Somos una rara familia...

Pero la muerte de algún miembro siempre nos une.

Pero la muerte de algún miembro siempre nos une.

Y en esta familia de apellido “futbol mexicano” he visto recientemente varios ejemplos de solidaridad. Igual cuando murió hace unos días Don Arturo Brizio Ponce de León y encontré en su velorio a personajes antagónicos que ante el dolor se saludaban y abrazaban olvidando al menos por esos instantes rencillas y polémicas.

Y ni qué decir en el caso de Antonio de Nigris, quien siendo un jugador alejado físicamente de México desde hace varios años, era sin embargo motivo de seguimiento constante por parte de los medios y querido de verdad por quienes ocasionalmente fueron sus compañeros en Selección o algunos clubes nacionales.

Siempre se le reconoció como un luchador (tal vez demasiado solitario) por sus ideales.

Y es que el “Tano” fue un jugador que peleó contra todo y contra todos, que salió del país cuando aparentemente tenía aquí todo listo para explotar la fama que ya había comenzado a ganar, pero que no importando comenzar de cero en otras latitudes decidió abrirse camino en sitios exóticos y fuera del panorama “normal” de quienes quieren pisar territorio extranjero. Pero lo que quería él era jugar y probarse en ambientes distintos, y lo logró.   Y tal vez por eso mismo su muerte nos dolió tanto a todos.   Obviamente encabezados por su familia, por los que crecieron futbolísticamente a su lado, los que convivieron más, los que lo hicieron menos, los periodistas que lo buscábamos para hacerle nota, los técnicos que lo dirigieron, los árbitros que le pitaron, sus directivos y por supuesto ustedes, los aficionados.

Porque ¿No me digan que cuando muere un personaje como estos no sienten algo especial?   Seguramente nunca lo trataron, ni le conocieron en persona y tal vez esa “relación cercana” sólo se reducía a verlo “en vivo” en algún estadio defendiendo al equipo favorito, pero nada más.   Sin embargo los futbolistas (y en general los personajes de este medio tan popular y promocionado) no dejan de ser gente de carne y hueso a los que el público llega a sentir como suyos.   A través de la televisión, la radio y las revistas sabemos cuando tienen o cambian de novia, cuando se casan, cuando son padres; nos metemos a su casa, los escuchamos en los buenos y malos momentos, les seguimos la huella en sus viajes, conocemos quiénes son sus amigos, los oímos quejarse, los vemos enfermarse, festejar éxitos, etc.   Y en el medio periodístico las cosas no son nada diferentes.

Podemos “competir” por la nota, pelear y discutir “al aire”, tener polémicas de canal a canal, rivalizar, mandarnos recados y muchas otras cosas, pero cuando algo sacude el ambiente ahí estamos siempre juntos.   Nos vemos con gusto, viajamos en el mismo vagón y si se trata de algún encuentro fuera del país hasta nos ayudamos. Finalmente somos miembros de esa misma familia.   Por eso cuando cualquiera de los miembros que la integran celebra un logro, algo muy dentro nos dice que nos da gusto y si alguien sufre, la verdad es que también nos duele.

Pero la muerte es lo peor.   Ante eso todos nos doblamos, nos salen del corazón únicamente los buenos recuerdos y la conmoción emocional es sincera. Finalmente se va alguien que era parte de nuestra vida.   Aún habiéndolos tenido cerca o lejos, personajes como Toño de Nigris se llevan con ellos algo de nosotros.   Así es la vida, y me queda claro que en casos como éste, la familia del futbol mexicano, está junta, aunque a veces parezca que no.

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