El gran espectáculo de las mentiras

Mentir en el campo. Engañar, disfrazar, burlar, inventar, al final de eso se tratan el futbol y la mayoría de los juegos, muchos de ellos metáforas de guerra, de engatusar a tu rival para así...

Mentir en el campo. Engañar, disfrazar, burlar, inventar, al final de eso se tratan el futbol y la mayoría de los juegos, muchos de ellos metáforas de guerra, de engatusar a tu rival para así marcarle un gol y de descifrar la trampa que te pone tu adversario. Hay mil maneras de llegar al objetivo, una docena de formaciones distintas para cimentar una defensa y desdoblar en ataque, hay especialistas en diseñar estrategias, la mayoría cobran más que los propios futbolistas, sin embargo, el principio elemental no cambia: si te engaño, individual o colectivamente, al final te venzo. 

Aunque las tácticas me emocionan muy poco, y disfruto casi nada cuando los entrenadores se sueltan a hablar de numeritos y conceptos sobrevalorados en torno a la "línea de cinco o de cuatro", confieso ser fanático de aquellos futbolistas (sin duda, excepciones a la regla), que destrozan en un segundo el dibujo táctico que un entrenador se pasó preparando toda la semana. Así ocurría con Zinedine Zidane, un giro de su tobillo equivalía al "efecto mariposa", apenas un aleteo podía causar destrucción máxima.          

Pero de vez cuando, si somos afortunados, podemos presenciar en uno de nuestros estadios, algún milagrito. Ahí está el "Chelito" Delgado, quien con todo y la rigidez del esquema en que está inmerso, nos regaló una prodigiosa media vuelta con la que remató la goleada de Cruz Azul sobre Tigres. Aquello fue un acto de hechicería, una maravillosa mentira, un giro embrujado con "caño" incluido, sólo faltó que hubiese salido humo blanco, "Puff!", para consagrar el encanto. La imagen se repite en mi cabeza: un instante antes, ahí está el "Chelito", enviando señales contrarias, de espaldas al arco, marcado por Briceño, un instante después, el delantero se ha puesto de frente, ha cambiado de velocidad, ha pasado la pelota entre las piernas del defensa, y está listo para descargar sobre un guardameta vulnerable. Gol. Engaño consumado y de nada sirvió la "línea de cinco, de cuatro, tres o de 10", no ante un artificio de tales dimensiones.

Y si cuando somos afortunados nos toca ver una de estos fenómenos en el estadio, cuando verdaderamente andamos de suerte, como ocurrió este fin de semana, del cielo nos caen dos portentos. Así sucedió en Pachuca el domingo, cuando Christian "Chaco" Giménez se hartó de verle la cara a los jugadores del Atlas. Él y Damián Álvarez. Una y otra vez, los argentinos aplicaron su colección de argucias, ora un recorte, ora una pared, después un túnel, luego un quiebro, un acelerón, un freno, un amague, un tiro en lugar de un pase. Gol. Gol. Gol. Tres "pepinos" diferentes del "Chaco", uno más de Damián, para tener de que hablar con los amigos el resto de la tarde. 

Mientras muchos directores técnicos ponen cara de serios, complican su discurso, y pretenden hacerlo incomprensible para justificar sus puestos, otros como Enrique Meza, desde la mesura, la sencillez y la discreción, le devuelven a los futbolistas la alegría de jugar. Pegan a los extremos naturales, a donde pertenecen, a la banda, como sucede con Damián, explotan sus piernas eléctricas, lo lanzan a la aventura; abren el campo todo a lo ancho, para que nosotros, los aficionados nos sintamos libres; explotan la locura atacante de Chitiva, le permiten correr por donde quiera, y así el petizo se inspira, burla, baila, miente, miente, miente y al final, él sonríe y nosotros también.

Algo tiene el Club Pachuca, además de un gran corazón, que saca lo mejor de la gente. Así le pasó a Richard Núñez cuando vistió de Tuzo. Lo mismo ocurrió con Nelson "Pipino" Cuevas antes de emigrar al América, y ahora con el "Chaco" Giménez. Sin olvidar, por supuesto, la recuperación de Enrique Meza, que hoy por hoy, nos ofrece la interpretación más fresca, plena y honesta de lo que significa este juego, el cual, como les dije al inicio, no se fundamenta en otra cosa, que en saber "mentir".

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