Clásico final

En estos últimos días del año, cuando ya los torneos y las ligas terminaron, unos arrancan sus pretemporadas y otros desesperados rascan en distintos clubes por conseguir refuerzos, a la gente que...

En estos últimos días del año, cuando ya los torneos y las ligas terminaron, unos arrancan sus pretemporadas y otros desesperados rascan en distintos clubes por conseguir refuerzos, a la gente que nos gusta el futbol nos queda una última ilusión en el año: el Clásico entre Barcelona-Real Madrid.

Sin duda alguna,  los Clásicos le dan identidad al futbol. Son esos partidos que nos hacen sentir a los aficionados "nacionalidad" hacia un equipo, sentido de pertenencia y que a diferencia de la familia o del país de origen, aquí nosotros elegimos libremente y por convencimiento puro a qué equipo apoyar.

Está claro que los problemas sociales, políticos y religiosos de una sociedad son transportados a la cancha, de ahí surgen rivalidades. Y es que, por más que se odien, se rechacen, gocen cuando el otro pierde, ninguno podría existir sin el otro.

Los pobres contra los ricos, los nobles contra los plebeyos, católicos frente a protestantes, franquistas contra republicanos, etcétera.

Y así, un simple partido es transformado en una batalla, en la guerra perfecta que para muchos implica una nueva oportunidad para luchar pero en un escenario distinto.

En el mismo campo de batalla, en igualdad de condiciones, con el mismo número de soldados, con reglas y castigos. Y sólo ahí, en una cancha, el resultado sí es inesperado.

En cualquier momento el débil sí puede sorprender al poderoso y ganar. Eso es lo que mantiene la ilusión del aficionado, cosa que es imposible de verse en las verdaderas batallas.

El Clásico más antiguo que existe es entre el  Rangers y el Celtic escoceses que se jugó por primera vez en 1888. A pesar de ser equipos de un mismo país, el Celtic fue fundado por una colonia de irlandeses que vivían en Escocia.

Y eso por eso que más allá de la competencia en la cancha, este partido representa desde su origen un enfrentamiento religioso. Católicos contra protestantes, una lucha histórica en el Reino Unido que ha rebasado cualquier limite.

Y concientes de que estos dos equipos acaparan toda la atención de la liga escocesa,  el calendario está diseñado para que el Clásico se juegue 4 veces al año.

El Real Madrid–Barcelona, además de que reúne a dos de los clubes con mayor proyección y marketing global, en los que se concentran de los mejores jugadores del planeta, la rivalidad entre ellos tiene un origen. 

En tiempos de Franco, el Madrid era considerado el equipo del régimen, mientras que el Barcelona, que siempre fue el más fuerte de los locales, fue identificado con el orden republicano, convirtiéndose en el equipo ideal para derrotar al Real Madrid.

Los enfrentamientos entre estos dos equipos se ha convertido ahora también en una excusa para canalizar la lucha histórica entre el centralismo madrileño y el autonomismo catalán.

Y cómo estos hay miles de ejemplos de partidos Clásicos en el mundo que no terminaría de enlistarlos. Yo creo que en cada país en el que se juega futbol existe un partido "Clásico" para sus habitantes.

No se necesita ser un club grande, poderoso, millonario y profesional para sentir rivalidad y odio hacia otro equipo. La realidad es que sin rivalidad no existiría la motivación adicional que nos hace a los aficionados vibrar, sentir, emocionarnos, gritar, llorar, y explotar.

La rivalidad es el verdadero motor de las competencias deportivas y es más poderosa que el dinero y los trofeos.Opina de esta columna aquí.

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