Si yo fuera un hincha

Si yo fuera hincha y perteneciera a la Rebel, a la Monumental, a la Legión 1908, a los Libres y Lokos, a la "51", a la Ultra, a la Plus, etc..., sabría que, hoy más que nunca, es mi momento....

Si yo fuera hincha y perteneciera a la Rebel, a la Monumental, a la Legión 1908, a los Libres y Lokos, a la "51", a la Ultra, a la Plus, etc..., sabría que, hoy más que nunca, es mi momento. Volcaría toda mi pasión y mi fidelidad al futbol para defender lo que me pertenece. Utilizaría todo mi liderazgo, toda mi educación, todo mi talento, toda mi memoria, para detener lo que está sucediendo en los estadios. Apelaría al más profundo compañerismo, a ese sentimiento tribal que me une a los que son como yo, para actuar a favor del juego que amo y defender nuestros territorios. 

Si yo fuera un hincha, no me quedaría callado. Tampoco me quejaría de la Femexfut, de la policía, o de los medios. Rechazaría colocarme como víctima. Gritaría como sólo yo se hacerlo. Levantaría mis manos, las agitaría, compondría un cántico de protesta, diseñaría un "trapo". Organizaría a mis "hermanos" de barra para denunciar a los que destruyen mis domingos de gloria. Los denunciaría ante la policía, los expulsaría de mi grupo, los señalaría públicamente para que jamás pudieran volver a llevar mis colores, mis lemas, mis escudos, mis banderas. Sería el primero en deslindar a mi “clan” de las bestialidades que esos inadaptados cometen y por cuenta propia, convocaría a la prensa para, a nombre de mi porra, avergonzarme públicamente de esos actos vandálicos, pedir disculpas, y enviar el mensaje correcto a la sociedad.

Si yo fuera hincha haría todo eso y mucho más porque sabría quiénes son los culpables. Los identificaría, conocería dónde viven o dónde estudian, si portan armas, si llevan drogas a los estadios, si destruyen autos o secuestran autobuses, si ponen en peligro a los hijos de mis hermanos, o a las familias de mis amigos, si amenazan a los directivos o son patrocinados por ellos, si extorsionan jugadores o reciben beneficios a cambio de "reventarlos" desde la tribuna, si se citan en la calle con otras porras para matarse a golpes, si le hacen daño a nuestro juego.    

Por supuesto que tendría miedo a sus represalias, pero intentaría ser valiente, tal y como se lo pido a mis jugadores. "Awantaría", "Pondría huevo", porque estoy seguro que no estaría solo. Habría muchos como yo que sentirían lo mismo, muchos que no estarían dispuestos a perder, por culpa de unos cuantos, su milagro del sábado, su rito urbano, su fiesta de la tribu. Porque somos muchos más los que vamos al estadio a defender nuestra ilusión, a buscar un poco de felicidad dentro de este mundo que está malhecho, que no funciona, que nos lastima. Por eso, defendería desde mi tribuna el último espacio que me garantiza la alegría, la última pradera donde todavía puedo soñar.

Si yo fuera hincha nunca me olvidaría del pasado, recordaría siempre a los muertos del "Túnel 29", al "tuerto" del Jalisco, al "caído" de Veracruz, el desastre de Heysel, el "Infierno” de Bradford", la avalancha de Johannesburgo, el "asesinato" en Palermo, los 84 muertos del "Mateo Flores" de Guatemala, y a muchos más. Estudiaría la historia de mi juego. Relataría siempre estas tragedias para que nunca abandonaran nuestra memoria. Obligaría a los miembros más jóvenes de mi barra a conocerlas y a transmitirlas porque son parte de nuestra cultura como hinchas.   Si yo fuera tan fiel, tan apasionado, tan leal, tan comprometido, tan persistente, como lo grito y lo canto, jamás sería cómplice de la brutalidad. Nunca me dejaría guiar por un violento o por un irracional. Y si por alguna razón, mis intentos por defender la verdadera misión de mi barra fueran en vano, si mis fuerzas no alcanzaran, siempre tendría una opción, siempre habría una alternativa, posiblemente la última, pero al fin y al cabo digna, justa y cabal: la rebeldía.

Porque fue el futbol el que me enseñó lo que es la libertad, te digo a ti, hermano de barra, que no seremos nosotros los que infectemos el juego, tampoco los que arruinaremos la fiesta. Siempre podremos volver a empezar. Aunque seamos sólo tu y yo, la pelota y nuestro club, el estadio y nuestra historia, el sentimiento y nuestra tribu, la pasión y nuestros colores. Porque el fuego que nos une seguirá vivo y porque no necesitamos a nadie más para sentirnos orgullosos de nuestra identidad.

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