El Ángel de Pachuca

Nunca me he creído aquello de que los penaltis son como "echar un volado". Me parece una justificación mediocre inventada por los que han sido víctimas de este dramático sistema de desempate....

Nunca me he creído aquello de que los penaltis son como "echar un volado". Me parece una justificación mediocre inventada por los que han sido víctimas de este dramático sistema de desempate. Durante el tiempo que viví en Alemania nunca escuché decir a nadie semejante cosa. Será –tal vez- que por eso, los alemanes siempre ganan a la hora de decidir un encuentro desde los once metros, vencen a sus rivales porque están mejor preparados psicológicamente, porque entienden desde hace mucho que, al final, se trata de un escenario posible dentro de este juego, y sólo entrenando incansablemente podemos quitarle posibilidades a la suerte.     

Que el Pachuca haya vencido a Chivas en penaltis en la Final de la Copa de Campeones de CONCACAF tampoco es un capricho de la fortuna. Al contrario, lo del miércoles en el Estadio Hidalgo me pareció una victoria de la superioridad moral que el club Tuzo trabaja desde hace varios años. Y es que cuando se han agotado todos los medios para marcar una diferencia, cuando los contendientes se han medido en el plano físico, en la táctica, en los talentos individuales, sólo queda el aspecto mental ¿Quién tiene el cerebro es más fuerte? ¿Quién está mejor dotado para soportar la presión? ¿Quién está más motivado para responder por encima de sus capacidades? ¿Quién tiene más miedo al fracaso? ¿A quién le ilusiona más el éxito? ¿Cómo se forja esta mentalidad a prueba de balas? 

Por las experiencias que he tenido con la gente del Pachuca, les puedo asegurar que el club Tuzo trabaja impulsado por un liderazgo humano que toca todas las capas de la organización. La misión es clara, se sueña en conjunto, se trabaja por igual para alcanzar los objetivos, los éxitos se reparten, todos son ganadores. No hay tiempo para relajarse o conformarse. El equipo nunca se detiene. Camina permanentemente hacia el horizonte. Tal vez por eso, Luis Ángel Landín tuvo la serenidad necesaria para patear el penal de la victoria luego de que Alberto Medina estrelló su tiro al poste. Posiblemente por eso el disparo fue contundente, quiero pensar que llevaba toda la pasión que siente el Pachuca por trascender.

Que Landín haya sido el que firmó esta gran alegría Tuza resultó, además, un valioso simbolismo para la institución. Se trata del producto futbolístico más atractivo que ha brotado de la academia del Pachuca. Un joven talento con potencial de Selección Nacional, ambición por jugar en el extranjero, poseedor de un estilo de juego agresivo y espectacular, formado bajo las directrices de una organización ejemplar que busca la excelencia, curtido y arropado por un grupo experimentado que hace apenas unos meses, se metió a la cancha de Colo-Colo para ganar un partido que parecía imposible y conquistó la Copa Sudamericana.

Mienten los que dicen que los penaltis son “un volado”. En ese disparo de Landín iba aquel gol de oro de Glaría, aquel tiro de Silvani, aquel campeonato conseguido en “El Volcán”, la Copa de CONCACAF ganada ante Monarcas, y toda la fe de aquella noche mágica en Santiago de Chile. Porque cada victoria, cada título, cada objetivo alcanzado ha hecho que el Pachuca forje una poderosa autoestima que se transmitirá de generación en generación. Landín se ha educado bajo ese ambiente ganador ¿Quién mejor que él para sellar el viaje a Japón y echar a andar esta máquina de sueños en que se ha convertido el club Pachuca?

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