Lo que quedó del Muro

Las preguntas se las hacían en inglés, y aunque entendía bien,  él siempre quiso contestar en alemán. La prensa alemana recurría a los audífonos traductores porque aseguraban que su acento era...

Las preguntas se las hacían en inglés, y aunque entendía bien,  él siempre quiso contestar en alemán. La prensa alemana recurría a los audífonos traductores porque aseguraban que su acento era difícil de entender inclusive para ellos.

Nos contaron que Michael Ballack había nacido no muy lejos de Berlín, en Görlitz, antigua República Democrática Alemana. Desde pequeño sus padres lo enviaron a la ciudad de Chemnitz para que se dedicara al futbol, y ahí comenzó su carrera profesional.

Según el GPS Chemnitz no quedaba muy lejos de Berlín,  y Mario (el camarógrafo) y yo,  decidimos ir buscar la las calles que forjaron a una de las últimas estrellas del futbol alemán.

Después de casi 3 horas, llegamos a la ciudad donde, bajo la vigilancia de un gigantesco busto de Karl Marx, la fiebre mundialista no había sido contagiada. No había banderas por las calles, ni souvenirs, ni imágenes de Goleo VI, ni gente celebrando el paso de Alemania en el Mundial. Jugara quién jugara ese día, en Chemnitz la vida seguía su curso normal.

Después de hacer grabar algunos aspectos de la ciudad, había que encontrar algo de Ballack, pero la gente que caminaba por la calle no quería pararse a hablar con turistas y menos con una cámara.

Por ahí cerca había un parque en donde por fin encontramos a unos jóvenes que rompían el orden aprovechando el buen clima y tomando cerveza. Entre señas y palabras en alemán mal pronunciadas nos dirigieron hacia la colonia en la que creció Ballack. Ahí, gracias a la gente, encontramos el edifico en el que vivió, y a sólo unas cuadras, la cancha en la que jugó sus primeros partidos de futbol.

La extrañeza que causó la presencia de una cámara de televisión en la zona, provocó que una recepcionista de un modesto spa saliera a hablar con nosotros,  y al escuchar el nombre de Michael Ballack,  se emocionó tanto que llamó a su jefe, un joven descuidado  y panzón quién con recortes de periódicos, aseguraba haber sido amigo del futbolista alemán. La conversación fue amena y terminó con fotos y abrazos. Nosotros teníamos que volver a Berlín.

La semana pasada mientras veía en las noticias la conmemoración de el decimonoveno aniversario de la caída del Muro de Berlín, me volví a acordar de Ballack… Con la derribamiento del Muro, cayeron también los equipos de futbol de Alemania del Este, y de los 14 que componían la Oberliga (así se llamaba la liga de la RDA), solamente dos pudieron integrarse a la Bundesliga: el Hansa Rostock, que hoy está en Segunda,  y el Dynamo de Dresden, equipo sumergido en la Tercera División.

El Chemnitzer FC, equipo que formó y vio crecer a Michael Ballack,  forma parte de la Cuarta División y nunca ha logrado estar en Primera. En la actualidad en la Bundesliga sólo sobrevive un equipo de  la extinta RDA, el Energie Cottbus.

Es extraño pero, ni siquiera era de los equipos grandes y sobrevivió gracias a su solvencia económica, ya que en el plano futbolístico sufrió y después de varios años en la Tercera División, llegó a Primera en el 2000, descendió dos años después, volvió a subir hace dos años y hoy es el peor equipo en la Bundesliga.Opina de esta columna aquí.

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