¡A volar!

Hacía tiempo que no visitaba la ciudad.

Hacía tiempo que no visitaba la ciudad.

La Avenida Madero tiene menos transeúntes, El Acueducto parece aguantarse las ganas de llorar, Las Tarascas están cabizbajas, los ates saben desabridos.

Al Estadio Morelos ya se le notan los años,  las banderas amarillas con rojo han desaparecido de las azoteas, y son contados los valientes que se atreven a salir a la calle con la camiseta del equipo en un día cualquiera. Doña Cholita, cansada de obsequiar un dulce a cada jugador previo a los partidos,  ha cambiado de giro y ahora vende playeras,  y no precisamente de Monarcas.

La memoria michoacana parece desvanecerse. La palabra liguilla ya suena extraña,  y aquel invierno del año 2000 se quedó guardado en los recuerdos de una generación.

Y es que durante años, el andar del equipo era el tema principal en las reuniones y eventos sociales, Los Portales se llenaban los lunes para comentar el partido del domingo,  y la gente revisaba con anticipación el calendario para ahorrar y destinar parte de sus ingresos en las entradas al estadio, y si todo salía según los planes, trabajaban horas extra para comprar la camiseta de la temporada.

Pero sin duda,  en Monarcas se le olvidaron de anotar la fórmula de aquellos días y hoy ofrece una recompensa a quién la encuentre. La paciencia de la Directiva es cada vez menor, y después de intentarlo una vez más con el hombre que le dio su único título, esta vez optó por el único que le ha dado personalidad.

Enérgico, violento, necio, inclemente, acelerado, exagerado, vivo. Chilango de nacimiento, regio de la piel y moreliano de corazón. Tomás Boy ha aceptado por tercera vez dirigir a Monarcas y eso demuestra su terquedad. Tiene cuentas pendientes con un equipo y una afición y espero que no se vaya hasta saldarlas.

Su llegada sacudirá al vestidor y volverá a hacer vibrar a  las tribunas.

Cuidado con aquel que no se parta el lomo en cada entrenamiento. Pobre de aquellos que no salgan bañados en sudor después de un partido, y se rindan antes del final del combate. Más le vale al capitán quedarse afónico en cada jornada. Se acabaron la tranquilidad y los buenos modos.Opina de esta columna aquí.

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