¿Le falta algo al Pachuca? Sí…

El éxito es un árbol encantador pero peligroso. El que lo alcanza en lo alto de una cumbre, corre el riesgo de distraerse con su belleza, comenzar a celebrar, dar un mal paso y caer por un...

El éxito es un árbol encantador pero peligroso. El que lo alcanza en lo alto de una cumbre, corre el riesgo de distraerse con su belleza, comenzar a celebrar, dar un mal paso y caer por un acantilado en ese mismo instante. Por ello, son muy pocos los que pueden mantenerse en la cima, y sentarse a reflexionar bajo su sombra.    Pachuca es el mejor ejemplo en México de un equipo que ha sobrevivido a sus éxitos. Su secreto es que nunca se conforma, nunca se detiene. Apenas consuma un objetivo y ya se está marcando el siguiente, aún más difícil, todavía más arriesgado. Su ambición de horizontes va mucho más allá que la de cualquier equipo del futbol mexicano. Permanentemente está pensando en el futuro y en cómo aprovechar el pulso de los tiempos.

Y con esa manera de encarar la vida, el Pachuca construyó un estadio donde no había nada y no se cansó de mejorarlo hasta convertirlo en el mejor de México. Así creó la primera Universidad del Futbol en el continente y también le ha dado relevancia a su Congreso Internacional. Y con el mismo empeño, extendió la eficacia de su fórmula a una docena de tuzoempresas que hoy le ofrecen una opción de vida a centenares de familias hidalguenses y que han transformado el rostro de la ciudad.

Hoy, el Pachuca lo tiene todo, o mejor dicho casi todo ¿le falta algo para ser un club grande? Me atrevo a decir que sí.

Los héroes de la historia siempre han tenido un gran enemigo, una fuerza opositora que hace aún más relevantes sus victorias, un enemigo permanente que le agrega sentido a la lucha, una razón constante para crecer y ganar, alguien con quien compararse todos los días, en cada jornada.

La conquista de Troya no hubiera persistido en la memoria colectiva sin el encono entre Héctor y Aquiles. Las hazañas de Batman hubieran tenido menos color sin la presencia del Guasón. Spiderman hubiera sido un héroe gris sin el odio del Duende Verde ¿De quien se mofarían los de River si no tuvieran a Boca? ¿Con quién discutirían los del Betis si no existiera el Sevilla? ¿A quién le hubiera cerrado la boca Julio César Chávez de no haber surgido el "Macho" Camacho? Por cierto, ¡Qué mal lo pasamos los que somos del Real Madrid aquel añito que el Atlético estuvo en el infierno!

De esos enfrentamientos ha vivido siempre este juego, ya sea la rivalidad entre equipos de barrio, la enemistad entre pueblos vecinos, el odio entre ciudades antagónicas, el pique entre países fronterizos. Ese elemento de pugna, esa animadversión que se transmite de generación en generación y se inserta en el código genético de los equipos, es lo único que transforma un partido común, en uno inolvidable, es la fuerza que llena estadios, desata clamores y desborda emociones.  

Pachuca nos ha dejado claro que tiene una misión superior por la cual luchar, sin embargo, aún no tiene un gran enemigo. Por eso, necesita generar una rivalidad genuina con alguno de los cuatro grandes: América, Chivas, Cruz Azul o Pumas, para que sus éxitos adquieran aún mayor resonancia, para que sus victorias no sólo le den alegría a la afición albiazul, sino que hagan infeliz a alguien más. Debe buscar en sus raíces, en su identidad, los elementos históricos, futbolísticos y conceptuales, para que sus partidos de Liga dejen de tener relevancia regional y atraigan la atención nacional.  Pachuca tiene todo para dar ese salto, sin embargo tiene que estar dispuesto a sacrificar su imagen del chico aplicado de la clase, del bien portado, del diplomático, para engendrar esa sana rivalidad que le hace falta y que lo catapultaría al siguiente nivel. El futbol mexicano saldría ganando y el espectáculo también. Enseñar un poco los dientes, no le caería mal al gran Tuzo.

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