Entrañable David

Entrañable David:

Entrañable David:

Y ahora resulta, que eres un petardo como futbolista, que "no has ganado nada", que siempre has sido un farsante, que sólo vales por tu rostro hollywoodense, por la cantidad de camisetas que vendes, por tus contratos de publicidad, porque eres amigo de Giorgio Armani, porque te invitan a las fiestas del jet set y por Victoria, esa mediática mujer que tienes por esposa.

Y hoy esos críticos que hablan mucho y razonan poco, esos que se la pasan repitiendo lo que escuchan, aseguran que eres un fracaso, un atleta sobrevalorado. Y mira David, que en estos días he llegado a escuchar tanta estupidez acerca de ti, como que en el Manchester United, Alex Ferguson te ponía a jugar por "guapo", que en la Selección Inglesa "todos tus compañeros estaban de acuerdo que portaras el gafete de Capitán por estrategia de mercadotecnia", que el Real Madrid te contrató por tu cotización como marca, por los millones que generas, porque eres casi una deidad pagana en Asia, lo cual es cierto, y no por algo más simple: porque -en el fondo- eres un futbolista de clase mundial que se ganó el derecho a defender esa prestigiada camiseta.  

Esos críticos, quienes seguramente te conocieron hace muy poco a través de las revistas de moda, y que nunca se pararon por Old Trafford para verte jugar, o al menos para preguntar sobre ti, ya ni se acuerdan de todos los trofeos que has ganado, de tu debut con el Manchester United a los 19 años, de tu aparición con la Selección Inglesa a los 21, de los seis campeonatos que conquistaste en la Premier League, las dos FA Cups, de tus 94 partidos con la Selección, tus 17 goles, tus 31 asistencias, tus tres Mundiales... Que fuiste el jugador más valioso de toda la Champions League en 1999 y que además de la Copa de Europa, ganaste la Intercontinental, la Liga de tu país, la FA Cup, todo el mismo año, logrando el imposible triplete. Y aquél 1999 ahí estabas tú, gobernando la banda derecha, que era tu posición natural, y no el centro del campo, donde te quisieron hacer jugar en el Real Madrid, metiendo centros amenazantes, "roscas" perfectas, corriendo más kilómetros que cualquier otro futbolista en tu equipo, según los científicos que miden el rendimiento del United.     

David Robert Joseph Beckham, tú que eras un chico, como cualquier otro del barrio obrero de Essex, hijo de un gasero y una peluquera, tímido y poco articulado, sabías que tu fuerza real, la visión de ti mismo, emanaba de tus pies, y no de tu rostro magnético. Y por eso, descubriste que tenías un don, y trabajaste hasta el hartazgo para pulirlo, hasta que llegaste a tener "la mejor pierna derecha de Europa", esa con la que pateaste los tiros de esquina que remataron Sheringham y Solskjaer para ganar la increíble Final ante el Bayern Munich en 1999, con la que lanzaste el tiro libre contra Grecia que calificó a Inglaterra a Corea y Japón 2002, la misma con la que disparaste aquel angustiante penalti, que nadie hubiera querido cobrar, contra Argentina en Sapporo, y sí…sí…la misma pierna derecha con la que volaste el penal contra Portugal en la Eurocopa 2004 y con la que pateaste a Simeone para que te echarán del Mundial del 98. ¡Mira cómo son las cosas! Ese par de episodios, sí que todos los recuerdan, lo demás parece que se les ha olvidado.

Lo peor del caso es que, aunque muchos no te soportan, los que te han conocido, dicen que eres ante todo, un tipo dulce, y que –como buen inglés- eres cortés, muy cortés, y das las gracias a cada momento y por cualquier cosa. A pesar de que los paparazzi y los tabloides británicos, te han fastidiado la vida, siempre has sido respetuoso -con la prensa y con la afición- porque la verdad es que no te recuerdo un mal gesto o un insulto, tampoco un incidente con la policía o un choque de auto por borracho. Al contrario, en los momentos difíciles has sido sincero y valiente. Cuando te has equivocado lo has reconocido dando la cara ante todo el mundo, y cuando ha sido necesario, fuiste amable y agradecido, como hace unos días, cuando dijiste que te sentías orgulloso de haber vestido la camiseta blanca y de haber jugado al lado de "Zizou", de Ronnie, y de Roberto Carlos.

Y ahora que veo por televisión la repetición de tus grandes goles, de esos tiros libres, de los servicios que metías desde la banda para que Yorke, Sheringham, Solskjaer, Raúl o Ronaldo engordaran sus récords, me quedo pensando que no es que la gente tenga mala memoria, sino que, a algunos, sólo les gusta recordar lo que les conviene. Me pregunto si dirían lo mismo sobre ti, si en lugar de haber fichado por el Real Madrid en esta época marcada por el desastre, lo hubieras hecho por el Barcelona o por el Milán. Y me cuestiono lo que estarían diciendo si con esos equipos hubieras ganado más ligas y de nuevo la Champions, y en lugar de haber tenido seis entrenadores, hubieras tenido sólo uno, y sólo una posición en el campo, como ocurrió durante tantos años en el United. ¿Pensarían tus críticos lo contrario? ¿Valorarían positivamente tu clase como futbolista? Temo decirte que no. Hubiera sido igual que cuando estabas en Manchester, seguro le habrían dado el crédito a tus compañeros, a tu entrenador, a la cultura del triunfo del club, y muy poco te tocaría a ti ¿Y sabes por qué? Porque la necedad lleva a la miopía, y contra los necios, no hay argumento que valga. Destruir suele ser la defensa contra su limitada comprensión. 

Entrañable David, a pesar de todo, te has ido del Real Madrid como un caballero, si estos tres años no ganaste títulos, no todo ha sido culpa tuya. Por eso, disfruta los años que te quedan como futbolista. Enséñale a los chicos estadounidenses como se le pega a la pelota, cómo se forja un atleta de clase mundial. Muéstrales el camino del trabajo duro, ése que te llevó a la cima. Motívalos a alejarse de las drogas, a quedarse a practicar solos después de los entrenamientos, a chutar 30 ó 40 veces a la portería como lo haces tú. Simple y llanamente, enséñales lo que siempre has sabido hacer: Competir con honestidad para ganar. Y exprésate como lo sabes hacer mejor, con tus prodigiosos pies.

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