Mi querido enemigo

¿Por qué odias al América? ¿Por su soberbia? ¿Por su historia ganadora? ¿Por su poder económico? ¿Por su prepotencia? ¿Por Cuauhtémoc? ¿Por su extraña relación con los árbitros? ¿Por Televisa? ¿O...

¿Por qué odias al América? ¿Por su soberbia? ¿Por su historia ganadora? ¿Por su poder económico? ¿Por su prepotencia? ¿Por Cuauhtémoc? ¿Por su extraña relación con los árbitros? ¿Por Televisa? ¿O porque tu vecino es un insoportable aficionado Crema? ¿O por tu hermano mayor que te fastidia la vida con cada victoria? ¿Por tu suegro que te grita en la cara cada título? ¿Por tu jefe que no te deja en paz?

¿Te gustaría que el América descendiera? ¿Gozarías viéndolo un añito en el infierno? Si eso ocurriera ¿Lo extrañarías? ¿De quién te burlarías? ¿Contra quién jugarías el Clásico? ¿Algún otro club podría sustituirlo como tu archirival favorito? ¿Por qué NO odias a los Tecos o al Atlante? ¿Por qué te da exactamente lo mismo si están en Primera o desaparecen? Tendrás que aceptarlo, es una cuestión de amor u odio, pero el América ocupa un lugar importante en tu corazón.   Y cambio de sujeto y te hago las mismas preguntas en torno a Chivas, Cruz Azul, o Pumas. Y si eres de Monterrey, imagina este ejercicio de reflexión con Tigres o Rayados, o si eres de Guadalajara con el Atlas, o si eres del Real Madrid piensa en el Barcelona. La conclusión es la misma en todos los casos: este maravilloso juego vive de sus rivalidades, se nutre de sus enemistades, se excita con la animadversión natural que surge en el choque entre dos equipos antagónicos, dos existencias contrarias, dos maneras distintas de entender el mundo. Ese es el factor que convierte un partido cualquiera, en una cita extraordinaria, es el que transforma un encuentro de trámite en un evento sagrado. 

Por eso, lo primero que hizo Jorge Vergara cuando tomó el mandó del Guadalajara fue reavivar las enemistades deportivas de Chivas. Y sacó desplegados contra América y los Pumas, además que produjo comerciales de televisión donde viejos ídolos del Atlas hablaban de la importancia de los Clásicos contra la camiseta rojiblanca. Hoy y siempre la rivalidad lo es todo en este juego. Para ellos en el futbol profesional, y para nosotros en la escuela, en la calle, en la liga sabatina, o en el partidillo que jugamos en la esquina de la cuadra. Nunca falta un rival odiado, un equipo al que todos le queremos ganar, un personaje fanfarrón al que deseamos “pintarle la cara”. 

En Inglaterra, la isla que le dio vida al juego, entienden esta condición primigenia mejor que nadie. Recientemente un censo sobre fans del futbol inglés determinó que existen 44 enemistades deportivas diferentes entre los 92 clubes que componen las cuatro Divisiones profesionales. Casi el 50 por ciento de los hinchas consideraron la tradición histórica entre los clubes como el factor principal que le da soporte a los "Clásicos". Al mismo tiempo un 35 por ciento opinó que la cercanía geográfica entre los clubes en cuestión es también un elemento fundamental en el sustento de estas rivalidades. ¿Cuántas tenemos en México?

Y no te confundas. Se equivocan aquellos que piensan que son las rivalidades deportivas las que generan el estado de violencia que vive hoy el futbol mexicano. "Clásicos" hemos tenido desde hace medio siglo y las cosas no estaban así. Lo peor que podría suceder en la industria del futbol sería matar esas rivalidades. Sería como asesinar parte de los activos de un club. Por eso, todos los equipos deben fomentar al menos una rivalidad, ya sea regional, ideológica, histórica, y encauzar de forma correcta esa diferencia deportiva, porque al final, lo que la gente quiere es emocionarse, sufrir, disfrutar, llevar su corazón al limite, y no pasarse una tarde gris en el estadio ante un rival cualquiera.  

Te reitero la pregunta: ¿Por qué odias al América? ...

Yo lo tengo muy claro: porque crecí viéndolo ganar títulos, por su cultura del triunfo, por millonario, por los extranjeros fabulosos que traía a México, por las atajadas del "Negro" Chávez, la magia del "Negro" Santos, por las escapadas de Zague, por los goles de Hermosillo…Lo odio con toda mi alma, pero también reconozco que mi pasión por este juego no sería igual sin él.

Lo siento por aquellos que llevan toda una vida sin saber lo que es ganarle al rival odiado, al equipo insoportable, al vecino antipático, al primo insufrible. Créanme, se han perdido lo mejor de todo esto.

Gracias por todo, querido enemigo.

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