Ochoa y esa maldita camiseta

Desde que lo vi salir a la cancha con la vieja camiseta del América supe que el asunto venía mal parido para nosotros. La verdad es que el triángulo ése, con el escudo en el centro, y las franjas...

Desde que lo vi salir a la cancha con la vieja camiseta del América supe que el asunto venía mal parido para nosotros. La verdad es que el triángulo ése, con el escudo en el centro, y las franjas en las mangas, siempre me ha despertado malas vibraciones. Esa zamarra me conecta de inmediato con mi adolescencia y con aquellas tardes en que por más que rezaba (se los juro, REZABA) al final, el América casi siempre se salía con la suya. Así que Guillermo Ochoa, el nuevo icono fashion de las Águilas, no pudo elegir mejor atuendo para un Clásico, que ese diseño "retro" que tanto daño le hizo en su momento a las Chivas. Fue un golpe visual, subliminal, pero de poderoso impacto psicológico.

Y si no pregúntenle a Omar Bravo que anoche descargó lo mejor de su arsenal y aún así no pudo batir a un gigantesco Ochoa que se llevó la noche en el Azteca. Figuras como este chico de "look" fresco y reflejos electrizantes son las que pide a gritos el Americanismo actual. A falta de Cuauhtémoc, quien muy posiblemente, vio desde la tribuna su último Clásico como jugador activo, Ochoa, el nuevo icono "fashion" de las Águilas, tomó la estafeta histórica, asumió la responsabilidad y con su ejemplo contagió de mística y ambición a un grupo de futbolistas que se había hartado de fallar en los últimos años ante la camiseta rojiblanca. No era gratuito que el América acumulara casi ocho años sin vencer a Chivas en el Azteca.

Y la verdad es que a lo largo del partido, esa mentada camiseta, me descargó terribles recuerdos. Y entre más atacó Chivas, más se engrandeció Ochoa con su "triangulito" en el pecho. Y si la versión amarilla, la tradicional, se me atragantaba, la blanca que sacó el portero, me resultó siempre más insoportable. Conforme pasaron los minutos, la imagen provocó que me acordara de los amagues mortíferos del "Negro" Santos, las cabalgatas de Zague, los vuelos de Zelada, las atajadas de Chávez, el centro de trencita de Edú, y los goles del "Bíblico" Toninho. Mi viaje al pasado fue tan profundo, que en algún momento del partido, ya en el segundo tiempo, cuando Chivas atacaba desesperado, imaginé que en cualquier momento, América marcaría el segundo gol con un contragolpe relampagueante de Zague.

Afortunadamente, Zague, Santos, Chávez y compañía están retirados y se pasean hoy en día por los campos de golf del Valle de México. Sin embargo, debo reconocer, como Chiva que soy, que anoche en el Azteca, un chico de 21 años, tuvo la sensibilidad para apelar a la memoria, conectarse con el pasado, invocar a los viejos ídolos del Americanismo, y sacar el pecho ante un Guadalajara que trae en el escudo la última estrella de Campeón.

El futbol tiene misterios indescifrables. Creo que Ochoa lo entiende así, y por eso, al usar esa vieja camiseta, se enganchó al espíritu de Zelada para resguardar la meta americanista. A nosotros, toda la nación Chiva, sólo nos queda ejercitar la paciencia, la tolerancia, e iniciar una campaña, una cacería furtiva para quemar en una hoguera hasta la última camiseta americanista que quede en el mundo, y por supuesto, me refiero a esas con el triángulo, el escudo en el centro, y las franjas en las mangas, como la que orgullosamente porta Ochoa, porque las actuales, las amarillas planas, no me generan miedo alguno. Nos vemos en la Liguilla, como la Temporada pasada.

Opina de esta columna aquí.

Newsletter MT
Suscríbete a nuestro boletín de noticias deportivas.
No te pierdas