La infidelidad en el futbol

Llevo 6 horas buscando un tema. En Semana Santa la información escasea y resulta muy difícil encontrar algo que genere interés en los aficionados al deporte y en particular al futbol. Hartos de...

Llevo 6 horas buscando un tema. En Semana Santa la información escasea y resulta muy difícil encontrar algo que genere interés en los aficionados al deporte y en particular al futbol. Hartos de partidos a media semana, en fin de semana; de copas, recopas, hipercopas y ultracopas, terminé confundida entre el gusto por el futbol y el disgusto.

Porque la verdad no todos los partidos son buenos. Y en ese ir y venir en la cancha de mis pensamientos e ideas, me encontré con una foto de Paolo Maldini. Es reciente, está sacando la lengua dentro de una sonrisa de paz e integridad. Alrededor de sus ojos están las marcas de cada uno de los partidos que ha jugado con el Milán y con la Selección Italiana. Y ahí, frente a la simpleza de un recorte de periódico, entendí que no hace falta darle mil vueltas ni recorrer todos los rincones de mi casa, del Internet, o del mundo del deporte para comunicar que la grandeza del futbol esta en su sencillez.

¿Por qué sonríe Maldini?… porque está satisfecho con su carrera y consigo mismo, porque jamás fue infiel al Milán, ni a su posición de Capitán. Porque en el fondo, sabe que tuvo la oportunidad de volverse un hereje de las canchas, seducido por la tentación de los más grandes de Europa y prefirió quedarse para siempre. Por eso, jugadores y carreras como la de Maldini siguen dándonos lecciones todos los días, aunque sólo sea desde una simple fotografía.

En México también existen ejemplos de este tipo. El más recurrente se llama Alex Aguinaga. Murió y vivió vestido de rojiblanco. Aguinaga es más famoso que el Necaxa entero y su rostro podría ser el logotipo de la institución. Hoy, es un directivo feliz y un futbolista entero, cualidad que el 99.99 por ciento de las veces coincide con un ser humano integral.

Aunque a muchos no nos guste y su ejemplo de lealtad y fidelidad, se limite al campo de juego, Cuauhtémoc  Blanco ha demostrado ser un futbolista entregado a una causa. El América es y será el gran amor de Blanco en toda su vida, el matrimonio perfecto, la pareja ideal y el romance eterno. Nada que reprocharle a Cuauhtémoc en ese sentido.

Contrario a ellos, encontramos ejemplos como el de Oswaldo, quien a pesar de lo que se diga, para la afición canjeó los colores y el amor por una camiseta por un cheque en blanco. Cayó en la tentación de la infidelidad y hoy está a punto de perder hasta la titularidad de la Selección Nacional.

¿Cuántas veces hemos visto historias como esta en la vida real? Aquella en las que un hombre o una mujer parecen tenerlo todo y un buen día deciden abandonarlo para cambiarlo por algo nuevo, ambicioso, seductor y exótico. A la larga, aparece el arrepentimiento y la soledad.

Roberto Carlos declaró hace algunas horas que es un hombre solitario e infeliz: "En los últimos dos años he tenido muchísimos problemas personales. Me han llegado a destruir, estaba solo... Mi representante me engañó y me separé de mi mujer", confesó el jugador de 34 años.

Sin duda, en el futbol también hay valores. La lealtad y la fidelidad son confundidos con rutina, aburrimiento y antigüedad. Pero por fortuna, en unos años podremos presumir que todavía nos tocó ver a jugadores como Maldini, quién a sus casi 40 años de edad y 22 como futbolista profesional, aún puede ver directo al lente de la vida, sonreír, y orgullosamente, sacar la lengua…

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