¡Adiós Enrique!

Fue el 18 de Septiembre de 1977. El Estadio Azteca estaba a su máxima capacidad y el ambiente cargado de una emoción especial.

Fue el 18 de Septiembre de 1977. El Estadio Azteca estaba a su máxima capacidad y el ambiente cargado de una emoción especial. La última vez que Enrique Borja jugaba un partido oficial estaba a punto de celebrarse.

En México no se hablaba de otra cosa pues en los últimos días el ídolo había sido centro de cientos de reportajes (y no exagero) en todos los  medios de comunicación.

Jacobo Zabludowsky conducía el programa matutino “Hoy domingo” (después de “Chabelo”) y desde las 10 de la mañana tenía enlaces con el escenario futbolístico. El auditorio veía como llegaba Enrique, a quién saludaba, qué hacía, quién lo entrevistaba, cómo se vendaba, se ponía la camiseta, todo.

A propósito de su despedida Borja había grabado también un disco en el que “cantaba” (o mas bien platicaba sobre la música) algo así como “... adiós mis Pumas, mi Selección, gracias América, mi último amor, gracias te doy pueblo mexicano, te llevo dentro del corazón...” y no era para menos se iba un ídolo y eso no sucede todos los días.

El momento de saltar a la cancha llegó. De pie todo el estadio ovacionó cada paso que daba el '9' (que ese día vistió con playera azul) mientras su rival (Pumas) lo hacía con el elegante uniforme blanco.

Una nube de fotógrafos rodeaba al personaje de la jornada y tomando la mano de sus dos hijos, Enrique llegó al centro de la cancha para levantar los brazos y agradecer las ovaciones como si se tratara de un torero triunfador.

El partido comenzó y Borja tenía el reto de anotarle gol al único equipo que no había podido hacerlo en toda su carrera, precisamente el que lo debuto en 1964, Universidad.

Y como el guión estaba escrito por “el Dios de la Justicia” en ese último partido del “Narigón” sucedió todo lo que cualquiera de sus admiradores (y me apunto) podía soñar. América ganó y Enrique marco dos de los cuatro goles que le hicieron al arquero Jorge Marcín.

Al medio tiempo siguieron los homenajes y muestras de admiración por parte de porras, directivos y compañeros mientras sonaban “las golondrinas” y el emocionado jugador daba la vuelta a la cancha mandando besos a Sagrario, su esposa.

Yo estuve ahí y jamás se me va a olvidar.

Quiero decirles (ya lo he hecho otras veces) que ese día me di cuenta que mi pasión por el americanismo, que me acompañaba desde niño tenía una explicación. Ahí jugaba mi ídolo.

Al retirarse, un vacío personal me invadió y curiosamente fueron los Pumas quienes me conquistaron con su equipo, jugadores y filosofía, añadiendo a todo esto que además en esos años fui aceptado como alumno de la UNAM y el cariño por el azul y oro comenzó a meterse “hasta el tuétano”.

Hoy, reconociendo ese pasado “crema” presumo de querer a la Universidad y su equipo de futbol con una pasión tan grande como la que tuve en mi etapa de aficionado por Enrique.

Pero me queda claro que aquel 18 de septiembre de 1977 fue un “antes y después” en mis afectos futboleros.

El día que se fue Borja fue para mí inolvidable y por eso cada año, cuando veo la fecha en el calendario, me vuelven a la mente estos y mas recuerdos.

¿Acaso a ustedes algún jugador (retirado o de la actualidad) les ha despertado la misma admiración? 

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