El Draft de antes

Justo un día antes de arrancar el torneo de liga sonaban las 12 campanadas que señalaban la media noche y en ese instante se cerraba el libro de registros durante un año.

Era como el cuento de "La Cenicienta"… Justo un día antes de arrancar el torneo de liga sonaban las 12 campanadas que señalaban la media noche y en ese instante se cerraba el libro de registros durante un año. Y el que se quedaba sin equipo se amoló. Hace menos de 20 años así sucedía en la Federación Mexicana de Futbol en su viejo edificio de las calles de Abraham González y Lucerna donde muchas veces cubrí esa triste realidad. Mis ojos no daban crédito al darme cuenta que esos famosos que aparecían en las portadas, y en algunos casos incluso eran seleccionados, estaban literalmente en la calle esperando que algún directivo se apiadara y los firmara "de última hora" para no quedar sin equipo. Se acercaba la noche y cada vez era mayor la desesperación de quienes dependían de ser colocados por su "contacto" y que éste bajara de las oficinas con buenas noticias, pues incluso estaba prohibido que ellos y nosotros (la prensa) subiéramos al piso de los trámites. ¡Cuantas veces me tocó ver a directivos provincianos que llegaban en taxi directamente desde el aeropuerto con un fólder de plástico y cientos de documentos (actas, fotos, registros, hojas firmadas en blanco por futbolistas novatos, etc.) y que en el trayecto de ese coche a la puerta de la Federación eran abordados por jugadores desesperados para ofrecerse casi gratis con tal de no quedar inactivos! Entre los comunicadores era "nota de morbo obligada" pues cada año había alguna estrella que se quedaba sin equipo y ahí estaban las ocho columnas del día siguiente. Pero un día a nuestros directivos se les ocurrió el "Draft"… Y entonces las oficinas se cambiaron por paradisíacos hoteles al lado de la playa, los boleros de la calle ahora eran guapas edecanes, la prensa acude en bermudas y con lente obscuro, los registros ya no se hacen ahí con sellos de goma o redactados con máquinas de escribir "Olivetti" sino a través de celulares, "blackberrys", mails y "laptops" que sirven para ver videos, enviar mensajes y cerrar tratos. Eso sí, siguen rondando jugadores sin equipo que esperan afuera del salón a que su promotor los coloque o algún directivo que se acuerde de la promesa hecha por teléfono días antes. Aunque esos casi siempre se quedan como "novias de pueblo". La realidad es que los jugadores que se cotizaron en la última campaña ni van ni sufren y los que vienen "a la baja" son quienes se pagan el viaje de su bolsa para aparecer en esos "shows". Lo curioso es que cuando nació el mentado "Draft" (mal visto por la FIFA) la intención era evitar a los intermediarios (cosa que lejos de lograrse ha crecido) fortalecer a los equipos más débiles (situación que actualmente no ocurre pues los que más tienen más se llevan y los pobres sólo son espectadores) y evitar el trato denigrante para los futbolistas que hoy en día siguen dependiendo de esa "pasarela" pues "santo que no es visto no es adorado". De manera que las "buenas intenciones" no se llevan a cabo como supuestamente fue la idea original. Pero eso sí… ¿Quién dice que no se ha convertido en una fiesta playera en la que directivos, promotores, periodistas y uno que otro futbolista conviven día y noche en un ambiente distinto a la rutina de todos los días? Lamentablemente, parece que este "tianguis de piernas" continuará por muchos años. A pesar de que alguna vez un grupo de jugadores seleccionados se armó de valor y se negó a viajar a una Copa América si no les prometían que el denigrante "mercado de esclavos modernos" llamado "Draft" desaparecería… ¡Sí como no!  

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