La Generación ';Hugo Sánchez';

Tengo amigos que dicen que son parte de la generación "Timbiriche", es decir, treintañeros, como yo, que crecieron marcados por las canciones de Benny, Sasha, Paulina y compañía, y a los que he...

Tengo amigos que dicen que son parte de la generación "Timbiriche", es decir, treintañeros, como yo, que crecieron marcados por las canciones de Benny, Sasha, Paulina y compañía, y a los que he visto enloquecer cuando a mitad de una boda, el DJ suelta una de esas rolas que después de tantos años, nos siguen conectando con nuestras edades más tiernas. Aunque siento cierta afinidad con este segmento, reconozco que en mi caso, mis memorias de infancia y adolescencia quedaron marcadas por otra clase de eventos, por eso, prefiero decir que soy parte de la Generación "Hugo Sánchez".

Y en este caso, el concepto no sólo involucra las gestas del Pentapichichi, sino engloba también los tirabuzones de Fernando Valenzuela, y los ganchos de Julio César Chávez. Una buena parte de mis sueños de juventud fueron inspirados por esa tercia de inolvidables, a los que seguí de manera casi enfermiza, durante aquellas tardes en que prefería quedarme en casa a escuchar por radio los partidos de los Dodgers, leer revistas españolas de futbol, o repasar el interminable récord de nocauts de Julio, en lugar de salir a la calle a jugar con mis vecinos.

Hugo es, seguramente, el principal responsable de mi afición al futbol. Su inextinguible personalidad fue para mí como un faro que iluminó el juego. Su talento fue el parámetro para evaluar al resto de los futbolistas que veía por televisión. Bajo esta exigencia, podrás imaginarte que casi todos los jugadores que conocí palidecían ante la valía del "9", y sólo unos pocos, lo superaban en algunos renglones, porque –al menos para mí- en aquél tiempo, no había mejor centro delantero en el mundo que Hugo Sánchez.

La primera vez que lo vi en un estadio, yo tenía 11 años, y ocurrió en el Mundial ´86 en aquél México-Bélgica en el Azteca. Recuerdo perfectamente mi primera impresión: un esbelto Hugo calentaba antes del partido. Sus movimientos preparatorios eran totalmente distintos al de resto de sus compañeros, mientras todos corrían hacia el frente, Hugo lo hacía hacia atrás, mientras unos pateaban el balón, Hugo preparaba sus movimientos de desmarque. Esa tarde, como bien recordarás, Hugo marcó un gol, el único en las tres Copas del Mundo en las que participó.

Mi primer acercamiento personal sucedió alguna mañana de 1994 en el viejo Estadio Azulgrana. Iniciaba mi carrera como reportero, y cuando uno tiene 19 años, y poco camino recorrido en el periodismo, se impacta fácilmente con personajes de esta categoría. La Volpe dirige el interescuadras, Hugo conforma el ataque atlantista junto a Luis Miguel Salvador, y su presencia es imperdible. Sus ademanes, sus demandas, su lenguaje, todo es tan distinto y ajeno al contexto nacional, que se me queda grabado en la memoria: "¡Ostias!", "¡Macho!", "¡jod&%•$!"…gritaba Hugo ante mi asombro.

Tres años más tarde, me tocó ver el último gol de Hugo Sánchez en un partido oficial. Fue un soberbio zurdazo a la escuadra en el último minuto del partido. Además, a mis 22 años, tuve la fortuna de entrevistarlo en televisión nacional, o mejor dicho, felicitarlo por el pedazo de pepino que acababa de marcar con el Atlético Celaya en el Estadio Hidalgo de Pachuca.

Poco después, cuando viajaba siguiendo a la Selección Mexicana, coincidíamos en los aeropuertos, los hoteles y las concentraciones. Siempre lo recuerdo amable, respetuoso, y hasta solidario. En una ocasión, el grupo de periodistas mexicanos que aterrizamos en Asunción para la Copa América de Paraguay, tuvimos problemas con los agentes de migración, y lejos de pasar por alto la situación, Hugo "hizo grupo", "dio la cara" y presionó para que se resolviera el asunto.

Y así podría seguir relatando breves pero poderosos encuentros. El domingo por la noche, Hugo nos visitó en Deportv y fue parte de una entrevista memorable. Aún después de tantos años, el personaje me sigue sorprendiendo. Su portentosa mentalidad es impactante. Su pasta de ídolo se mantiene pétrea. Contestó de frente todos los cuestionamientos. Su discurso fue sólido y seductor. "Nunca les he fallado, como jugador ni como persona. No soy un alcohólico ni un drogadicto. Terminé una carrera profesional. Me he comportado a la altura de las exigencias de una persona que tiene responsabilidades. A lo que me he comprometido como deportista, lo he cumplido y la credibilidad no se compra en la tienda de la esquina", sentenció.   

Nos dijo a todos, que en la Selección, ganará por convencimiento. Y a diferencia del ciclo anterior, y sin importar lo que ocurra en su primer partido, Hugo ya comenzó a hacerlo. Si me preguntan a quién elegiría como líder, entre Hugo y La Volpe, para cualquier empresa que emprendiera, no tendría la menor la duda: "Infancia es destino". A mí me tocó crecer viendo los triunfos de Hugo, a ustedes les tocaron otros, Rafa Márquez, Ana Guevara y Lorena Ochoa. Créanmelo, no hay pierde.

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