Al César lo que es del César

El día de su presentación en La Noria hace más de 4 años, parecía un niño. Bajito, flaco y con una timidez que se apoderaba del volumen de su voz a tal grado que era imposible entenderlo en la...

El día de su presentación en La Noria hace más de 4 años, parecía un niño. Bajito, flaco y con una timidez que se apoderaba del volumen de su voz a tal grado que era imposible entenderlo en la conferencia de prensa. Con acento rosarino y la mirada clavada en el suelo, César Delgado sabía que su misión era hacer Campeón a Cruz Azul. Muchos lo juzgarán por eso. Nunca lo logró.

Lo poco que sabíamos de él, es que era un delantero joven habilidoso y goleador. Que venía de Rosario Central, cuna de grandes futbolistas. Y desde luego su apodo, fácil de aprender y al mismo tiempo cargado de simpatía y gambeta: "Chelito". César hizo conexión muy rápido con la tribuna celeste.

En la cancha tampoco tardó mucho en ganarse el corazón del cementero y a su vez, se volvió la envidia de la afición de otros equipos. Parecía que todo estaba en su lugar. Un gran equipo, grandes compañeros, gran historia, juventud, futuro y mucho futbol; pero en el fondo, la nota casi siempre era Europa. Muchos sabíamos que estaba de paso, algunos incluso llegaron a decir que la liga le quedaba chica. El tiempo y Francia tienen la última palabra.

"Chelito" no le dio títulos a La Máquina, pero a cambio la volvió mágica. Cruz Azul era celeste sin él, pero con él parecía celestial. Su sencillez y simpleza fuera del campo era la misma que con  el balón en los pies. Finta y recorte en medio metro y servicios milimétricos en 50 metros. Incansable corredor e introvertido goleador que con el balón perdía su timidez. Quizá ese fue su mejor amigo en México, y con el único que se entendía y se hablaba.

Pero no todo era felicidad en "Chelito". César siempre fue melancólico y la nostalgia de casa a veces le hacían perder la alegría. Nunca se adaptó totalmente a la ciudad, se refugiaba tomando mates y escuchando cumbias rosarinas. Quizá cuando mejor anduvo fue cuando Cruz Azul le trajo un amigo de toda la vida, Luciano Figueroa. Con él, "Chelito" vivió su mejor época en el Azul porque llegó alguien con quien podía platicar en la cancha y solían hablar el mismo idioma. Juntos fueron una de las duplas más temidas del futbol mexicano. "Chelito" y Luciano se entendían con los ojos cerrados, y cada vez que se encontraban en tiempo y espacio, la imaginación volvía loca a las defensas rivales. Pero su pecado era la edad. Muy jóvenes para cargar tanta presión y obligación de salir campeones a como diera lugar.

Al irse Luciano, "Chelito" volvió a encontrarse solo. Aparecieron las lesiones en momentos clave y Delgado pasaba más tiempo en el suelo que en el aire. Aún así, bastaba una jugada del argentino para pensar que Cruz Azul por fin saldría Campeón, como aquella en Chiapas donde gambeteó hasta a los cerros. Quizá el mejor gol que le vimos en México, lástima que no fue en una Final.

De su vida supimos lo único que había que saber. Un día nació Dulcinea y la inspiración regreso a su cuerpo. No había jugada, gol o gambeta que no dedicara a la niña de sus ojos. La lleva tatuada en la piel y es su mejor cómplice en el campo de juego. En las últimas campañas, Cruz Azul le debía tanto a "Chelito" como a su hija, que se volvió su mejor entrenadora.

Hombre callado y discreto. Nunca  tuvo la necesidad de protagonizar escándalos dentro y fuera de la cancha. La única vez que levantó la voz fue para decir que quería irse a Europa. En el fondo, ese pensamiento rondaba por La Noria todos los días. Y una buena tarde se fue... siempre se quiso ir.

La gran pregunta es… ¿falló el "Chelito" con Cruz Azul ,o Cruz Azul falló con él?

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