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Semana Santa en el infiernoLunes 9 de Abril del 2007
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Me encanta Abril porque con él se abre la caja de las chispas en el mundo del futbol. Sucede en todas partes, en México con el cierre de la Temporada regular y en España con el Barcelona, el Sevilla y el Madrid codeándose por el liderato; en Holanda con el PSV y el Ajax luchando por el campeonato; en Alemania con Pavel y Osorio persiguiendo al Schalke 04; y en la Liga de Campeones de Europa con tres series de Cuartos de Final totalmente indefinidas. Y es que estas cuatro semanas son el momento de la verdad. No hay lugar para medianías. Estos días exprimen lo mejor de los competidores y marcan tajantemente las clases. Esta época del año es la que separa a los futbolistas caros de los baratos, a los jugadores de club grande y a los de equipo chico, a los adultos y a los adolescentes. Lo mismo ocurre con los conjuntos, que ante el escenario de presión, ponen en claro sus verdaderos alcances y dejan de "blofear".
Así que ante la imposibilidad de asolearme en alguna playa, natural o artificial (como sucede ahora en el DF) y de asegurarme emociones fuertes, me inventé un mini tour de Semana Santa por Querétaro y Torreón, o mejor conocidos esta Temporada como "El desfiladero del diablo". De esta forma, el sábado me metí en esa caldera en la que está convertido el Estadio Corregidora, una cancha que huele a desafío, irreverencia y coraje. Mientras que el domingo viajé a La Comarca Lagunera, lugar que vive al borde de una crisis nerviosa, donde la gente se truena los dedos y se jala los cabellos con sólo imaginar el desastre que podría ocurrir si pierden la categoría.
Y es que mientras el resto de los clubes ajustan sus máquinas para dar el acelerón final, la lucha por la permanencia en la Primera División es más una batalla mental que muscular. Rara vez se queda en la Máxima Categoría el que tiene mejores futbolistas, por lo general, vence el que tiene más agallas. Se trata de un duelo psicológico, una competencia de largo aliento que devasta los nervios, provoca que los delanteros vean fantasmas y que a los porteros les suden las manos. Sólo aquél que es capaz de dominar sus miedos, pararse sobre el risco, asomarse al abismo, y soportar el vértigo, sobrevive.
Santos y Querétaro viven desde hace nueve meses bajo la terrible amenaza de jugar el próximo año en una División ingrata, sin brillo, con campos estrechos y recompensas menores, como lo es la "Segunda". Sin embargo, la emoción que afecta a cada uno es distinta y al final puede marcar la diferencia. Santos juega a no fallar, lo que supone una presión tremenda. Por el contrario Querétaro vive un poco más, cada vez que acierta. El primero huye de la muerte simbólica; el segundo persigue la vida. Uno vive tieso por el compromiso millonario que adquirió desde el principio, el otro coexiste como condenado y saca su fuerza de la desesperanza. Gallos Blancos tiene muy poco que perder, la mayoría de sus futbolistas viven horas extras en el Máximo Circuito, por eso, cada triunfo, por pequeño que parezca, es una inyección de adrenalina, provoca un estado alterado de conciencia que dispara su autoestima, acelera su ritmo cardiaco, y le inyecta un fulgor amenazante en las pupilas.
Mientras que los Guerreros de La Comarca encuentran en las victorias apenas un respiro, un descanso en medio de su paranoia, los puntos le resultan medicinales, lo desentumen. Cada ocasión de gol es para Santos un suplicio, una prueba de riesgo, una amenaza para la categoría de sus futbolistas. Fallar es como echar sal en la herida. Al tiempo que Querétaro se fortalece con cada oportunidad, sus jugadores jalan aire, inflan los pulmones, hinchan el pecho, y se contagian de fe ante el mínimo atisbo de salvación. Lo mismo ocurre con sus aficiones. En la Corregidora la gente defiende a su equipo como bestia acorralada a la que no le queda otra opción que luchar a muerte. Para La Comarca, la situación es contraria, la gente duda, pasa de la euforia al desánimo, se defiende por miedo a perder lo que tiene, y ese temor paraliza los músculos, confunde los sentidos, crispa los nervios.
De esta extraordinaria pasta está hecho el futbol, de gloria y de tragedia, de pasiones en sentido contrario que ponen a hervir los partidos, calientan las pantallas de televisión, y contagian a los desinteresados. Lo confieso, soy un morboso del futbol, me encantan las situaciones límite, y antes que a cualquier otro equipo, pago por ver cómo Santos y Querétaro se hacen pedazos las últimas tres jornadas. Me parece que alguien tenía por ahí la propuesta de eliminar el descenso, sería bueno que se diera una vuelta las próximas semanas por el "Desfiladero del Diablo". No hace falta pedir direcciones o consultar en mapa, sólo hay que mirar al cielo, y caminar hacia donde vuelan en círculos los zopilotes.
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Alberto Ruiz
Carlos 'Chicken' Muñoz
Alfredo Domínguez Muro