Tráfico de sueños

A los 12 años Bujune dejó el pueblo en el que nació para ir a Abidján, capital de Costa de Marfil con el pretexto de buscar mejores oportunidades de trabajo. Lo único que llevaba era un viejo y...

A los 12 años Bujune dejó el pueblo en el que nació para ir a Abidján, capital de Costa de Marfil con el pretexto de buscar mejores oportunidades de trabajo. Lo único que llevaba era un viejo y desinflado balón de futbol bajo el brazo.

Al poco tiempo encontró trabajo haciendo la limpieza en unas oficinas de gobierno y en sus ratos libres le pegaba al balón.

Como cualquier niño en el planeta, Bujune soñaba con convertirse en un gran futbolista y emular a héroes como Didier Drogba y Samuel Eto´o.

Meses después, convencidos de que su hijo tenía un futuro prominente como futbolista, sus padres consiguieron un préstamo con un agiotista del pueblo para pagarle una academia de futbol.

Una tarde apareció José Salgueiro en la academia. Impresionado por la agilidad y buen toque de balón, esperó al final de la práctica para presentarse. Fue directo, -Hola Bujune, soy agente de futbol ¿te gustaría ser como Samuel Eto´o?-

La única condición que impuso Salgueiro a los padres de Bujune, además de decir "sí", era pagar algo así como $16 mil pesos como parte del boleto de avión. Una vez más, se endeudaron, pero ahora con la promesa de pagar en un par de meses con todo e intereses.

Y es aquí en donde empieza una historia que se repite todos los días principalmente en los países del Golfo de Guinea en África. Existen cientos de academias, generalmente sin licencia, ávidas de niños que aspiran a huir de la pobreza y miseria gracias a sus habilidades con el balón.

Esto es común en cualquier parte del mundo, pero los sueños y las aspiraciones se distorsionan cuando aparecen los supuestos agentes.

Bujune se subió a un avión rumbo a París. En el trayecto Salgueiro le habló de la prueba que tendría en el Olympique de Lyon al día siguiente.

Ocho años después…

Al pie de la Torre Eiffel, en el lugar más turístico del mundo, hay un mercado de souvenirs, y entre los puestos de artículos autorizados hay unas mantas en el piso en las que venden todo tipo de artículos pirata. En una de ellas lentes para el sol, en cuyos costados se leen las marcas de las boutiques más caras del mundo. Si preguntas el precio, te responde un joven africano, - dix euro-. Es Bujune.

Como esta historia se cuentan varias en las calles de las principales ciudades europeas.

Miles de jóvenes africanos aterrizan en las capitales europeas siendo aún menores y con visados turísticos. Sus problemas comienzan cuando son rechazados en las pruebas de acceso o no se renueva su contrato, y resultan abandonados a su suerte. Muchos permanecen en la calle o realizan trabajos ilegales para subsistir.

Las familias están dispuestas a embargar todo, convencidos de que sus hijos les darán una mejor vida, y compran el sueño que les vende cualquier hombre vestido de traje.

De cada 100 niños africanos que llegan a Europa, sólo uno o dos logra fichar por algún equipo no grande.

En Francia calculan que hay alrededor de 10 mil jóvenes africanos malviviendo en las calles tras haber fracasado en el futbol.

La  FIFA está consciente del tema y en su reglamento prohíbe la transferencia de jugadores menores de los 16 años. Joseph Blatter acusó a los clubes más ricos  de un comportamiento despreciable y de estar involucrados en la violación social y económica de África.

También, las leyes de la Unión Europea estipulan que los jugadores deben tener un permiso de trabajo antes de llegar al continente.

Países como Bélgica, Francia, España y Holanda han sido acusados de no aplicar las leyes con rigidez a los jóvenes provenientes  de sus ex colonias.

Un senador del Parlamento Belga recibió amenazas de muerte después de investigar 442 casos de tráfico ilegal incluyendo jugadores nigerianos en su país. Culpó a administrativos de futbol y políticos por vendarse los ojos ante tráfico de niños.

Hace unos días,  27 ligas europeas firmaron un convenio en el que prometen erradicar el tráfico de niños en sus canchas.

Culture Foot Solidaire es una ONG que lucha contra este problema en Francia. También hay iniciativas como la de Samuel Eto';o, responsable de una escuela cerca de Yaundé, la capital de Camerún, donde 300 niños aprenden la técnica del balón, son respetados y reciben una alimentación correcta.

Es una pena pero, de la misma forma que explotan y trafican los recursos naturales de África, el tráfico de niños "futbolistas" se han convertido en un recurso renovable muy rentable. El problema es  muy grave y no se soluciona en una junta, comité o congreso porque hay muchos poderes involucrados como agentes, equipos, técnicos, dueños, y hasta políticos.

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