Rumiando la traición

Esta pradera verde es, tal vez, uno de los pocos espacios en los que seguimos creyendo. Y por eso tú y yo, a veces con ilusión infantil, nos aferramos a que todo siga siendo así aún cuando nos...

Esta pradera verde es, tal vez, uno de los pocos espacios en los que seguimos creyendo. Y por eso tú y yo, a veces con ilusión infantil, nos aferramos a que todo siga siendo así aún cuando nos digan que el resto del mundo va en sentido contrario. Por eso, muchas veces, en nuestro afán natural de acercarnos a la justicia, nos refugiamos en el deporte como la última tierra donde todavía están vigentes la nobleza, la lealtad y la verdad. El día que estos valores ya no existan, seguro que nos iremos a otra parte y buscaremos a nuestros héroes en las historias de ficción, en el cine o en los comics.  

Por eso yo creo en aquellos que, dentro de ese rectángulo de hierba, logran proezas y arañan milagros impulsados por el combustible de la pasión y nada más. Por eso creo en tipos como Pavel Pardo y Ricardo Osorio que se olvidan de cualquier complejo y reafirman su identidad ganadora en tierras lejanas, sin ningún truco y sin ninguna trampa.

Por eso creo en Carlos Salcido, que degolló todos los pretextos, se aventuró a un nuevo territorio, y al final también ganó, para que, sin él quererlo, provocara que nos diéramos cuenta de que soñando siempre por el lado de lo posible, nosotros podemos ganar también. 

Por eso creo en los triunfos que se consiguen con ardor, en la rivalidades auténticas que alimentan la historia, en las revanchas que construyen el mito, en las victorias con tintes épicos firmadas por los vuelos increíbles de un chico centrado, tranquilo, transparente, que el domingo en el Estadio Jalisco, vistiendo una camiseta que honra la historia de su equipo, se graduó como ídolo del americanismo. 

Y porque sé que al final, habemos quienes seguimos creyendo en todo esto, que es real, no podemos aceptar que la mentira, el artificio y la trampa, trastoquen uno de los pocos espacios creíbles que nos quedan. No podemos aceptar que alguien pretenda ir en contra del juego y encima tenga la desvergüenza de clamar su inocencia. No podemos aceptar que por la tentación de uno, se arrastre a tantos, y sufran muchos más.

Por eso, tú y yo, que queremos que esta pradera verde siga siendo un refugio para la justicia, nos quedamos rumiando esta traición, cuando deberíamos estar alegres contando las horas para una nueva Final. Yo sólo pido que este par de capítulos que tenemos por delante, vengan llenos de lealtad, de juego limpio, y sobre todo de verdad. El futbol mexicano necesita más Pardos, Osorios, Salcidos, Ochoas, no sólo en la cancha, también más arriba, donde en algunos casos, ya se les olvidó lo que mantiene vivo a este juego. Lo siento por ellos, que al olvidar esos valores, lo han perdido todo. Ojalá un día se den cuenta de su error.

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