Diferenciar a los responsables

Siguen pasando las horas y los días luego de la eliminación de México y, como suele ocurrir, lejos de irse aclarando las dudas y los cuestionamientos del por qué de este nuevo tropiezo del futbol...

Siguen pasando las horas y los días luego de la eliminación de México y, como suele ocurrir, lejos de irse aclarando las dudas y los cuestionamientos del por qué de este nuevo tropiezo del futbol mexicano, quienes tendrían que dar explicaciones de todas las preguntas que tiene la sociedad mexicana optan por la salida más fácil, que es: "aceptamos nuestra responsabilidad, pero no damos mayor detalle de todas las decisiones tomadas antes y durante el Mundial". Es importante comenzar a poner la cabeza en frío, tras la calentura y la rabia que generó la derrota del domingo ante Argentina y tratar de ir desglosando en partes el "todo" que representa esta quinta eliminación consecutiva en Octavos de Final de una Copa del Mundo. En primera instancia hay que saber diferenciar entre los grandes males que aquejan y han aquejado al futbol mexicano durante décadas enteras y lo ocurrido durante los cuatro partidos que se jugaron en Sudáfrica. Referente al segundo punto, no hay ninguna duda. El gran responsable del "fracaso" tricolor se llama Javier Aguirre, por la simple razón de que él era la máxima autoridad deportiva en la Selección. El "Vasco" no supo manejar a la que efectivamente pueda ser considerada la Selección más talentosa de la historia, por la calidad individual de los que formaron parte de ella. En pocas palabras: "Tristemente le quedó grande el paquete a Javier Aguirre". Ni sus casi 20 años de experiencia pudieron darle la capacidad y la tranquilidad para entender situaciones que parecían obvias dentro de la Selección. Como se dice en México: "Javier Aguirre se montó en su macho" y no hubo poder humano que lo hiciera recapacitar sobre el accionar futbolístico del equipo nacional, ni siquiera el señor "poses", su auxiliar Mario Carrillo, a quién pocos mencionan tras la eliminación tricolor, pero que también deberá asumir como propio este fracaso por su enorme influencia en el desempeño del cuadro mexicano. Decisiones inexplicables a nivel técnico provocaron la despedida de México. Un gran estratega es aquél que sabe cuándo y cómo mover sus piezas para rediseñar el funcionamiento sin perder su esencia. Aguirre y Carrillo demostraron no tener esos dotes, no al menos durante su participación en la Copa Mundial. Plausible, sin embargo, que a diferencia de hace 4 años cuando La Volpe corrió como un cobarde y no se atrevió a dar la cara tras la eliminación en Octavos de Final, Aguirre regresó a su país a enfrentar a la crítica y aceptar su responsabilidad por el doloroso tropiezo con la misma piedra por quinta ocasión consecutiva. Desde luego hay mucho que reclamarle a Javier Aguirre, sobre todo por haber desaprovechado una oportunidad de oro con una generación claramente diferente, pero también habrá que agradecerle y reconocerle que por segunda ocasión salvo un barco que se hundía sin detenerse y que gracias a él, México acudió a la fiesta del futbol mundial. Era evidente que Javier no podía seguir al frente del Tricolor, no solamente por sus fallas y necedades en Sudáfrica, sino porque éstas, aunadas a sus declaraciones en España y la campaña publicitaria previa al Mundial, hubieran generado un ambiente muy tenso en su contra desde el inicio del nuevo ciclo. Él fue el máximo responsable con autoridad plena en lo deportivo, él tenía que pagar con su chamba la caída. En cuanto al primer punto, el de los males que han aquejado durante años, todos tenemos claro que hay que modificar un sinfín de situaciones y decisiones que dañan el desarrollo del futbol mexicano: torneos largos, número de extranjeros, desarrollo de fuerzas básicas y, quizá la más importante de todas, mientras en la Federación no entiendan cómo diferenciar lo futbolístico con lo económico, y sigan dándole más relevancia a lo segundo que a lo primero, México podrá jugar las próxima 5 Copas Mundiales y seguirá perdiendo en la misma segunda ronda, porque ése es el nivel al que lo han dejado crecer sus propios dueños. Si las televisoras siguen queriendo obligar a recaudar millones y millones de dólares a costa de la imagen de sus "productos", pero a la vez disque exigir crecimiento y desarrollo deportivo, el futbol mexicano seguirá en el mismo escalón. Por cierto, la última de las televisoras: sumamente enojados porque pese a ser los "amos" de este deporte, no les permitieron entrar a los vestidores, camión y hotel de concentración de la Selección Mexicana durante su estancia en Africa, son los primeros en empujar la salida de Néstor de la Torre, a quien apenas, hace unos meses respaldaron totalmente con su proyecto hacia el 2020, pero hoy lo culpan de "obstaculizar" sus derechos. Así, no se puede ni se podrá. La decisión está en manos de las dos televisoras y de los dueños que puedan influir. Y que les quedé claro que la más importante no es designar al nuevo estratega, sino el decidir qué van a hacer con su negocio, para que deje de ser sólo exitoso en lo comercial y fracasado en lo deportivo.

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