Láaaaastima Margarito

En México, la diferencia entre un futbolista de primera y uno de segunda es abismal. Pero no debería serlo. Como sociedad estamos acostumbrados a señalar las deficiencias y las carencias y así...

En México, la diferencia entre un futbolista de primera y uno de segunda es abismal. Pero no debería serlo. Como sociedad estamos acostumbrados a señalar las deficiencias y las carencias y así ponemos etiquetas a la gente. Con el futbol pasa igual; equipos chicos, equipos grandes, nóminas poderosas  y puntuales al lado de otras que no llegan ni a la quincena. Jugadores que con un  mes de su salario, podrían cubrir el sueldo del medio campo, la delantera y la defensa de un plantel completo.

Se llama Margarito, nombre poco común para un jugador de futbol. Su padre lo eligió sobre la propuesta de Francisco Javier de su madre, que parecía más sensata con su destino. Pero Margarito le queda bien y aunque no le molesta, prometió que jamás llamaría a un hijo así. En la cancha le dicen "Mago" o el "Negro", dependiendo las circunstancias de lo partidos, como aquellos que jugaba en el suelo duro y pobre desde que aprendió a caminar. Los tenis no eran opción, jugaba descalzo y en ocasiones se cortaba con los vidrios que había en el piso de las caguamas de Corona, hoy cervecería dueña del equipo al cual un gol suyo puede mandar a la Primera División "A".

Margarito ya probó el glamour de un equipo grande, el Cruz Azul, del que quedó maravillado por sus instalaciones, sus lujos, su popularidad con la prensa, su Directiva, los viajes con traje. Dice que para él, fue un sueño fugaz que pasó de repente, porque por lo único por lo que había que preocuparse, era por calificar a una Liguilla y si acaso, el título. De celeste, no lo vimos cómodo. ¿Será que no estaba acostumbrado a tener todo fácil?

¿Láaaaaaaastima Margarito…? No, no la merece. Ha luchado mucho para que no se la tengamos y estoy segura que pase lo que pase, mañana a las 6 PM nadie sentirá  eso por él. Y aunque nunca ganará los millones de los refuerzos de Santos, su rival porcentual del domingo, la vida lo pondrá en condiciones similares durante noventa minutos. El futbol tienen sus miserias, pero también ofrece historias que merecen contarse, y quien sabe, quizá el próximo lunes el chico se volverá grande y el rico será pobre. Algo que en la vida es muy difícil que suceda.

A sus 28 años, Margarito es un auténtico guerrero que nació para estar en equipos difíciles y en situaciones críticas. En esos en los que se vive al día, se desconoce el mañana y no existe más que luchar para vivir. En los que la incertidumbre se vuelve parte de la personalidad; hablo de esos equipos que ya escasean, en los que se juega con un balón llamado corazón.

Estuvo en La Piedad, pero no necesita que se la tengamos. Hoy es de los Gallos, que en las tradicionales ferias son un animal que pelea hasta la muerte. Nació en Cruz Grande Guerrero y sobre su espalda la carga en forma  de descenso. Dice que en su retiro se visualiza en un rodeo, encima de un toro, porque su vicio es la adrenalina de no saber qué es lo que va a pasar y la conciencia de que en sus manos está el sostenerse.

Y al final, el futbolista de primera y el de segunda juegan a lo mismo. Profesionalmente, descender les dolerá igual, pero lo más seguro es que uno de primera pueda acomodarse en cualquier otro equipo, y si no por lo menos pudo ahorrar lo suficiente para vivir bien mientras decide qué hacer. El de segunda no sabe lo que va a pasar, pero no le asusta porque así ha vivido siempre. A lo mejor no cobrará el último mes, el equipo cambiará de dueños o lo pondrán a la venta. Y habrá que volver a empezar, con las dudas y la batalla diaria del camino al ascenso, del que guarda buenos recuerdos y aunque no pudo ahorrar, logró reunir lo suficiente para obtener a plazos el coche con el que soñaba en Cruz Grande… No es un BMW o un Mercedes, es una pick-up. Una diferencia más entre un jugador de primera y uno de segunda.

Opina de esta columna aquí.

Newsletter MT
Suscríbete a nuestro boletín de noticias deportivas.
No te pierdas