Mauricio Peña

Era 1980 y un año antes había logrado la Medalla de Oro en la 'Universiada' ganándole la Final a Uruguay en el Estadio Azul. Muchos de sus compañeros, como él, apenas buscaban su primera...

Lo conocí recién debutó. Era 1980 y un año antes había logrado la Medalla de Oro en la "Universiada" ganándole la Final a Uruguay en el Estadio Azul. Muchos de sus compañeros, como él, apenas buscaban su primera oportunidad en el Máximo Circuito. Ahí estaban Javier Aguirre, Carlos de los Cobos, Olaf Heredia y Gustavo Vargas entre otros. Mauricio tenía 20 años pero parecía de menos, su rostro era el de un niño travieso, güerito de fleco y con ojos claros y vivarachos. Siempre riéndose. Sin embargo en cuanto se vestía de futbolista sudaba a chorros, era bravo y corría de un lado para otro tratando de robar balones para después entregárselos a los creativos. Bora Milutinovich le echó el ojo y pronto lo debutó en un partido contra Unión de Curtidores: De pronto se convirtió en un relevo habitual ya fuera como lateral derecho o en la media de contención. Su mejor amigo era Miguel España y los dos jóvenes rubios que subían y bajaban juntos debían aguantar "carrilla" de los líderes que los bautizaron como "Pili y Mili", por aquella pareja de españolitas que filmaban películas en México. A Mauricio le tocó una buena generación. Eran los Pumas de Olaf, Amador, Pablo Luna, Félix Cruz, Paolino, "Pareja" López, Vargas, López Zarza, Manzo, Negrete, "Tuca" Ferreti, Flores y por supuesto Hugo Sánchez. Fueron Campeones de liga en 1981 y ese mismo año monarcas de CONCACAF e Interamericanos luego de tres intensos partidos ante el Nacional de Montevideo. Muchos de esos jugadores se fueron de Pumas poco a poco pero Peña se quedó hasta 1987 y le tocó acompañar a la generación de Servín, Reyna, Patiño, Luis García, España, Ríos, Tello, Aspe, Memo y muchos más. Su entrega era el sello con el que siempre jugó y Mauricio con el "12" en la espalda casi nunca faltó. Pero vino un cambio de técnico y a la salida de Mario Velarde, Peña recibió también la oferta de jugar ahora con el Necaxa y al menos un par de campañas se vistió de rayo. Muy joven decidió dejar las canchas pero entonces comenzó también a prepararse como entrenador y sus primeros equipos obviamente fueron en la cantera puma. Años después se fue a Torreón y Santos Laguna le abrió las puertas para seguir trabajando en esa especialidad. Más tarde, su ex compañero Chucho Ramírez lo invitó a integrarse al proyecto de la Selección Menor que a la postre sería Campeona del Mundo en Perú 2005. Y ahí estaba Mauricio, feliz de la vida celebrando el título y seguramente haciendo planes para el futuro. Pero... La salud comenzó a fallar, el cuerpo le mandó avisos de que algo no andaba bien y los chequeos médicos se hicieron rutina. Los Doctores no detectaban exactamente qué sucedía pero sus articulaciones perdían fuerza. Y entonces le confirmaron que tenía el llamado mal de "Lou Gehrig", una esclerosis múltiple que va atrofiando todos los músculos del cuerpo obligando al paciente a vivir prácticamente sentado y cada vez con menos facultades para valerse por sí mismo. Por eso los últimos cuatro años de su vida han sido muy difíciles para él, su mujer (Magda) y sus dos hijos. Desde entonces Mauricio vive en su pequeña casa de Querétaro saliendo hasta hace unos meses sólo para "trabajar" coordinando una escuela de futbol con uno de sus mejores amigos. Pero actualmente eso ya también es imposible. Hoy tiene 50 años y su carácter lo saca adelante todas las mañanas pues aunque sabe que tienen que ayudarle a realizar cada movimiento el buen humor que siempre lo caracterizó sigue intacto. Increíble. Sabiendo de esto, muchos de sus amigos y compañeros en la cancha han decidido organizar este miércoles 18 de agosto un partido de veteranos en la pequeña cancha del gimnasio "Juan de la Barrera", tratando de ayudarle económicamente en los gastos que obviamente también ya le son difíciles de enfrentar. Y todos los convocados han dicho "sí". Sólo Dios sabe cuánto tiempo falta para que Mauricio Peña siga luchando en la cancha de la vida, pero al menos este día (que por cierto y lamentablemente no podrá atestiguar pues su salud ya no le permite moverse ni salir de casa) a la distancia le resultará inolvidable. Es una muestra de lo que él se ha ganado. ¡Vamos Mau... sigue acordándote como lo haces cada mañana de los buenos días, de aquellos inicios, de tus mejores partidos y tu trabajo con las nuevas generaciones! Sigues siendo gente de futbol y muy, pero muy querido... ¿Te das cuenta de lo que sembraste?

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