Aarón Galindo, la otra historia…

Con el escándalo Carmona de los últimos dos días, ¿no pensaron en Aarón Galindo?

Con el escándalo Carmona de los últimos dos días, ¿no pensaron en Aarón Galindo?

Socio de Salvador en el pecado y villano secundario de la historia. La conjugación de los apellidos Carmona-Galindo, es posiblemente la más citada de la historia moderna de nuestro futbol; y sin embargo, hoy aparece completamente dividida. Las decisiones en la vida de las personas suelen marcar el futuro a favor o en contra. Para Aarón Galindo, en igualdad de circunstancias que Carmona, la corriente y la marea lo llevaron a otro puerto. Muy lejano al que vimos ayer.

La realidad es que Aarón huyó después de cumplir su año de sanción. Se marchó al primer equipo dispuesto a contratarlo y ese fue el Hércules de Alicante en  la Segunda División española. Ahí, intentó refugiarse en señal de luto por su carrera y al mismo tiempo encontró la oportunidad para olvidar y olvidarse de lo que fue.

Perdiendo piso y horizonte, Galindo solía ejercer de falso "jet set" en una liga donde a pesar de ser europea, está llena de jugadores hambrientos y duros, que suelen pelear por un lugar en el mundo del futbol mediático, ese del que Aarón formaba parte con la Selección Nacional y el Cruz Azul.

Su etapa en la Segunda División española lo purificó, regresándolo a la realidad cruda y cruel: Aarón Galindo no era nadie en el mundo del futbol y sobre sus hombros cargaba un pasado ilícito. Nunca habló, prefirió purgar su condena en soledad, lejos de Carmona y el futbol mexicano. Y en ese purgatorio llamado Hércules, pagó cada mililitro de nandrolona.

En franca rebeldía y con plena inconsciencia de sus actos, Galindo todavía se atrevió a reclamar dinero a Cruz Azul, influenciado otra vez por fuerzas ajenas a su realidad y entonces parecía que su carrera había terminado. Abandonado por el Hércules y señalado por el entorno, era el villano principal de la película, mientras Carmona guardaba un perfil más bajo y solitario en La Noria.

Para salvar la carrera de Galindo se necesitaba un milagro, algo tan inesperado como ser rescatado por la FIFA. Porque sólo un cruce del destino sería capaz de recuperarlo como futbolista profesional.

Y entonces sucedió, el futbol con sus extrañas maneras de comunicarse lo convirtió en vecino e inquilino de Zurich, sede central de su verdugo y casa de su perseguidor más feroz. Se convirtió en jugador del Grasshoppers, el equipo consentido de Joseph Blatter, quien desde su ventana es capaz de mirar el entrenamiento de Galindo todos los días y estar pendiente de cada movimiento del mexicano.

Cuando Carmona era nombrado Capitán de Cruz Azul, Aarón decidió enrolarse en las filas de este equipo, al que muchos llaman "el cuadro del régimen". Sería inaudito que en este club las reglas y las normas se rompieran. Sería imposible fallar justo ahí, donde se dirige y maneja el futbol mundial. El Grasshoppers se convirtió en el reformatorio y claustro de su carrera, una nueva carrera que hoy se encuentra en desarrollo mientras que la de su contraparte Salvador Carmona ha terminado para siempre y de una manera vergonzosa; reincidencia y castigo de por vida.

A diferencia de Carmona, Galindo fue reincidente con el futbol y con la búsqueda de oportunidades. Lo intentó lejos de su casa, de su realidad y del futbol mexicano al que tanto daño hizo y que tanto lastimó. Hoy podemos decir que Aarón ha pagado su condena y se encuentra en un periodo de liberación.

Me imagino a Galindo leyendo las noticias que le llegan desde México por Internet. Intuyo que debe suspirar y decir "¡Uff!, de la que me salvé", y lo encuentro aferrado a su equipo, a Zurich y a la FIFA.

Por otro lado, no lo imagino hablando por teléfono con Carmona, con quien compartía equipo, habitación y errores. ¿Seguirán siendo amigos o se habrán convertido en una especie de enemigos íntimos? El tiempo lo dirá, pero en este caso no basta tan sólo el tiempo para entender tantos enredos, engaños y mentiras. Hace falta más que eso, hace falta mucha verdad.

¿Por qué Carmona volvió a caer y Galindo se salvó? Es algo que sólo ellos pueden revelar, pero los acontecimientos nos orillan a pensar que uno se salvó por sí mismo y el otro murió por sí solo.

Hasta ayer por la noche, estoy segura que Galindo dejó de tener pesadillas con el Mundial de Alemania, la Copa Confederaciones, La Selección Nacional, el Cruz Azul y la nandrolona. Rompió su propio silencio, solo y sin que nadie lo oyera.

Por lo pronto, todo este caso tan oscuro y lamentable del dopaje le ha quitado al futbol mexicano un jugador para siempre, pero puede que le haya recuperado a otro.

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