cambio de Brasilovsky (salió López y entró Rodríguez), no solamente dejó con vida al anfitrión, sino que le llenó los pulmones de aire y le permitió pelear como auténtico guerrero en pos de la victoria. Los americanistas no pudieron evitar la derrota impulsada –¡que ironía!- desde la mente de su estratega. El resultado ya lo conocemos.

Suena duro decirlo, pero habrá sido la mayor lección de vida para el entrenador americanista.

El "AMERICANISMO" no se presume de palabra. El "AMERICANISMO" no se promete desde un micrófono. El "AMERICANISMO" se profesa con hechos, no con recuerdos.           Y hasta ahora, luego de tres meses al frente del equipo, es lo único que ha hecho Daniel Alberto Brailovsky.

Opina de esta columna aquí.

Newsletter MT
Suscríbete a nuestro boletín de noticias deportivas.
No te pierdas