Pachuca: lecciones de liderazgo

Cuando Winston Churchill salió a las bombardeadas calles de Londres a convocar a los británicos para defender su isla durante la Segunda Guerra Mundial, su mensaje para el pueblo fue simple y...

Cuando Winston Churchill salió a las bombardeadas calles de Londres a convocar a los británicos para defender su isla durante la Segunda Guerra Mundial, su mensaje para el pueblo fue simple y sucinto: desear el triunfo, anhelar la gloria, soñar con el éxito, es el camino correcto, pero lo que realmente importa, lo que verdaderamente hace la diferencia, es merecer la victoria, y ésta sólo llega para aquellos que trabajan duro y por mucho tiempo, para aquellos que están dispuestos al sacrificio y a pagar un precio más alto que los demás.

Desde hace muchos años, en distintos lugares, bajo liderazgos diferentes, el futbol mexicano ha soñado con ganar títulos, construir grandes proyectos, consumar alguna hazaña, pero como lo señaló Churchill, una cosa es imaginar, vislumbrar, planear, y otra muy distinta es merecer el triunfo, ser digno de la conquista, porque nada significativo o perdurable, nada valioso o único llega sin antes hacer un esfuerzo extraordinario.

Ningún club en México ha ejemplificado mejor esta premisa que el Pachuca. La otra noche en Querétaro, su Presidente, Jesús Martínez, pronunció, sin afán protagónico, una frase que confirmó la cultura del esfuerzo que rige a la organización en estos tiempos en que el futbol vive cercado por los oportunistas: "En el Pachuca no hay dinero para nadie, hay trabajo". Y fue en ese momento en que me quedó muy claro que ningún equipo en el país trabaja más duro la organización Tuza.

Mientras clubes como Tigres, Cruz Azul, Monterrey, o América centran su "esfuerzo" en abrir la cartera y gastar millones en busca de la gratificación de un título, el Pachuca define el éxito de una manera más profunda. Ganar campeonatos es la consecuencia de vivir impulsado por una misión superior y respetar sus ideales de manera irrefrenable. Durante una década nos ha dado una lección de que se puede ganar con humildad y perder con dignidad, convertir lo negativo en positivo, y ser -al mismo tiempo- una organización comprometida con su comunidad y que impacta de forma constante y positiva su entorno.

La victoria en la Copa Sudamericana era -posiblemente- el último eslabón que necesitaba el Pachuca para consolidar su marca como la más respetada del futbol mexicano. Aquella campaña de "El equipo de México" ha adquirido más vigencia que nunca y, si se lanza de nueva cuenta, apoyada en este éxito continental, tendrá un impacto de larga duración en la afición nacional. Los Tuzos están ante una oportunidad imperdible para lograr lo que han buscado por mucho tiempo: superar su condición de equipo regional, y lanzarse a la conquista de nuevos territorios en el país. La organización puede estar segura que su marca cuenta con el ADN necesario para lograr este difícil objetivo.

El éxito no es un golpe de suerte, no llega por derecho divino ni tampoco como regalo de la naturaleza. Como dijo Churchill, la victoria hay que trabajarla, hay que sudarla, hay que sangrarla, hay que llorarla, para poder ser digno de ella. Que a nadie se le olvide que por todo eso ha pasado el Club Pachuca la última década, y por eso merece -más que nadie en el futbol mexicano- tener la Copa Sudamericana, ese primer título continental que tanto se nos había negado. El Club Pachuca es hoy un gran faro que ilumina al futbol mexicano y nuestro mejor ejemplo de liderazgo emocional.

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